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| Por Andrés Alsina |
Foto: C. Contrera |
Fue
escuchando un programa de Daniel Figares que le empezó a cambiar la vida, pero
Leo Pintos, hoy de 26 años, no lo supo entonces. Eso era en 1996. La
verborragia implacable y coherente del conductor de radio El Espectador sobre la
labor de un lugar llamado Instituto para el Tercer Mundo (ITeM) lo indujo a
llamar por teléfono a la radio, y la voz de la telefonista a hacerle una
pregunta absurda, inopinada, fuera de lugar. ¿Por un acaso no sabría ella de
algún programa informático para ciegos?. Ella, cuyo nombre y belleza interior
debería registrar la historia, sí sabía que un tal Alberto Brusa trabajaba en
un proyecto para discapacitados en el ITeM y que había venido de Brasil con un
programa por el estilo que no había instalado porque no conocía ningún ciego.
Leo debe haber pensado que ésa era la oportunidad para que Brusa conociera uno.
Esa era la parte buena de la historia. Como tampoco para un ciego la vida es fácil, el tal Brusa estaba de vacaciones, así que Leo esperó hasta febrero de 1996 con sed y paciencia de animal. Al final sonó la voz de Brusa por teléfono. “Si querés venir lo probamos”. El no sabía siquiera lo que era una computadora, y Brusa le instaló el programa en un laptop, le explicó someramente el funcionamiento y le dijo que se iba a una reunión por las siguientes dos horas.
El programa instalado simplemente lee lo que hay en pantalla a través de una voz sintetizada, y el sonido sustituye la visión. A diferencia de los programas preexistentes, este programa llamado DOS BOX se puede instalar en cualquier computadora sobre el sistema operativo DOS, y eso permite que sin visión se hagan literalmente todos los trabajos posibles con una computadora con la misma eficacia y al mismo ritmo que los hace una persona con visión total. El único aditamento que reclama la computadora es una tarjeta de sonido que, por otra parte, hoy viene como parte del equipamiento básico, y que separada cuesta unos US$ 30.
Las dos horas de la reunión de Brusa las pasó Leo Pintos descubriendo la computadora y el mundo a través de ella. A su regreso, Brusa le dijo que se llevara el laptop para la casa, un préstamo del ITeM, para seguir practicando, y debe haber sido lo único que hizo Leo los días siguientes. Desde que había quedado ciego en 1990, a los 17 años, el futuro no se presentaba precisamente promisorio. Dos años de rehabilitación le permitieron leer en Braille, escribir a máquina y andar por la calle; en 1992 retomó sus estudios liceales y terminó 4°. Iba a continuar estudiando pero apareció un trabajo en una FM de Pando, y un trabajo no es de despreciar cuando se es ciego. Ahora él, literalmente, veía una luz en el futuro.
El DOS BOX fue hecho por un brasileño, José Antonio Borges, y estaba por supuesto en portugués. En agosto de ese año, el impulso febril de Leo y el entusiasmo de ITeM trajeron a Borges a Uruguay por una semana. No fue un paseo. Lo hicieron trabajar 16 y 17 horas diarias, se tradujo al español el 80% del programa y se acordó su distribución gratuita. Para el año siguiente, el Ministerio de Educación y Cultura, a través del INJU, dio dos becas de formación y dos computadoras a un proyecto de formación por el que pasaron 20 personas. En 1998 se iniciaron cursos también en el interior, que en Paysandú alcanzaron un desarrollo notable, y Leo recuerda particularmente a una chiquita de cinco años que viajaba diariamente desde Salto para hacer el curso con gran entusiasmo. El es profesor, claro.
A partir del curso se le abrieron a los ciegos posibilidades laborales enormes, porque la computadora resultó un gran igualador: planillas de cálculos, telemarketing, créditos telefónicos, pero también estudios universitarios, al tener los textos disponibles para su estudio a través de su mero escaneo. El programa no es en sí complicado, y su copia gratuita se puede pedir al teléfono 915 6004. Se estima, por extrapolación estadística, que hay unos 3.000 ciegos en Uruguay. Un centenar ha hecho el curso y una cantidad imprecisa lo hizo por su cuenta. El requisito esencial de tener una computadora no está al alcance de todos, pero eso no es parte del problema de la falta de visión sino sólo de la falta de recursos.