LA CONFERENCIA DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE
MEDIO AMBIENTE Y DESARROLLO Y SUS CONSECUENCIAS PARA EL SUR
Tewolde Berhan G. Egziabher
Prácticamente todos los países del mundo se reunieron en
Río de Janeiro en junio de 1992 en ocasión de la última
sesión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio
Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), que puso fin a las
negociaciones conducentes a elaborar un programa de desarrollo
que garantizara el bienestar de la biosfera. El resultado fue
el Programa 21, un programa para el desarrollo sustentable.
Las negociaciones tuvieron lugar poco después del quiebre
de la polarización ideológica Este-Oeste, por lo cual se
esperaba que la comunidad mundial actuaría mancomunadamente
para salvar a la humanidad y la vida en general de una
inminente crisis ambiental y de la pobreza. Realmente había
motivos para tal optimismo, y es gratificante para los pobres
que en el capítulo 3 del Programa 21 el mundo entero
reconozca ahora la relación existente entre la eliminación
de la pobreza y la capacidad de utilizar el medio ambiente sin
ponerlo en peligro.
No obstante, el optimismo también se basaba en una visión
muy simplista de la heterogeneidad del mundo. En el fragor de
la negociación para asegurar la mayor ventaja posible para
sus respectivas sociedades, las delegaciones inevitablemente
buscaron alianzas. Surgió así una nueva polarización:
desarrollados vs. en desarrollo, es decir Norte vs. Sur.
Los delegados del Sur sintieron en carne propia su pobreza
en las salas y corredores de negociación. A menudo sus
delegaciones fueron demasiado pequeñas como para ser
efectivas y por su reducido número no podían abarcar las
numerosas reuniones, muchas veces simultáneas. Además, tal
vez las negociaciones más importantes transcurrían en los
corredores, fuera de las salas de reunión. Aquí, también,
su escaso número era una gran desventaja. Los delegados del
Norte concurrieron en su gran mayoría conformando numerosos
equipos multidisciplinarios. También estaban equipados con
vastas bases de datos, mientras que las delegaciones del Sur
sólo contaban con su conocimiento e intuición. A los ojos de
la Secretaría, éstas eran "peso liviano" y se les
podían aplicar estrictamente las normas de procedimiento y
burocracia. Pero los delegados del Norte controlaron la bolsa
de la Secretaría y la burocracia se hizo a un lado para
facilitarles las cosas.
En este escenario, las negociaciones eran entre los David y
los Goliat. Los David tenían a su favor el número. En temas
en los que se unieron bajo el paraguas del Grupo de los 77, el
Sur negoció con efectividad. Pero el Grupo de los 77 es una
organización laxa y, por lo tanto, en la mayoría de los
temas no se había definido una posición común entre sus
miembros y el Sur permaneció dividido y corriendo con gran
desventaja.
Sin embargo, en varios temas el Sur también encontró en
los países escandinavos aliados bien informados y sumamente
organizados que sin duda comprenden plenamente la necesidad de
tener un mundo lo suficientemente justo como para que sea
seguro incluso para los más débiles. Varias organizaciones
no gubernamentales de los países desarrollados también
prestaron valiosa ayuda proporcionando datos e
interpretaciones sobre las posiciones de negociación de los
países industrializados. Pero estas organizaciones fueron
tantas y tan variadas que a las débiles delegaciones del Sur
les resultó demasiado difícil y extenuante evaluar y
seleccionar cuáles eran los datos y análisis confiables.
2. Los documentos de la CNUMAD y los recientes tratados
ambientales
Los países del mundo han negociado y aceptado cuatro tipos
de documentos sobre medio ambiente y desarrollo:
2.1. La Declaración de Río, que se inició como un
intento de proyecto de una Carta de la Tierra. Como no se pudo
asegurar un acuerdo para definir una carta, la comunidad
mundial aceptó en su lugar declaraciones generales de
principios bajo la forma de la Declaración de Río de Janeiro
sobre Medio Ambiente y Desarrollo. No es lo suficientemente
específica sobre un tema como para que tenga importancia
práctica en la solución de diferencias de opinión, pero es
útil para dar forma a pensamientos y planes cuando existe
buena voluntad.
2.2. Los principios de los bosques, que son declaraciones
más específicas sobre el desarrollo y la conservación de
los bosques en el mundo. La intención inicial era negociar
una convención, pero pronto se hizo evidente que los temas en
cuestión eran demasiado complejos como para ser resueltos en
el corto plazo disponible. Por lo tanto, se decidió llegar a
un acuerdo sobre los grandes principios que entrarían en la
formulación de una futura Convención sobre todos los tipos
de bosques.
2.3. El Programa 21, que se refiere a todos los temas de
desarrollo sustentable y bienestar ambiental, sector por
sector. Se lo denomina, con gran optimismo, el programa de
acción para el siglo XXI.
Hay un capítulo para cada sector o tema multisectorial.
Cada capítulo comienza con una breve introducción que
destaca los problemas del sector, o la importancia del mismo.
A continuación hay una enumeración de los programas de
acción de ese sector que se espera traerán consigo el
desarrollo sustentable y el bienestar ambiental. Luego se
discute por separado cada sector programático y para cada uno
hay una declaración de "Bases para la acción" que
ofrece la argumentación de las acciones que deben realizarse.
A esto le sigue una declaración de objetivos. Las actividades
tendentes al logro de los objetivos se describen muy
brevemente bajo el subtítulo "Actividades", y
están agrupadas en "Actividades relacionadas con la
gestión", "Datos e información" y
"Cooperación y coordinación internacionales y
regionales". A la especificación de las actividades le
sigue una sección sobre "Medios de ejecución", que
consiste en "financiación y evaluación de los
costos", "medios científicos y tecnológicos",
"desarrollo de los recursos humanos" y "aumento
de la capacidad". El último punto incluye el desarrollo
de las instituciones y la participación pública.
El Programa 21 cubre 39 temas (ver Apéndice 1), organizado
en las cuatro amplias categorías de dimensiones sociales y
económicas, conservación y gestión de los recursos para el
desarrollo, fortalecimiento del papel de los principales
grupos sociales y medios para la puesta en práctica.
2.4. Los convenios, que tienen fuerza jurídica obligatoria
a escala internacional, han sido negociados en función de lo
siguiente:
2.4.1. El Convenio de Basilea, relativo al Control de los
Movimientos Transfronterizos de los Desechos Peligrosos y su
Eliminación, es un convenio relativamente débil ya que
permite el traslado de un país a otro de desechos peligrosos
(desechos industriales altamente tóxicos y radiactivos de
fábricas o centrales nucleares y fábricas de armamento
nuclear). La Convención de Bamako sobre la prohibición de la
importación a África, la fiscalización de los movimientos
transfronterizos y la gestión dentro de África de desechos
peligrosos, es un convenio más definido y, de ser plenamente
aplicado, podría proteger a África de la eliminación de
desechos peligrosos. Estos dos convenios fueron negociados
independientemente de la CNUMAD, pero obviamente están
relacionados con dichas negociaciones y han sido reconocidos
en el Capítulo 20 del Programa 21.
2.4.2. El Convenio de Viena para la protección de la capa
de ozono, del cual surge el Protocolo de Montreal -que trata
de las sustancias que agotan la capa de ozono-, y su Enmienda
de Londres de 1990, apuntan a discontinuar el uso de un grupo
de productos químicos orgánicos, los clorofluorocarbonos
-que han sido ampliamente utilizados como propulsores de
aerosoles y como enfriadores en los sistemas de
refrigeración- porque estos gases orgánicos destruyen el
ozono, una de las capas superiores de la atmósfera. La capa
de ozono protege la biosfera del exceso de rayos
ultravioletas, que son peligrosos para la salud (pueden
provocar cáncer, especialmente de piel) y reducen la
producción agrícola y en general la fotosíntesis y la
productividad. El Convenio de Viena y los instrumentos que
surgen de él fueron negociados antes de que comenzaran las
negociaciones de la CNUMAD, pero son reconocidos en el
Capítulo 9 del Programa 21.
2.4.3. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el
Cambio Climático fue negociada paralelamente al proceso de la
CNUMAD, y fue allí que se abrió para su firma por los
estados. Esta convención trata de limitar la liberación a la
atmósfera de gases que pueden elevar la temperatura de la
Tierra (gases de efecto invernadero) y por lo tanto pueden
cambiar el clima del planeta. Pero no establece límites de
emisión específicos ni fechas concretas para el compromiso
con dichos límites. Aparentemente, a los efectos prácticos
puede ser sencillamente ignorado por los países miembros. Por
lo tanto, se trata de un convenio débil.
2.4.4. El Convenio sobre la Diversidad Biológica también
fue negociado paralelamente al proceso de la CNUMAD, y abierto
asimismo para su firma en dicha instancia. Como se hablará
más al respecto de este Convenio en otras dos ponencias,
baste decir que si bien tiene más fuerza jurídica que la
convención sobre cambio climático, también presenta varios
problemas.
3. Temas de importancia para el Sur
Los temas planteados en la Declaración de Río han sido
abordados más específicamente en los otros documentos de la
CNUMAD ya mencionados. Por lo tanto, no es necesario que nos
refiramos a la Declaración de Río en detalle nuevamente. Los
principales temas de interés para el Sur están insertos a lo
largo de varios otros documentos, y por lo tanto discutiremos
los temas y haremos referencia a los documentos del contexto.
3.1. Temas de desarrollo y financiación
El Programa 21 es un documento importante para el Sur por
tres razones:
3.1.1. Como documento guía para el desarrollo
Las instituciones e individuos más informados estudiaron
para el Programa 21 el tema del desarrollo y los diversos
problemas del medio ambiente. Prácticamente todos los
problemas ocurren en el Sur (por ejemplo, deforestación,
desertificación y sequía, problemas de sustentabilidad del
creciente desarrollo, problemas de sustentabilidad de la
agricultura y el desarrollo rural, la erosión de la
diversidad biológica, la forma inadecuada de transferencia
tecnológica, la escasez y la contaminación del agua del mar
y del agua potable). Todos los organismos de desarrollo y
autoridades responsables dedicadas a los problemas de los
países del Sur deberían, pues, asegurar que se saque
provecho de este balanceado y compacto compendio de
información y de opiniones sobre el medio ambiente y el
desarrollo.
3.1.2. Como facilitador para la obtención de
financiamientos
Actualmente resulta muy poco probable que un proyecto que
no esté en armonía con las disposiciones de los documentos
de la CNUMAD pueda obtener financiamiento en el exterior, ya
sea a través de las fuentes de Naciones Unidas, de otras
fuentes internacionales o bilaterales, o incluso de
inversiones privadas. Por esta razón, todos los que ocupan
cargos de dirección y están a cargo del diseño de planes,
deberían familiarizarse con estos documentos, y especialmente
con el Programa 21. Quizás la disposición al respecto más
importante del Programa 21 es el requisito de que cada país
desarrolle un plan nacional de desarrollo sustentable.
3.1.3 Como instrumento para futuras negociaciones para el
desarrollo
El Programa 21 ha sido aceptado como un modelo a seguir
para el desarrollo del mundo. Pero la esperanza inicial de que
los fondos para ponerlo en práctica fueran proporcionados por
los países desarrollados no se ha materializado. Toda vez que
surge la oportunidad, sería útil que los países del Sur
coordinaran sus esfuerzos a través del Grupo de los 77 para
presionar a los países desarrollados a crear un fondo (o
fondos) para la aplicación del Programa 21, tal como había
sido la intención inicial.
3.2. La necesidad de un Convenio sobre desertificación y
sequía
A través del proceso de la CNUMAD los países africanos
impulsaron un convenio sobre el combate a la desertificación
y la sequía. Aunque el Programa 21 cubre también ambos temas
gracias a un proyecto muy bueno presentado por los países
africanos, se pensó en la conveniencia de un convenio porque
sus disposiciones tendrían fuerza jurídica, y quedaría
garantizado un fondo para su aplicación. Por estas razones el
mundo aceptó la necesidad de un convenio, y las negociaciones
comenzaron en 1993 y concluyeron finalmente en un convenio en
1995.
El Grupo de los 77 fue el foro de coordinación del Sur
para las negociaciones. La experiencia hasta ahora ha
demostrado que cuando los países del Sur negocian como grupo
pueden hacer oír su voz; de lo contrario, individualmente,
sus protestas son tan solo una música de fondo. Aun cuando el
impulso inicial provino de los países africanos, se temió
que si continuaba como una iniciativa meramente africana, el
Convenio esperado se debilitaría y se convertiría en un
asunto regional a pequeña escala que como afecta a la parte
menos influyente del mundo, poco preocupa. Afortunadamente no
fue ese el caso.
3.3. La necesidad de ratificar la Convención de Bamako
La Convención de Bamako protegería a África de los
desechos peligrosos ya que prohíbe su importación al
continente, por lo que los países africanos deberían
ratificarla. No así al Convenio de Basilea, que permite el
movimiento transfronterizo de desechos peligrosos. Si surge
alguna exigencia al respecto, pueden señalar que integran la
Convención de Bamako, que es más estricta. Las otras
regiones del Sur deberían concebir convenios de igual
rigurosidad. Lo ideal sería que todo el Sur tuviera un
convenio riguroso que rechace la eliminación de desechos
peligrosos.
3.4. Firma y ratificación del Convenio de Viena, el
Protocolo de Montreal y la Enmienda de Londres sobre la
protección de la capa de ozono.
Si un país acepta este conjunto de instrumentos legales,
tendrá prohibida la importación de clorofluorocarbonos (en
forma de propulsores y refrigerantes). Sin embargo, tendría
apoyo financiero para utilizar alternativas más caras que se
supone son inocuas. No obstante, no hay duda de que a la larga
le resultaría más barato continuar con los
clorofluorocarbonos, lo cual sería posible si éstos se
siguieran produciendo en países que no fueran parte de estos
instrumentos jurídicos. Pero hasta los países en desarrollo
más industrializados (por ejemplo, China, India, Brasil) son
ahora partes de este conjunto de instrumentos jurídicos
internacionales. Parece, entonces, que aunque otros países
del Sur no sean parte del convenio y su protocolo y enmiendas,
ya no podrán adquirir más clorofluorocarbonos por lo que
tiene sentido que los países del Sur firmen y ratifiquen
estos instrumentos jurídicos.
También debe señalarse que los países montañosos están
entre las regiones del mundo que tienen más probabilidades de
sufrir los efectos del agotamiento de la capa de ozono, y que
las regiones montañosas del Norte están poco pobladas, a
diferencia de las regiones montañosas del Sur donde la
densidad de la población es mayor, y por lo tanto también el
riesgo resultante del agotamiento de la capa de ozono. Por
eso, sería también moralmente correcto que los países del
Sur apoyaran la lucha contra el agotamiento de la capa de
ozono.
3.5. Los gases de efecto invernadero, el cambio climático
y la reforestación
La temperatura de la Tierra se mantiene en condiciones
tales que hacen posible la vida por las propiedades térmicas
de algunos de los componentes del aire. La energía de la
radiación del sol atraviesa la atmósfera y llega a la
superficie del planeta. Algunas de las secciones visibles e
infrarrojas de la luz son absorbidas y transformadas en calor,
que luego es radiado nuevamente al espacio. Los gases con
propiedades térmicas adecuadas absorben parte de este calor y
lo retienen en la atmósfera, calentando así el planeta. A
esto se le denomina efecto invernadero. Los científicos
consideran que sin esos gases la temperatura media de la
superficie de la Tierra sería de –18º C, en lugar de la
actual de +15º C (Comisión Enquete, 1992, pág. 32).
De estos gases, el vapor de agua es el más importante y
representa el 65 por ciento de la totalidad del efecto
invernadero. El vapor de agua se transforma muy pronto en agua
y su promedio de vida en la atmósfera es de sólo ocho días
(Comisión Enquete, 1992, pág. 33). Así, cualquier impacto
humano sobre su concentración en la atmósfera es
rápidamente corregido y las actividades humanas no son
importantes en el contexto de los cambios de las propiedades
térmicas de la atmósfera en su totalidad, si bien pueden
causar marcados cambios locales en materia de lluvias y
temperatura.
Otros gases presentes de manera natural y térmicamente
activos son el dióxido de carbono, el metano, el óxido
nitroso y el ozono, que componen el restante 45 por ciento del
efecto invernadero natural. El tiempo de vida de estos gases
en la atmósfera, salvo el ozono, es largo y una vez que su
concentración aumenta lleva mucho tiempo para que se reduzca.
El tiempo de vida del ozono es variable: de uno a dos días
en la superficie terrestre y de dos a tres meses en la
troposfera (atmósfera superior). Además de tener un efecto
invernadero, el ozono es tóxico para todos los seres
vivientes. El uso de clorofluorocarbonos, productos químicos
orgánicos que se utilizan como propulsores y refrigerantes y
que no están presentes de manera natural, ha reducido el
ozono de la estratosfera (la parte más externa o superior de
la atmósfera) a la mitad en las latitudes más elevadas. Por
consiguiente, la estratosfera se ha enfriado en 0.30º C. Por
otro lado, la contaminación aumentó el nivel más bajo del
ozono, que varía de 4-12 ppbv a 30-50 ppbv (partes por
billón por volumen) o incluso puede llegar hasta 100 ppbv en
las latitudes más elevadas de las zonas industrializadas. Si
bien la disminución del ozono en la estratosfera implica un
enfriamiento, el aumento de la capa inferior implica un
calentamiento, y aunque el efecto neto es enfriamiento debe
recordarse que la importancia del ozono radica en su función
de protección de la vida de los nocivos rayos ultravioletas,
por lo que es necesario detener su agotamiento (Comisión
Enquete, 1992, pág. 43-47).
La presencia de estos gases en la atmósfera ha variado en
la escala geológica del tiempo: reducida en las épocas
frías y elevada en las épocas de calor. Actualmente y como
consecuencia de la actividad humana, es elevada.
Desde principios de la década del 50, la actividad humana
también introdujo a la atmósfera gases nuevos y
térmicamente mucho más activos. Se trata de los
clorofluorocarbonos, utilizados como propulsores de aerosoles
y refrigerantes. Su impacto más grave es el agotamiento que
están causando del ozono troposférico.
Si comparamos los niveles de los gases de efecto
invernadero anteriores a la revolución industrial con los de
ahora, podemos estimar el cambio inducido por el ser humano.
El dióxido de carbono representa la mitad de este cambio, y
el resto de los gases representan la mitad restante.
El cuadro 1 ofrece detalles de las concentraciones en la
atmósfera y las contribuciones de esos diversos gases al
efecto invernadero. Obsérvese que en el cuadro las
concentraciones se dan en partes por millones de volumen
(ppmv) o partes por billones de volumen (ppbv). También hay
que señalar que los valores de ozono son promedios
aproximados.
Como el dióxido de carbono representa la mitad del
componente del efecto invernadero inducido por el ser humano,
el debate sobre la reducción del efecto invernadero y la
estabilización del clima se ha centrado en dicho elemento.
Normalmente, el dióxido de carbono se crea a través de la
respiración y la combustión de materia orgánica.
Aproximadamente la misma cantidad es retirada de la atmósfera
por fotosíntesis. Pero desde la revolución industrial y a
raíz de la combustión de combustibles fósiles (petróleo,
gas natural, carbón) ha entrado a la atmósfera más dióxido
de carbono del que puede ser eliminado por fotosíntesis y su
concentración en la atmósfera ha aumentado un 25% (ver
Cuadro 1).
Para los países industrializados, la única forma realista
de reducir el dióxido de carbono atmosférico es a través de
la reforestación masiva para atrapar el dióxido de carbono e
impidiendo la combustión de la madera así producida. Es en
los países tropicales que los árboles pueden crecer más
rápidamente y alcanzar un tamaño promedio importante,
atrapando así grandes cantidades de dióxido de carbono. Por
lo tanto, los países industrializados quieren que los países
tropicales reforesten, y dicen que están dispuestos a pagar
el costo. Pero también quieren que los países tropicales
dejen de cortar árboles.
Los países tropicales (todos países en desarrollo)
quieren que los países industrializados reduzcan su
producción per cápita de gases de efecto invernadero. La
cuota per cápita de los países en desarrollo en la
producción de los gases de efecto invernadero es pequeña,
como puede apreciarse para el dióxido de carbono en el Cuadro
2. Los países industrializados, especialmente Estados Unidos,
no quieren ni que se mencione el término producción per
cápita, como quedó claro en las negociaciones del 4º
Comité Preparatorio de la CNUMAD que tuvieron lugar en Nueva
York en 1992. En lugar de eso, culpan a los países tropicales
por las elevadas tasas de crecimiento demográfico que aducen
son las responsables de la deforestación, el aumento de los
gases de efecto invernadero y otros problemas ambientales. La
injusticia de esta afirmación se hace patente cuando se
observa el Cuadro 2 que demuestra, por ejemplo, que en 1992 la
contaminación producida por un norteamericano equivalía a la
de 22 africanos o 24 asiáticos.
Los países tropicales están de acuerdo con la
reforestación, pero insisten en que sus bosques son sus
recursos naturales y que pueden hacer con ellos lo que sus
necesidades de desarrollo les dicten.
Estas controversias hicieron imposible lograr un convenio
sobre bosques, dieron como resultado un acuerdo en torno a
Principios de los Bosques, casi provocaron una ruptura de las
negociaciones para el Convenio sobre el Cambio Climático, y
colorearon las negociaciones para el documento del Programa
21.
Los principales focos de atención son las zonas de bosques
tropicales del mundo (la Amazonia y América Central, el
sudeste de Asia, África central y occidental).
También cabe señalar que el Convenio sobre el Cambio
Climático no logró establecer metas en cuanto a fechas y
cantidades de reducción de la producción de gases de efecto
invernadero por las amenazas de Estados Unidos de retirarse
del mismo.
En las negociaciones preparatorias de la Cumbre de Río,
los países productores de petróleo, encabezados por Arabia
Saudita, siguieron insistiendo hasta el final en que no hay
problemas con los gases de efecto invernadero y que el mundo
debería seguir quemando combustible fósil sin temor alguno.
3.6. Biodiversidad y biotecnología
La mayoría de los países del Sur son centros de
diversidad biológica. Los países del Norte, en cambio,
tienen muy poco de este recurso. Sin embargo, debido a las
esperanzas puestas en los recientes avances en materia de
ingeniería genética, los países del Norte saben que el Sur
necesita esta biotecnología y el capital de inversión del
Norte. El Convenio sobre la Diversidad Biológica apunta a
apañar estas necesidades contrastantes. Las consecuencias
para el Sur son muchas. Esta declaración no está dirigida a
transmitir el mensaje de que las consecuencias de los otros
documentos son pocas. Son realmente muchas, pero mi
experiencia es en la rama de la biología y preferí analizar
en detalle sólo los temas que tienen que ver con la
diversidad biológica en los dos documentos separados que
acompañan a éste.
Referencia
1. Comisión Enquete. 1992. Climate Change – a threat to
global development. Economica Verlag: Bonn.