EVALUACIÓN DE LA DECLARACIÓN DE RÍO SOBRE
EL MEDIO AMBIENTE Y EL DESARROLLO
A. INTRODUCCIÓN
La evolución de la Cumbre de la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
(CNUMAD), desde su inicio como una conferencia principalmente
ambiental hasta convertirse en una conferencia sobre medio
ambiente y desarrollo dentro de un contexto Norte-Sur, se vio
reflejada quizás de forma más completa en las negociaciones
sobre la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo. Además de la Agenda 21, un programa de acción
hacia un desarrollo sostenible a nivel nacional y mundial, la
Cumbre aprobó esta declaración de principios sin
obligatoriedad legal que obtuvo el apoyo político
mayoritario.
A nivel internacional, la Declaración de Estocolmo
adoptada por los Estados en la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Medio Ambiente Humano de 1972 fue el primer
documento mundial que estableció principios para la gestión
de los recursos naturales y el medio ambiente.
Sin embargo la situación mundial ha empeorado desde
entonces. No solo se están agotando los recursos naturales y
la degradación ambiental sigue en aumento, sino que en muchas
partes del Sur la situación de pobreza es aún peor. La
crisis de la deuda externa de la mayoría de los países del
sur sigue sin solución, y en muchos casos se está
profundizando. Las políticas de ajuste estructural impuestas
por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se han
intensificado desde principios de los años ochenta,
produciendo nuevos trastornos económicos, sociales y
ambientales. Las corporaciones transnacionales han extendido
aún más su red sobre los recursos naturales, las economías
y las vidas del Sur. El control que unos pocos países
poderosos del Norte tienen sobre las instituciones Bretton
Woods y el comercio internacional sigue siendo enorme. Como
resultado ha aumentado la desigualdad entre el Norte y el Sur.
Mientras tanto, un número reducido de países del Este y
Sudeste de Asia están registrando altas tasas de crecimiento
económico y expandiendo sus economías más allá de las
fronteras nacionales. Esto se considera cada vez más como una
amenaza a países industrializados como los Estados Unidos de
América y algunos estados de la Comunidad Europea. En el
propio Norte, sigue aumentando el consumo de recursos
naturales, la mayoría de los cuales proviene del Sur y existe
un desempleo severo en muchos países. A medida que el Norte
comienza a reglamentar cada vez más las tecnologías e
industrias peligrosas, estas actividades se reubican
sistemáticamente en el Sur. También han emergido nuevas
tecnologías, especialmente en el campo de la ingeniería
genética, cuyos productos plantean peligros reales y
potenciales para el medio ambiente, la biodiversidad y la
salud humana. Esa era la situación mundial cuando la CNUMAD
se convirtió en el foro de negociación mundial sobre medio
ambiente y desarrollo.
A fines de los años ochenta, la presión y preocupación
públicas crecientes sobre la degradación ambiental
contribuyó a que la Asamblea General de las Naciones Unidas
creara un organismo independiente, la Comisión Mundial sobre
Medio Ambiente y Desarrollo, presidida por el Primer Ministro
noruego Brundtland. El resultado fue el Informe de la
Comisión Brundtland de 1987, que convocó a que el carácter
distintivo para la acción futura fuera "un desarrollo
sostenible". Aunque se reconoció en gran medida la
crisis ambiental mundial, y se puso énfasis en la necesidad
de la igualdad intergeneracional en el uso de los recursos, la
idea principal del informe fue esencialmente mayor crecimiento
económico convencional, con la tecnología como solución de
los problemas ambientales. A la vez que reconocía la
necesidad del crecimiento para la erradicación de la pobreza
en el Sur, el informe no llama a la redistribución del
ingreso entre el Norte y el Sur, ni demanda cambios en el
consumo y estilo de vida del Norte.
Posteriormente, la Asamblea General de las Naciones Unidas
aprobó la Resolución 44/228 el 22 de diciembre de 1989 para
convocar una conferencia de Jefes de Estado a celebrarse en
junio de 1992 en Río de Janeiro. Esta vez la comunidad
mundial –gobiernos y grupos de ciudadanos— reunió una
fuerza mucho mayor que en Estocolmo. Por cierto, fue el
esfuerzo de las ONG, especialmente las del Sur, lo que
contribuyó en forma significativa a transformar el orden del
día de la CNUMAD para centrarlo más claramente en el nexo
entre desarrollo y medio ambiente, y las dimensiones de la
relación Norte-Sur. La Red del Tercer Mundo tuvo la
oportunidad de trabajar con algunas delegaciones claves del
Sur durante este período.
Se acordó que el tema central de discusión de la CNUMAD
sería un conjunto de principios sobre derechos y obligaciones
generales. Los países del Norte como Canadá, Japón, Nueva
Zelandia y Rusia querían una "Carta de la Tierra"
corta e inspirada. Estados Unidos también quería un
documento corto. El énfasis fue que, como habitantes de un
mismo planeta, todos tenían la responsabilidad individual y
colectiva de proteger el medio ambiente. La delegación
canadiense en un punto dijo que el documento debía ser algo
que cualquier niño o niña del mundo pudiera comprender y
colocar en la cabecera de su cama.
El Grupo de los 77 y China querían una declaración que
vinculara el derecho al desarrollo con los temas ambientales,
a la vez que abordara los temas de la igualdad entre el Norte
y el Sur. Destacaron que las causas y responsabilidades para
la superación de la crisis ambiental debían ser
diferenciadas entre el Norte y el Sur. El vocero del Grupo de
los 77 también destacó que millones de niños del mundo en
desarrollo no tienen cama sobre la cual colocar una carta
poética, a menos que primero se erradique la pobreza. El Sur
quería que los temas del desarrollo recibieran un tratamiento
"equilibrado".
Fue en este grupo de negociación en el que más se
debatió el concepto de "desarrollo sostenible".
Mientras que los dilemas y objetivos aparentemente
conflictivos del desarrollo y el medio ambiente también se
hacían evidentes en las negociaciones de la Agenda 21, el
hecho de que la Declaración era un "paquete" de
principios interrelacionados hizo de ella el centro para
abordar estos dilemas en forma directa.
Finalmente se aprobó la Declaración de Río sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo, que contiene 27 principios
sobre los derechos y obligaciones generales de los estados,
luego de largos, difíciles y a menudo acalorados debates. En
el Apéndice 1 se presenta una copia de la Declaración.
Al mismo tiempo, también finalizaron para ser suscritas en
la Cumbre dos negociaciones paralelas sobre las convenciones
de cambio climático y diversidad biológica. Más importantes
pero mucho menos publicitadas, las negociaciones de la Ronda
Uruguay del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y
Comercio) también estaban entrando en una etapa crítica, con
acuerdos finales que amenazaban socavar o incluso negar el
resultado de la CNUMAD, con su promoción rigurosa de la
liberalización casi total de las economías del Sur.
Todas estas negociaciones estuvieron llenas de tensión y
conflictos, presiones y compromisos. Los productos surgidos de
la CNUMAD fueron el resultado de un proceso de consenso, pero
el proceso en sí fue desde el principio un recordatorio de
que vivimos en un mundo donde las relaciones internacionales
son profundamente desiguales y poco equitativas. La medida en
que los países del sur pudieron hacer valer sus posiciones en
forma efectiva, en que los países industrializados
demostraron voluntad de realizar cambios fundamentales en sus
propias sociedades, y el grado en que las preocupaciones
ambientales y sociales se vieron reflejadas en forma verdadera
en el resultado de las negociaciones entre los gobiernos
fueron temas centrales en el proceso de la CNUMAD.
Este documento describe el proceso de negociaciones a
partir del cual se elaboró la Declaración de Río,
destacando los avances claves a medida que los negociadores
batallaban durante semanas, a menudo hasta altas horas de la
madrugada en la cuarta y última reunión del Comité
Preparatorio (del 2 de marzo al 3 de abril de 1992). Esa fue
la sesión más intensa, dado que la presión por resolver las
diferencias fundamentales entre el Norte y el Sur alcanzó su
punto máximo. Por cierto, hubo muchos momentos en que los
negociadores y observadores de las ONG se preguntaron si en
algún momento sería posible alcanzar una declaración de
consenso en la Cumbre. También se incluye una sección que
brinda los antecedentes de la evolución de la CNUMAD desde la
Conferencia de Estocolmo de 1972.
B. EL PROCESO: DEL CONFLICTO AL CONSENSO
La Resolución 44/228 de la Asamblea General de diciembre
de 1989 fue el producto de la primera ronda de negociaciones
intensas en Nairobi que preparó el terreno para el proceso
preparatorio de la CNUMAD. Esta Resolución histórica, que
contó con la participación activa del Sur en su
elaboración, convocó a un vínculo integrado entre medio
ambiente y desarrollo, e identificó al consumo y los modelos
de producción no sostenibles, especialmente del Norte, como
la causa fundamental de la degradación ambiental. Esto
constituyó un cambio fundamental desde la conceptualización
inicial de la conferencia realizada por el Norte, que se
centraba esencialmente en los problemas ambientales sin
abordar en forma fundamental la dimensión del desarrollo del
Sur, ni el papel dominante del consumo del Norte en la crisis
ambiental. El concepto de culpabilidad histórica del Norte
que comenzó con el colonialismo y condujo a la actual
porción de consumo altamente desigual del Norte fue un golpe
fuerte en el marco de los principios de la Resolución 44/228.
Desafortunadamente, el rol del sector privado, en especial
de las corporaciones transnacionales (CT) en la destrucción
ambiental y social estuvo ausente en forma evidente del orden
del día oficial. El Norte estaba dedicado a lograr el
debilitamiento de los controles sobre las corporaciones
(especialmente a nivel mundial) mientras que el Sur se
esforzaba en obtener más inversión extranjera directa.
Se realizaron cuatro reuniones del Comité Preparatorio
presididas por el Embajador Tommy Koh de Singapur. Se asignó
al Grupo de Trabajo III del Comité Preparatorio la tarea de
preparar un acuerdo de consenso sobre Principios sobre
Derechos y Obligaciones Generales, posteriormente llamado la
Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.
Inicialmente las delegaciones actuaron en forma cautelosas, y
como destacaron varios observadores, fueron incluso reticentes
entre ellas. Con frecuencia las discusiones eran generales y
evasivas, manejándose conceptos y nociones claves surgidos
del Comité Preparatorio III. Durante casi la totalidad de las
dos primeras semanas del Comité Preparatorio IV, se llegó a
numerosos callejones sin salida sobre la forma de mejorar la
metodología de trabajo. Los observadores comentaron que esto
se debía a una falta de confianza entre el Sur y el Norte en
cuanto a la sustancia de los temas que cada lado quería
tratar. Las negociaciones importantes comenzaron recién hacia
el final de la tercera semana (el Comité Preparatorio IV
duró cinco semanas). Fue interesante observar finalmente el
diálogo franco Norte-Sur que se produjo entre los
negociadores claves de ambos lados a medida que las
discusiones comenzaron a incorporaron una mayor dimensión de
la realidad de las crisis del desarrollo y el medio ambiente
enfrentadas por el mundo, especialmente por el Sur.
Varios países presentaron varias formulaciones en el
Comité Preparatorio III, pero hasta ese momento el Grupo de
los 77 y China no habían llegado a una posición común, dado
el amplio rango de preocupaciones existentes entre ellos. Este
agrupamiento de países en desarrollo, que representa la gran
mayoría de los países del mundo, logró proponer un texto
acordado hacia la mitad del Comité Preparatorio. El texto del
Grupo de los 77 y China incluía propuestas seleccionadas del
Norte y ese documento entonces fue la base para las
negociaciones. Las respuestas del Norte, incluyendo
supresiones, modificaciones y sustituciones, fueron
incorporadas en un texto compilado el 21 de marzo de 1992. Una
copia de este texto figura en el Apéndice 2.
Pero el progreso hacia un consenso que pudiera expresarse
en la forma y contenido de un documento fue lento, incluso en
la tercera semana del Comité Preparatorio IV. Algunas
delegaciones comenzaron a dudar que se llegara a concretar una
declaración para la Cumbre, prevista para el mes de junio,
dos meses después del Comité Preparatorio IV.
Los países del Norte querían una Carta que fuera corta,
poética e inspirada. El Sur al inicio estaba preocupado por
la propuesta de una serie de principios, en gran medida debido
al temor de que esto implicara nuevas restricciones o
condicionantes sobre los países del Sur en nombre de la
protección ambiental. Esta preocupación sobre la iniciativa
de la CNUMAD fue aparente en los Comités Preparatorios I y
II, dado que los primeros borradores del documento base de la
Agenda 21 colocaban el medio ambiente en primer plano, pero
expresaban en forma confusa u omitían aspectos cruciales del
desarrollo. Los vínculos entre el medio ambiente y el
desarrollo, o los temas comunes a ambas áreas, fueron
expresados en forma débil algunos casos y en otros no
figuraron. Incluso al tratarse el orden del día del medio
ambiente, el énfasis puesto en los bosques tropicales y el
consumo de energía futuro de países como China y la India,
aumentaron el temor de los representantes del Sur de que la
CNUMAD terminara reduciendo el crecimiento económico en el
Sur. Por cierto, el tono de las discusiones en las primeras
reuniones del Comité Preparatorio fue en gran medida el del
Norte juzgando el desempeño ambiental del Sur. Las ONG y
varias delegaciones del Sur criticaron abiertamente al Norte
por destacar en forma selectiva los problemas ambientales del
Sur como "mundiales". Muchos grupos de ciudadanos
del Norte estaban preocupados porque las crisis ambientales y
económicas del mundo industrializado (los desechos tóxicos,
la desaparición de bosques antiguos, el desempleo, etc.) no
estaban incluidos en el orden del día y ni en los debates del
desarrollo sostenible. Las ONG continuaron haciendo énfasis
en la omisión absoluta del rol de las corporaciones
transnacionales y las instituciones Bretton Woods. en la
destrucción ambiental y social del Sur.
En el Comité Preparatorio IV, las diferencias entre la
percepción y prioridades del Norte y el Sur se volvieron un
abismo en la mayoría de los principios propuestos por ambas
partes. Esto se reflejó en versión tras versión de los
prolongados intentos de alcanzar un consenso. Como destacó un
delegado del Sur, la negociación de la Declaración de Río
"es realmente el centro de la batalla política de todo
este proceso (CNUMAD). La declaración, aunque se aceptó en
forma unánime como un documento sin obligatoriedad legal, se
consideró como una de las áreas de trabajo más importantes
..."
El primer callejón sin salida se resolvió cuando las
delegaciones finalmente acordaron comenzar las negociaciones
sobre el texto compilado basado en las propuestas del Grupo de
los 77 y China. Se formó un grupo "informal
informal" abierto para facilitar las negociaciones. Este
grupo central, también llamado grupo de contacto, reflejaba
un equilibrio entre las delegaciones del Norte y del Sur. Los
dos co-Presidentes eran de la India y de Noruega. Se esperaba
que un texto simplificado estuviera listo para la sesión
plenaria del Comité Preparatorio IV a mediados de la semana
siguiente.
Para entonces el Comité Preparatorio ya estaba en su
tercera semana. El grupo de contacto trabajó exhaustivamente
los siguientes diez días y se hicieron progresos sobre siete
principios: el derecho al desarrollo (con énfasis en la
igualdad entre el Norte y el Sur); el principio "el que
contamina paga", la evaluación del impacto ambiental;
los derechos de los pueblos indígenas; la responsabilidad y
compensación por daño ambiental; la participación pública
en la gestión ambiental; el enfoque preventivo de la
protección ambiental, y el establecimiento de normas
ambientales.
Los principios sobre el derecho al desarrollo, la
obligación del Norte industrializado de asumir su parte
proporcional de la responsabilidad por la crisis ambiental y
de resolver sus modelos de consumo no sostenibles, y también
el control de la población fueron temas de profundo conflicto
entre el Norte y el Sur.
El 1° de abril, el Presidente del Comité Preparatorio, el
Embajador Tommy Koh, asumió las negociaciones. El grupo de
contacto se disolvió, y en aquellas áreas en las que
todavía quedaban puntos sin resolver, se autorizó a ambos
co-presidentes para que formularan un texto simplificado.
Disparidad en la fuerza de negociación
Las delegaciones del Sur eran inevitablemente más
reducidas y poseían menos apoyo técnico y expertos en
recursos. Debían cubrir un gran número de reuniones
reducidas y grupos de negociación informales, que con
frecuencia se realizaban en forma simultánea, y en las que se
tomaban decisiones cruciales. Esto fue evidente especialmente
en el Comité Preparatorio IV, dado que en muchos de esos
grupos reducidos los países claves del Sur ni siquiera
estuvieron presentes.
No obstante había varios negociadores destacados en el
grupo del Sur. El Grupo de los 77 estuvo presidido por Malasia
en 1989/90 y condujo las negociaciones cruciales que dieron
como resultado la Resolución 44/228 de la Asamblea General,
base de la CNUMAD. Pakistán fue Presidente durante el Comité
Preparatorio IV y Tariq Hyder, vocero de las negociaciones de
la Declaración de Río era un negociador extremadamente
experimentado y eficaz. Brasil, la India, Irán, México,
Malasia, Mozambique y Tanzania estaban entre los componentes
del grupo central activo del Grupo de los 77 y China que
trabajó en forma eficaz para dar al grupo del Sur una
posición unida y coherente.
Varios funcionarios de las Naciones Unidas y diplomáticos
del Sur que presenciaron el proceso de las relaciones
mundiales desde principio de los años 70, estuvieron de
acuerdo en que ésta era la primera vez en muchos años que el
Grupo de los 77 y China mostraban tal solidaridad. Recordaron
el espíritu del Sur a mediados de los años 70 y principios
de los 80 cuando en los pasillos de las Naciones Unidas
resonaban los debates sobre el Nuevo Orden Económico
Internacional (NOEI) y el Derecho al Desarrollo.
En las discusiones iniciales entre los representantes de la
Red del Tercer Mundo y algunos delegados del Sur, fue notorio
que muchos de ellos estaban casi molestos al hablar sobre el
NOEI. Otros sintieron que sería inútil esperar por el NOEI,
dado que los años 80 habían hundido a los países menos
desarrollados en una deuda y pobreza mayores y en muchas
áreas las desigualdades entre el Norte y el Sur se habían
acelerado.
Mientras tanto, el fin de la Guerra Fría planteó la
esperanza de que hubiera un Dividendo de la Paz derivado de la
reducción de los gastos militares del Norte, que podría
destinarse a financiar al Sur para cumplir sus obligaciones
mundiales en el proceso de cambio a un desarrollo sostenible,
de acuerdo con la Agenda 21. Sin embargo, la asistencia para
el desarrollo comenzó a decaer a partir de la Cumbre de Río,
y con cada vez más problemas económicos internos en los
países de la OCDE, esta tendencia no se ha detenido.
De todas maneras, las negociaciones de la Declaración de
Río crearon una oportunidad invalorable para plantear los
temas fundamentales que alimentaron el debate del NOEI. Los
delegados no podían negar que el desarrollo sostenible, en el
sentido verdadero de la palabra, requería de una
reestructuración de las relaciones Norte-Sur (por ejemplo, en
el comercio, especialmente la financiación de la deuda
externa del sur, y las inversiones extranjeras directas), y
que los cambios en las políticas nacionales no eran
suficientes. Más allá de eso, los imperativos ecológicos y
sociales no podían ser ignorados o dejados de lado mientras
se producía el crecimiento económico. Y lo que es igualmente
importante, la toma de decisiones a escala mundial ya no está
libre del examen de la opinión pública. La participación
sin precedentes de ciudadanos en el proceso de la CNUMAD y la
distensión de las normas de procedimiento para esta
conferencia de la ONU han convertido este momento en crucial
para las Naciones Unidas – los gobiernos reconocieron las
contribuciones de las ONG, mientras que los ciudadanos
pudieron presenciar las posiciones e intereses de sus
respectivos gobiernos.
En gran medida, la presencia y participación de las ONG,
especialmente las del Sur, inclinaron la balanza de la
relación desigual entre el Norte y el Sur. Las ONG pudieron
articular las desigualdades estructurales de las relaciones
económicas internacionales y dar a esta dimensión la misma
importancia que a las preocupaciones ecológicas y sociales.
En las negociaciones de la Declaración de Río, el Norte,
que comenzó con un orden del día fuertemente ambiental (que
en forma tergiversada establecía que los problemas mundiales
seleccionados eran predominantemente problemas del Sur) se vio
enfrentado con el Sur, cuya preocupación era el desarrollo
(especialmente de los países pobres) y temía que el tema del
medio ambiente diera como resultado un nuevo condicionamiento
de las relaciones internacionales.
En una entrevista concedida a la Red del Tercer Mundo, el
vocero del Grupo de los 77, Tariq Hyder, dijo que era
necesario ver la declaración como un paquete: "Cuando
miramos el documento, no se trata de si una línea o una
palabra no coincide con nuestros (respectivos) intereses
nacionales. Deberíamos preguntarnos: ¿Estamos mejor con la
declaración o sin ella? Esa es en última instancia la forma
de considerar la declaración".
El resultado fueron 27 principios que, de acuerdo con el
Presidente del Comité Preparatorio, el Embajador Tommy Koh,
"forman paquete de delicado equilibrio, y todo intento de
modificar una parte de la declaración puede desacomodar todo
el paquete". Esta declaración fue realizada en las
primeras horas del último día, cuando el deseo de casi todo
el mundo era llegar a Río con un texto acordado.
Durante el plenario final, Estados Unidos hizo constar sus
reservas con relación a los principios sobre el derecho al
desarrollo y sobre las responsabilidades comunes pero
diferenciadas por la degradación ambiental y las acciones
correctivas. Israel protestó con vehemencia contra la
inclusión de la responsabilidad por la degradación ambiental
en territorios ocupados. Sin embargo, ante el apoyo de los
demás países, ningún país bloqueó el borrador final.
El consenso final fue un paquete que todos los Estados
podían "tolerar", y a pesar de que contiene muchos
puntos débiles, la Declaración fue un avance efectivo en el
debate mundial sobre el desarrollo sustentable.
C. Algunos conceptos claves – de Estocolmo a Río
La Declaración de Estocolmo de 1972 por primera vez
vinculó medio ambiente y desarrollo, y puso el tema en el
orden del día mundial. En gran medida, brindó las bases y el
impulso para la creación de leyes ambientales nacionales en
el Sur. Muchos países promulgaron su legislación ambiental y
establecieron organismos o ministerios de medio ambiente como
pasos para instrumentar sus compromisos expresados en la
Declaración. El Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) fue uno de los resultados internacionales.
La Declaración de 1972, entre otras cosas, reconocía el
derecho soberano de los Estados de controlar sus propios
recursos, prohibía el traslado transfronterizo de actividades
ambientalmente inadecuadas y convocaba a la formulación de
leyes internacionales sobre responsabilidad y compensación
para las víctimas de la contaminación. En 1974, la UNCTAD y
el PNUD auspiciaron una reunión en Coccoyex, México que
continuó explorando el nexo entre el desarrollo y el medio
ambiente; se emitió otra declaración. Sin embargo, los
vínculos con el desarrollo no eran aceptados por los
principales países industrializados del Norte, especialmente
los Estados Unidos, que en ese momento presionaron al
secretariado del PNUD para suavizar el tema del desarrollo
(Raghavan: 1992).
Las partes que participaron en la reunión de Coccoyex
iniciaron entonces el proyecto no gubernamental Dag
Hammarskjold que reunió a un gran número de importantes
economistas del desarrollo del Norte y el Sur, auspiciados por
algunos gobiernos del Norte de aquel momento. El resultado fue
el informe de 1975 titulado "¿Y ahora qué?: Otro
Desarrollo" argumentando que el desarrollo incorrecto del
Norte y el subdesarrollo del Sur eran esencialmente imágenes
de espejo. En su lugar resultaba necesario promover un modelo
alternativo de desarrollo ecológicamente adecuado.
Sin embargo, los años del NOEI presenciaron la búsqueda
del Sur de una reestructura económica internacional,
prestando poca atención a la visión holística sobre medio
ambiente y desarrollo. Al mismo tiempo, el Norte redujo el
tema del medio ambiente a la "limpieza" de la
contaminación (Raghavan: 1992).
La pérdida acelerada de bosques tropicales, el agotamiento
del ozono y el calentamiento de la atmósfera del planeta
captaron la atención pública y la atención de los gobiernos
del Norte en los años 80. La formación de una Comisión
Mundial para Medio Ambiente y Desarrollo reavivó las
controversias entre el Norte y el Sur sobre medio ambiente y
desarrollo. Se intentaba reconciliar ambas ideas a través del
concepto "medio ambiente y desarrollo sostenible" en
el Informe Brundtland de 1987. Su definición de
"desarrollo sostenible" como el cumplimiento de las
necesidades de la generación actual sin poner en riesgo las
necesidades de las generaciones futuras ha sido citado muchas
veces desde entonces. Pero en el informe no se trataba la
reestructura de las relaciones económicas entre el Norte y el
Sur, ni la necesidad de cambios fundamentales en los modelos
de consumo y estilos de vida del Norte. En lugar de reconocer
los límites de la tecnología, el informe definía la
tecnología como la solución a muchos problemas ambientales.
Por otra parte, Maurice Strong, el Secretario General de la
CNUMAD afirmó varias veces públicamente que el triunfo de
Río se basó en un cambio radical en el pensamiento
económico y actitudes públicas que llevan a un cambio en los
estilos de vida y modelos de consumo.
De esta forma la CNUMAD desafió a la comunidad
internacional, especialmente al Norte, a revisar las
políticas económicas locales e internacionales a la luz de
la crisis ambiental cada vez mayor que enfrenta la humanidad,
mientras siguen creciendo las desigualdades entre el Norte y
el Sur.
En consecuencia, la Declaración de Río intentó
"basarse" en la Declaración de Estocolmo, un
enfoque presentado por los países del Sur. El Grupo de los 77
y China argumentaron que los aspectos del desarrollo eran un
movimiento progresista para avanzar desde Estocolmo. El Norte
estaba preocupado porque algunos de los principios ambientales
que habían apoyado con firmeza en Estocolmo quedarían
diluidos en el proceso.
Especial controversia produjo el derecho al desarrollo, que
incluye el impacto de las condiciones económicas desiguales
actuales a escala mundial en las situaciones nacionales del
Sur, y la convocatoria del Grupo de los 77 y China a reconocer
que los países industrializados debían asumir la mayor parte
de la responsabilidad de proteger el medio ambiente mundial,
dado que eran los principales causantes de la crisis
ambiental. Los Estados Unidos, Japón y otros pocos países
industrializados inicialmente se negaron a aceptar el
principio de "responsabilidad común pero
diferenciada" impulsado con firmeza por el Sur.
La visión del Sur prevaleció en los temas del derecho al
desarrollo y la responsabilidad diferenciada, que quedaron
expresados en los Principios 3, 5 y 7. Un borrador mucho más
débil y diluido del tema del consumo se puede encontrar en el
Principio 8, donde el Sur también debió ceder incluyendo en
el mismo principio el tema de la población.
Subyacente en la Declaración, la Agenda 21 y la CNUMAD
como conjunto, estaba el concepto de "desarrollo
sostenible". Utilizado en forma amplia y libre, existe
poco o ningún acuerdo sobre su significado. Los gobiernos del
Norte esencialmente entendían que el término significaba
continuar con el crecimiento económico y el status quo en sus
propias sociedades, y a la vez aceptar un crecimiento más
lento en el Sur. Unos pocos de ellos aceptaron más asistencia
para el desarrollo del Sur. Todos apostaban a la tecnología
para una utilización más eficaz de los recursos naturales y
la protección ambiental. El Sur consideró principalmente el
desarrollo sostenible como un alto crecimiento económico
sostenible, con mayor atención hacia el medio ambiente. En
particular, los flujos económicos crecientes y la
transferencia de tecnología desde el Norte, así como un
aumento del acceso al mercado del Norte para los exportadores
del Sur fueron cruciales para el desarrollo sostenible. Para
los países más pobres, especialmente los menos
desarrollados, la urgencia de la supervivencia básica
eclipsó otras prioridades. La protección ambiental para
estos países requirió de una ayuda externa todavía mayor y
cambios estructurales en las relaciones internacionales.
Para la mayoría de las ONG, especialmente las del Sur,
entre los puntos esenciales se incluían:
Enfoques holísticos de desarrollo que abarquen
dimensiones económicas, ecológicas, sociales, culturales y
éticas;
diferenciación en la determinación de las causas y
soluciones de las crisis de ambientales y de desarrollo;
igualdad a nivel nacional para satisfacer las necesidades
de los pobres y los menos privilegiados; igualdad
intergeneracional e igualdad entre las naciones;
reestructura de las instituciones y relaciones
económicas internacionales (Naciones Unidas, Bretton Woods,
GATT/OMC);
eliminación de modelos de consumo y estilos de vida
derrochadores e innecesarios;
promoción y difusión de tecnologías adecuadas, que
reconozcan la riqueza de las tecnologías tradicionales del
Sur;
contención y reducción de la libertad del mercado
monopolista y las corporaciones transnacionales (Khor:
1992).
Los esfuerzos (y falta de acción) para instrumentar la
Agenda 21 y la Declaración de Río, y las discusiones en las
sesiones anuales de la Comisión sobre Desarrollo Sostenible a
partir de Río, revelaron un espectro continuo de puntos de
vista diferentes, e incluso divergentes. Esto no resulta
sorprendente si se considera que todo cambio auténtico hacia
el desarrollo sostenible demanda cambios fundamentales y la
reducción de los privilegios y poder de las elites políticas
y económicas existentes.
D. Las CT: De la regulación a la "sociedad en el
desarrollo sostenible"
Quizás el resultado más regresivo de la CNUMAD fue la
imposibilidad de aplicar las normas internacionales para
regular el poder y actividades de las corporaciones
transnacionales (CT).
Según las estimaciones de las Naciones Unidas para 1991,
las actividades de las CT abarcaban el 25% de los activos
productivos del mundo, 70% de los productos comercializados
mundialmente, 80% de las tierras de cultivo para exportación
y la parte principal de las innovaciones tecnológicas del
mundo industrial. Los activos combinados de las 300
corporaciones principales con sede en los países de la OCDE
constituyen más del 25% de los activos productivos del mundo.
Las 500 corporaciones más importantes controlan alrededor
del 70% del comercio mundial, el 80% de la inversión
extranjera y el 30% del PIB mundial (aproximadamente 300 mil
millones de dólares por año). Estas 500 empresas actualmente
generan más de la mitad de las emisiones de invernadero que
se producen en el mundo. Solamente la empresa Dupont controla
más del 25% de la producción mundial de clorofluorocarbono
(CFC).
Los 20 mayores fabricantes de plaguicidas controlan el 94%
de las ventas mundiales de productos agroquímicos, unas pocas
empresas químicas controlan la fabricación de casi todos los
materiales tóxicos mientras que seis empresas controlan el
54% de la fundición mundial de aluminio. Solamente la empresa
Cargill realiza el 60% del comercio mundial de cereales, unas
pocas empresas determinan cuánto petróleo y gasolina se
destina al transporte, y media docena de empresas
comercializan casi la totalidad de los productos primarios.
El ex Centro de las Naciones Unidas sobre Corporaciones
Transnacionales informó que las CT "controlan las
acciones económicas y sociales de muchos países, determinan
los gustos de los consumidores y los modelos de consumo".
Además, las CT también son notorias por transferir
tecnologías peligrosas u obsoletas al Sur. De esta forma, por
ser las usuarias mayores de materias primas, las productoras
primarias de productos nocivos para el medio ambiente y la
salud humana, y proveedoras de tecnologías inadecuadas y
peligrosas, las CT son responsables en forma primaria por la
destrucción ambiental en el mundo actual. Pero sus
responsabilidades ambientales y de salud están lejos de ser
proporcionales a su alcance y ganancias económicas mundiales.
Los movimientos de consumidores, de la salud y ambientales,
y las comunidades locales víctimas han estado luchando en
muchos países contra las prácticas ilegales y antiéticas de
las empresas que dañan el medio ambiente y la salud humana.
La investigación, los medios de comunicación alternativos,
el intercambio de información entre las ONG en los distintos
países, los boicots de consumidores, los litigios ante los
tribunales, el lobby para obtener mejores leyes y políticas
de regulación de las empresas a escala nacional –éstas y
muchas más- han sido las actividades de las ONG. Pero no ha
existido control real sobre las transnacionales y a partir de
los años 80 de hecho se ha producido un proceso de retroceso.
Las leyes de muchos marcos jurídicos nacionales se han
debilitado.
Durante el proceso de la CNUMAD se pudo presenciar el
desmantelamiento efectivo del único mecanismo
intergubernamental que controlaba a las corporaciones
transnacionales y sus dobles normas en términos de productos,
tecnologías y comportamiento general: El Centro de las
Naciones Unidas sobre Corporaciones Transnacionales (UNCTC).
Esta medida también significó la desaparición de casi 15
años de trabajo sobre el Código de Conducta para las
Corporaciones Transnacionales. Este Código intentó
establecer los derechos y deberes de las CT y el derecho de
los Estados a regular sus actividades. Según el Código, los
países en desarrollo tenían el derecho a regular la entrada,
establecimiento y funcionamiento de las CT, que tenían la
obligación de respetar la soberanía nacional y los derechos
ambientales y de la salud pública. En muchos aspectos, el
propio Código era débil, dada la fuerte resistencia del
Norte industrializado, pero ni siquiera eso resultaba
aceptable para la industria.
Bajo la presión de Estados Unidos, Japón y otros
gobiernos del Norte, el código fue archivado, y el propio
UNCTC fue disuelto como parte de un ejercicio de reestructura
de la ONU en febrero de 1992, justo antes del Comité
Preparatorio IV. Esta sola acción del Norte dice mucho sobre
el poder de las CT para moldear y determinar las posiciones de
los gobiernos del Norte en las negociaciones internacionales.
Esto vuelve a los gobiernos del Sur aún más indefensos en
cualquier intento de regular la actividad de las CT en sus
respectivos países.
No fue coincidencia que en el mismo momento en que
desaparecen el UNCTC y el Código de Conducta, las CT estaban
literalmente escribiendo nuevos acuerdos para las
negociaciones de la Ronda Uruguay del GATT, que les daría
derecho a tratamiento nacional en países anfitriones, una
expansión sin obstáculos en el sector de servicios, y la
eliminación de la protección de los derechos de propiedad
intelectual en cada país. El resultado fue la eliminación de
los derechos de los Estados con relación a las CT.
Hubo una ausencia notoria de todo tipo de referencia al
control y regulación de las CT en los borradores de la
Declaración de Río, aunque el UNCTC (a petición de ECOSOC)
había preparado cuidadosamente versiones borrador de
principios en seis áreas:
Responsabilidades generales de las CT por el desarrollo
sostenible;
la gestión del desarrollo sostenible por parte de las
CT;
cumplimiento de las políticas ambientales, documentos y
pautas por parte de las CT;
prevención de daños ambientales por parte de las CT;
transferencia de tecnologías ambientalmente adecuadas
por medio de las CT;
rendición de cuentas e información sobre desarrollo
sostenible.
En forma similar, se preparó también un conjunto amplio
de recomendaciones para la Agenda 21. Nuevamente el
Secretariado de la CNUMAD no las incluyó en los borradores de
la Agenda 21. Ninguna de las propuestas del UNCTC fue
distribuida para su consideración entre los delegados que
asistieron al Comité Preparatorio IV (Khor: 1992). La
Declaración de Río no expresa opinión, en tanto que la
Agenda 21 contiene un capítulo titulado "Fortalecimiento
del rol de la empresa y la industria".
La acción deliberada del Secretariado de la CNUMAD de
presentar a las empresas comerciales como deseosas y capaces
de autorregularse fue evidente, y produjo fuertes críticas
por parte de las ONG durante el Comité Preparatorio IV. A
comienzos del proceso preparatorio, se promovió la idea de un
"sector independiente", como opuesto al sector
gubernamental. Las ONG, en particular, rechazaron esta
categorización que pondría al sector empresarial y a los
intereses públicos y organizaciones de ciudadanos en un mismo
grupo. La idea de que las corporaciones debían proyectarse
como "independientes" también originó fuertes
críticas. El secretariado entonces propuso el término
"grupos principales" que incluía a las mujeres, los
productores agrícolas, pueblos indígenas, ONG,
parlamentarios, empresarios e industria. Dado que la Agenda 21
busca fortalecer el papel de los grupos principales en la
obtención del desarrollo sostenible, la inclusión de las
corporaciones de esta forma da como resultado el
fortalecimiento de las CT (incluso su autorregulación) y la
erosión del necesario control y regulación de esas
entidades.
La promoción activa del Secretariado del Consejo
Empresarial para el Desarrollo sostenible (CEDS), que incluía
a los representantes de las grandes corporaciones, y la Carta
voluntaria del Consejo fue una ofensa directa al trabajo del
UNCTC, que había sido realizado de acuerdo a un mandato
intergubernamental. También se hicieron esfuerzos para
promover el establecimiento de consejos nacionales del sector
empresarial en los países en desarrollo.
De esta forma, la CNUMAD fue una regresión en esta área
crucial para desarrollo sostenible, y en su lugar, ahora se
promovía a las corporaciones como "socias en el
desarrollo sostenible". Los responsables por la creación
y promoción de la cultura del consumidor esencialmente
continúan llevando el consumo a niveles cada vez menos
sustentabais, amenazando al mismo tiempo el medio ambiente y
la salud humana. A medida que las CT se vuelven cada vez más
integradas y poderosas, también crece su influencia sobre las
políticas gubernamentales en el Norte y el Sur. La economía
de Ford es mayor que la de Arabia Saudita o Noruega. Las
ventas de Philip Morris superan el producto bruto interno de
Nueva Zelandia. A la vez, las CT promueven la autorregulación
y muchas afirman estar capacitadas para darnos las soluciones
para vivir de forma sostenible en este planeta, a menudo con
más "milagros" tecnológicos o propaganda
"verde". Por lo tanto, aunque las CT son
responsables en forma primaria por la crisis ecológica
actual, no existen mecanismos internacionales que controlen y
regulen a las grandes empresas, y que aseguren que las mismas
asuman su responsabilidad ante las normas legales y la
opinión pública.
E. LA DECLARACION DE RIO: ANTECEDENTES DE LA NEGOCIACION Y
EVALUACION
Esta sección es una descripción de las negociaciones de
cada principio de la Declaración y una evaluación de los
mismos.
Título
El título "Declaración de Río sobre el Medio
Ambiente y el Desarrollo" refleja que el consenso entre
los Estados llevó este documento más allá de Estocolmo
profundizando las zonas de contacto entre el medio ambiente y
el desarrollo, y las dimensiones Norte-Sur de las relaciones
internacionales. Esto fue el título que Malasia había
propuesto en el Comité Preparatorio III para "reflejar
de manera adecuada el vínculo entre el medio ambiente y el
desarrollo" para "avanzar en relación con la
Declaración de Estocolmo aprobada hace 20 años".
Canadá, Japón, Nueva Zelanda y Rusia estaban a favor del
título "Carta de la Tierra", que sería un
documento corto.
Preámbulo
En un acuerdo el preámbulo establece el contexto para el
funcionamiento de las partes fundamentales. En este documento,
se incluyen cinco párrafos de preámbulo que establecen que
la CNUMAD:
se reunió en Río de Janeiro (párrafo 1):
reafirmó la Declaración de Estocolmo y trató de
"basarse en ella" (párrafo 2);
tuvo el objetivo de "establecer una alianza mundial
nueva y equitativa mediante la creación de nuevos niveles
de cooperación entre los Estados, los sectores claves de
las sociedades y las personas" (párrafo 3);
procuró alcanzar "acuerdos internacionales en los
que se respeten los intereses de todos y se proteja la
integridad del medio ambiental y de desarrollo mundial"
(párrafo 4);
y reconoció "la naturaleza integral e
interdependiente de la Tierra, nuestro hogar" (párrafo
5);
El grupo de contacto había dejado esta parte sin resolver.
Hubo discusiones generales pero no negociaciones reales sobre
varias versiones presentadas por los distintos agrupamientos
de países, aunque muchas propuestas importantes fueron
incorporadas en el conjunto de principios. La posición del
Grupo de los 77 y China fue que el preámbulo no era
prioritario; era más esencial llegar a una formulación
acordada de los principios que constituirían la sustancia de
la declaración. Dado que muchos países desarrollados del
Norte habían expresado claramente su preferencia por un
documento corto e "inspirado", había temor entre
las delegaciones del Sur, especialmente entre los países en
desarrollo, de que esto llevara a no tratar los temas
centrales necesarios que dieran contenido a la CNUMAD. Desde
el punto de vista estratégico, se consideró que si se
comenzaban las negociaciones por el preámbulo, esto
consumiría la mayor parte del tiempo del grupo de trabajo,
haciendo que el preámbulo terminara siendo el documento de
Río. El Grupo de los 77 y China lograron conducir las
negociaciones directamente a la sección principal, después
de unas pocas horas de discusión general sobre los distintos
textos del preámbulo.
El preámbulo resultante entonces fue formulado por el
Presidente del Comité Preparatorio, después de realizar
"consultas de pasillo" con las delegaciones claves.
El párrafo 2 que reafirma la Declaración de Estocolmo,
establece que la Declaración de Río intenta
"basarse" en las formulaciones de Estocolmo, lo que
constituye el puente a la actual formulación de principios,
especialmente el Principio 2 sobre "el derecho
soberano de aprovechar sus propios recursos según sus propias
políticas ambientales y de desarrollo". Fue muy difícil
plantear el tema de la soberanía porque los países del Norte
afirmaron que ya estaba planteado en el Artículo 21 de la
Declaración de Estocolmo, la cual que resultaría degradada
al incluir ese principio modificado en esta declaración. El
Sur mantuvo su posición de basarse en la Declaración de
Estocolmo. Esto fue coherente con la posición del Grupo de
los 77 y China, o sea, que los aspectos del desarrollo eran
una forma progresista para avanzar en base a Estocolmo.
En lugar del enfoque poético e inspirado promovido por los
países desarrollados, se llegó a acuerdo sobre el párrafo
3. El énfasis explícito en una "alianza mundial nueva y
equitativa" es fundamental. En su intervención inicial
sobre los principios que se debían considerar para esta
carta/declaración, Malasia afirmó que este documento debía
"reconocer las desigualdades actuales que atentaban
contra los países en desarrollo ..." (Comité
Preparatorio III, Ginebra, 20 de agosto de 1991).
El párrafo 4 fue formulado por el Grupo de los 77 y China,
y reconoce que se estaba trabajando hacia la obtención de
"acuerdos internacionales en los que se respeten los
intereses de todos y se proteja la integridad del sistema
ambiental y de desarrollo mundial". Con esto se destaca
otra vez que los acuerdos internacionales deben estar
relacionados con el medio ambiente y el desarrollo. Teniendo
en cuenta que las Convenciones sobre Cambio Climático y
Biodiversidad se estaban negociando en procesos paralelos, el
término "acuerdos internacionales" era en cierto
sentido un reconocimiento del actual estado de cosas en que
los vínculos entre la conservación y la protección
ambiental, y el desarrollo y la economía se estaban
discutiendo a fondo.
Existen varios sectores a escala mundial en los que son
esenciales el consenso y acuerdo internacional. Hasta la
fecha, el inicio y el orden del día de la negociación de
documentos internacionales (legalmente obligatorios o de otro
tipo) han estado determinados principalmente por los países
desarrollados del Norte, ya sea en temas económicos (GATT y
UNCTAD), políticos (Consejo de Seguridad) o de conservación
y medio ambiente.
Por el contrario, al tomar una postura activa en las
negociaciones de las convenciones de cambio climático y
biodiversidad y los principio del bosque de la CNUMAD, el Sur
triunfó en su intento de ampliar el alcance de las
discusiones, poniendo sobre la mesa las preocupaciones
fundamentales de los países en desarrollo. En varias
ocasiones el Sur presentó contraobligaciones que debían ser
asumidas por el Norte. En casi todos los casos, los países
desarrollados se resistieron, demostrando su resistencia a
aceptar un marco internacional que implicara compartir el peso
de la responsabilidad.
Existen por cierto muchas áreas en el medio ambiente y el
desarrollo donde sería de interés de los países en
desarrollo impulsar acuerdos internacionales. Un ejemplo
ampliamente aceptado fue la Convención de Basilea que
prohíbe o restringe el comercio de varias categorías de
desechos peligrosos, y posibles acuerdos futuros que prohíbe
la exportación de químicos tóxicos prohibidos o de uso
restringido. El tema crítico es que esos acuerdos puedan ser
negociados y suscritos en forma justa, equitativa y
transparente.
Las presiones de las medidas comerciales unilaterales
también hicieron que el Sur tomara conciencia de la
importancia de insistir en un consenso universal en el caso de
acciones de naturaleza ambiental que pudieran tener efectos
adversos sobre el comercio y otras actividades económicas.
Sin embargo, el preámbulo no logra abordar la causa
original de la crisis ambiental y pobreza generalizada del
Sur, o sea, el paradigma de desarrollo basado en el modelo
económico del Norte. Resultaba evidente que el Norte no
quería hacer cambios fundamentales a su modelo de desarrollo
económico, y en consecuencia, el Sur mantuvo el mismo
objetivo, ambos lados aceptando la retórica del medio
ambiente. De esta forma, aunque era importante que hubiera un
debate internacional sin precedentes sobre el consumo y
producción no sostenibles, y la reiteración constante de la
necesidad de integrar el medio ambiente y el desarrollo, el
resultado final no fue una convocatoria clara a impulsar un
cambio fundamental hacia principios de desarrollo económico
ambientalmente adecuados.
Principio 1
Los seres humanos constituyen el centro de las
preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible.
Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía
con la naturaleza.
La formulación del Grupo de los 77 y China afirmaba que
"Los seres humanos constituyen el centro de las
preocupaciones ambientales y del desarrollo ..." Con esto
se pretendía enfatizar que asegurar el bienestar de las
personas es fundamental en cualquier país, y la protección
del medio ambiente debe ser coherente con la satisfacción de
las necesidades de los seres humanos. Se argumentó que esto
no era contradictorio con las preocupaciones ambientales
porque para asegurar el bienestar de la gente es necesario un
medio ambiente sano.
Rusia y la Santa Sede apoyaron este principio. Sin embargo,
hubo una gran resistencia de muchos países desarrollados:
Australia, Austria, Canadá, la Comunidad Europea, Japón,
Nueva Zelanda y Estados Unidos querían eliminar este
principio y colocarlo en el preámbulo. Argumentaron que esa
formulación pone el medio ambiente en lugar secundario con
relación a la explotación de los recursos naturales por los
seres humanos, y no refleja en forma suficiente la importancia
del medio ambiente como un valor a proteger en sí mismo.
Muchas delegaciones destacaron la necesidad de reconocer la
integridad de la naturaleza. El Grupo de los 77 y China
hicieron énfasis en que las preocupaciones ambientales no
tenían que ver solamente con la preservación de especies o
modelos de ecosistemas específicos. Tenían que ver en
realidad con las relaciones entre los seres humanos, entre la
raza humana y la naturaleza, y entre naciones y pueblos a
nivel mundial.
La formulación propuesta finalmente por el Presidente y
aceptada en la Cumbre de Río utiliza el término
"desarrollo sostenible" en lugar de
"preocupaciones relacionadas con el medio ambiente y el
desarrollo". El proceso de la CNUMAD en sí mismo no
asignó un significado definitivo para el término
"desarrollo sostenible", pero a menudo se cita una
definición que proviene del informe de la Comisión de las
Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, o Informe
Brundtland de 1987:
"Desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface
las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de
las generaciones futuras de satisfacer sus propias
necesidades."
Principio 2
Principio 2 Principio 2
De conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y los
principios del derecho internacional, los Estados tienen el
derecho soberano de aprovechar sus propios recursos según sus
propias políticas ambientales y de desarrollo, y la
responsabilidad de velar por que las actividades realizadas
dentro de su jurisdicción o bajo su control no causen daños
al medio ambiente de otros Estados o de zonas que estén fuera
de los límites de la jurisdicción nacional.
El Norte no estaba a favor de plantear el tema de la
soberanía, pero el Grupo de los 77 y China lograron
incluirlo. Fue preocupación de muchas delegaciones del Norte
que la responsabilidad de los estados hacia el medio ambiente
quedara diluida si se incluían las políticas del desarrollo.
El Sur argumentó que su propuesta estaba basada en la
Declaración de Estocolmo.
Principio 3
El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que
responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y
ambientales de las generaciones presentes y futuras.
El derecho al desarrollo es un principio que el Sur
consideró como uno de los principios más básicos para la
Declaración. Los países desarrollados se opusieron con mucha
fuerza a la inclusión del derecho al desarrollo hasta el
mismo final de las negociaciones del Comité Preparatorio IV.
El Sur adoptó una posición firme y esto condujo a una de las
discusiones más estimulantes sobre el desarrollo desde el
punto de vista intelectual durante las negociaciones.
El Grupo de los 77 y China habían propuesto lo siguiente:
"Se debe cumplir el derecho inalienable de los Estados
y pueblos al desarrollo para satisfacer las necesidades
ambientales de las generaciones presentes y futuras. La
igualdad dentro de la generación presente tendrá en cuenta
el daño ambiental causado en el pasado, así como las
necesidades ambientales y de desarrollo de las generaciones
presente y futura."
Rusia apoyaba la primera frase, pero quería eliminar la
segunda. Todos los países industrializados del Norte pidieron
la eliminación de todo el principio. Se plantearon varias
alternativas en la mesa, que cubrían una amplia gama de
preocupaciones contenidas en la propuesta del Grupo de los 77
pero sin el reconocimiento del derecho al desarrollo.
Holanda, hablando en nombre de la UE dijo que el desarrollo
no puede ser ilimitado y que la relación compleja entre el
desarrollo y la capacidad de la tierra era importante. El
derecho al desarrollo planteado de esa forma sería
inaceptable. La UE entonces propuso lo siguiente: "Los
seres humanos tienen derecho a los beneficios de un desarrollo
sostenible pleno."
En respuesta, el portavoz del Grupo de los 77 dijo que
ningún gobierno podía negar que tenía compromisos tanto
hacia la comunidad internacional como hacia su propio pueblo.
Si se habla sobre límites al crecimiento y se mira cuánto se
consume en Estados Unidos, y cómo por medio de la televisión
la gente en todos los lugares tiene las mismas aspiraciones,
¿cómo se le dice a la gente pobre de los países en
desarrollo que su derecho al desarrollo será recortado? Para
millones de personas en el Sur, sus necesidades básicas
todavía no están cumplidas, está en juego su supervivencia
y esto necesariamente requiere que se contemple el tema del
desarrollo. El Grupo de los 77 tenía la voluntad de modificar
la formulación pero expuso argumentos persuasivos para que el
derecho al desarrollo quedara expresado en forma explícita.
En este punto, los países nórdicos estuvieron de acuerdo
en que este principio era uno de los centros de las
discusiones de la Declaración, incluso de la propia
Conferencia. El vocero de la UE, después de un largo
intercambio con el Grupo de los 77, dijo que comprendía
bastante al Grupo de los 77 y procedió a plantear dos
preguntas: ¿Cómo serían compartidos en forma igualitaria
los recursos disponibles? En segundo lugar: ¿Cómo se puede
limitar el desarrollo? El desarrollo para la supervivencia era
una cuestión, mientras que los límites al medio ambiente
(por ejemplo, las cantidades de contaminantes que se pueden
absorber) era otra.
Fue durante una de las muchas sesiones nocturnas a altas
horas de la madrugada que se llegó a este punto de las
discusiones: el Norte tenía claro temor de no poder acceder a
una parte de los recursos del mundo suficiente para mantener
su nivel de vida. El Sur estaba igualmente convencido de que
el Norte ya había explotado y consumido su parte
desproporcionada de los recursos, mientras que millones en el
Sur todavía vivían en la pobreza absoluta. Para ellos, el
derecho al desarrollo es básico.
La aceptación de la formulación final fue la primera vez
en que el principio del derecho al desarrollo fue aceptado en
forma universal.
Principio 4
A fin de alcanzar el desarrollo sostenible, la protección
del medio ambiente deberá constituir parte integrante del
proceso de desarrollo y no podrá considerarse en forma
aislada.
Esta idea está tomada esencialmente de la Resolución
44/228 de la Asamblea General. El Norte se opuso a la última
frase, "no podrá considerarse en forma aislada",
con el argumento de que los temas ambientales quedarían
subordinadas a las prioridades del desarrollo. La posición
del Grupo de los 77 y China fue que al tomar medidas para la
protección del medio ambiente, se debía considerar al mismo
tiempo el tema del desarrollo.
Las formulaciones alternativas presentadas por varios
grupos del Norte se centraban en la integración del medio
ambiente y el desarrollo. Dado que la propuesta del Grupo de
los 77 era en esencia la misma, la objeción del Norte no fue
tenida en cuenta.
Principio 5
Todos los Estados y todas las personas deberán cooperar en
la tarea esencial de erradicar la pobreza como requisito
indispensable del desarrollo sostenible, a fin de reducir las
disparidades en los niveles de vida y responder mejor a las
necesidades de la mayoría de los pueblos del mundo.
El principio 5 originalmente establecía que las
necesidades espaciales y la situación de los países en
desarrollo, su derecho a obtener su potencial económico pleno
y la erradicación de la pobreza serían tenidos en cuenta
totalmente en cualquier acción internacional relativa al
medio ambiente y el desarrollo. Canadá, Japón, Rusia y los
Estados Unidos querían eliminarlo. Algunos de ellos
argumentaron que la formulación no era suficientemente
mundial. Los países de Europa del Este y Rusia querían
incluir las economías en transición. Estados Unidos propuso
que los Estados debían considerar la situación especial y
las necesidades de los países en desarrollo para la
obtención un desarrollo sostenible y que los Estados con
medios adecuados debían brindar asistencia tecnológica y
financiera, según resultara adecuado. La CE presentó un
principio diferente que incluía la lucha contra la pobreza,
la eliminación o el evitar modelos de producción y consumo
no sostenibles, y la formulación de políticas de población
compatibles con el desarrollo sostenible.
Resultó interesante la propuesta de Japón estableciendo
que la ayuda oficial para el desarrollo y la inversión
extranjera directa debía considerar temas como la
conservación del medio ambiente del lugar y el bienestar de
los pueblos indígenas que vivían allí. Los observadores
dijeron que esto pudo haber sido promovido debido a la
crítica de todo el mundo a las compañías de explotación
forestal japonesas que operaban en Sarawak, Malasia durante
las negociaciones de la CNUMAD.
Las reservas de muchas delegaciones del Norte se debían
principalmente a las negociaciones paralelas extremadamente
difíciles sobre la financiación nueva y adicional para la
instrumentación de la Agenda 21. Cualquier indicación en la
propuesta de principios de la Declaración de que el Norte
debía comprometerse con recursos financieros sería objetada.
El Principio 6 original propuesto por el Grupo de los 77 y
China también trataba sobre la erradicación de la pobreza
mediante la cooperación mundial. El Norte solicitó que fuera
eliminado, por lo que quedó incorporado al Principio 5 en su
formulación final.
El texto final aprobado capta la esencia de la cooperación
Norte-Sur sin el compromiso de apoyo financiero o
transferencia tecnológica, que eran los pilares del Grupo de
los 77 en las negociaciones mundiales.
Principio 6
Se deberá dar especial prioridad a la situación y las
necesidades especiales de los países en desarrollo, en
particular los países menos adelantados y los más
vulnerables desde el punto de vista ambiental. En las medidas
internacionales que se adopten con respecto al medio ambiente
y al desarrollo también se deberían tener en cuenta los
intereses y las necesidades de todos los países.
Cuando muchas delegaciones del Norte pidieron que este
principio se borrara (originalmente fue el Principio 5), el
Grupo de los 77 y China solicitaron que la situación especial
y las necesidades de los países en desarrollo fueran
incluídas en principios específicos cuando resultara
pertinente. Como resultado, muchas de las mismas delegaciones
del Norte sugirieron después que se formulara un principio
general. Rusia sugirió que el principio se refiriera a las
"preocupaciones especiales de los países con
necesidades" a la vez que reconociera las necesidades
especiales de los países menos desarrollados.
Algunos países en desarrollo sintieron que con esa
formulación que hacía referencia a "todos los países
con necesidades", dada la situación actual del mundo
(Rusia, Europa del Este, etc.), los países en desarrollo
quedaban en el último lugar de la lista, especialmente en
relación con la asistencia financiera y la transferencia de
tecnología en términos favorables. Entonces el concepto
largamente elaborado de "la situación especial y
necesidades de los países en desarrollo" se volvería
carente de significado. Sería mejor no incluir ese principio
en la Declaración, y no establecer el precedente de un
concepto diluido. Otros sintieron con mucha fuerza que era un
principio fundamental que debía ser incluido de cualquier
manera.
El texto final fue formulado por el Presidente. La CE
estuvo en contra de la frase "se deberá dar especial
prioridad" pero todas las partes en última instancia
aceptaron el compromiso.
Principio 7
Los Estados deberán cooperar con espíritu de solidaridad
mundial para conservar, proteger y restablecer la salud y la
integridad del ecosistema de la Tierra. En vista de que han
contribuido en distinta medida a la degradación del medio
ambiente mundial, los Estados tienen responsabilidades comunes
pero diferenciadas. Los países desarrollados reconocen la
responsabilidad que les cabe en la búsqueda internacional del
desarrollo sostenible, en vista de las presiones que sus
sociedades ejercen en el medio ambiente mundial y de las
tecnologías y los recursos financieros de que disponen.
Este es uno de los principios claves, dado que sienta las
bases del reparto equitativo de las responsabilidades. El
Grupo de los 77 y China habían propuesto antes un borrador
mucho más fuerte, destacando y abogando por el concepto de
responsabilidad y el impacto ambiental del consumo no
sostenible. A partir de esa base, se hizo un llamado a la
provisión de recursos financieros adecuados, nuevos y
adicionales, y tecnologías ambientalmente adecuadas en
términos preferenciales y de concesión por parte de los
países desarrollados para permitir a los países en
desarrollo la obtención de un desarrollo sostenible.
Esa formulación mucho más fuerte y explícita fue
deliberadamente dejada sin negociar en las consultas
informales, dado que el Grupo de los 77 se dio cuenta de que
era inaceptable para los países desarrollados. Había una
esperanza de que el tema fuera dejado para discutir en la
propia Cumbre de Río. Sin embargo, el Presidente del Comité
Preparatorio insistió en que debían llegar a un texto
completo listo para la Cumbre. El mismo formuló un texto,
basado en las diferentes propuestas, y este punto fue el más
duro de los discutidos en las negociaciones finales "a
puerta cerrada" entre los grupos reducidos, y llevó de 4
a 5 horas. Los países en desarrollo argumentaron que este
principio estaba basado en la formulación de la Resolución
44/228 de la Asamblea General que ya había sido aceptada por
todos los Estados.
La versión final incorpora el concepto de
"responsabilidades comunes pero diferenciadas", pero
no hace mención a los modelos de producción y consumo no
sostenibles del Norte (esto fue modificado y transformado en
el Principio 8 en una forma drásticamente diluida) y sobre su
responsabilidad histórica por la crisis ambiental actual. Se
utiliza una formulación general, pero sigue siendo importante
que la tercera frase declare que "Los países
desarrollados reconocen la responsabilidad que les cabe en la
búsqueda internacional del desarrollo sostenible, en vista de
las presiones que sus sociedades ejercen en el medio ambiente
mundial y de las tecnologías y los recursos financieros de
que disponen".
Principio 8
Para alcanzar el desarrollo sostenible y una mejor calidad
de vida para todas las personas, los Estados deberían reducir
y eliminar las modalidades de producción y consumo
insostenibles y fomentar políticas demográficas apropiadas.
En las primeras etapas de las negociaciones, los países
desarrollados del Norte (especialmente Estados Unidos y la
Comunidad Europea) objetaron que se destacaran sus modelos no
sostenibles de producción y consumo como las causas
fundamentales de la degradación ambiental.
La Administración Bush fue especialmente vehemente en sus
protestas contra la inclusión de los modelos de consumo y
estilos de vida en la Declaración de la Agenda 21. Su
afirmación de que "el estilo de vida estadounidense no
se negocia" se volvió una de la citas más conocidas de
la CNUMAD. Estados Unidos, a la vez que sostuvo que el consumo
era "un problema de libertad y opción personal",
presióno (junto con otros países del Norte) con fuerza al
Sur para imponer políticas nacionales de reducción de la
población, aun cuando resulta innegable que más del 70% de
los recursos del mundo son consumidos por los países
industrializados. Esta postura fue ampliamente criticada por
las ONG y un número de delegaciones del Sur. Después de
prolongadas negociaciones, el Norte accedió a abordar este
tema a condición que se incluyera el tema población en el
mismo principio. Presionaron para colocar al mismo nivel el
crecimiento de la población como una causa de degradación
ambiental. Por ejemplo, Estados Unidos propuso lo siguiente:
"Los Estados y pueblos deberían solicitar la
eliminación o reducción de modelos no sostenibles de
producción y consumo, y la disminución del ritmo rápido de
crecimiento de la población".
Los países en desarrollo se opusieron, argumentando que
ambos temas no podían ponerse al mismo nivel, especialmente
cuando el 20% de la población (en los países desarrollados)
consume 75% de los recursos del mundo. Culpar a la población,
la mayoría de la cual está en los países en desarrollo,
equivaldría a no atribuir una vez más la responsabilidad
mayor a quienes en justicia corresponde, o sea, a los países
desarrollados.
El Grupo de los 77 entonces acordó que si los países
desarrollados insistían en incluir un principio relativo a la
población, se requería aplicar un enfoque amplio, que
tuviera en cuenta modelos de distribución espacial y
migración de pueblos, además de las tasas de natalidad. Se
debería formular un principio separado que abordara el tema
de los modelos de consumo y producción. Después de una
discusión intensa entre los negociadores del grupo de
contacto del Grupo de los 77 y China, se llegó a acuerdo
sobre la siguiente formulación, que se propuso al grupo
general:
"En la búsqueda del desarrollo sostenible y una mayor
calidad de vida para todas las personas, es importante abordar
en forma integrada el tema de las políticas de población y
migración como elemento constitutivo del desarrollo
socioeconómico, que incluye la salud pública, la vivienda,
la educación y la participación pública, salvaguardando al
mismo tiempo la diversidad cultural, los valores ambientales y
los derechos humanos".
La idea principal de este principio propuesto es que se no
puede abordar el tema solamente en términos de números. Los
factores demográficos deben ser considerados en conjunto, y
es solamente mediante el aseguramiento de la seguridad
socioeconómica (salud, educación, etc.) que las familias
pueden planificar el número de hijos que quieren tener. La
migración desde las áreas rurales a las zonas urbanas se
presenta también como un factor importante porque en muchos
casos las ciudades están superpobladas y el campo está
subpoblado.
La formulación del Grupo de los 77 y China sobre el tema
de la población no fue aceptada finalmente. El compromiso fue
el término "promover políticas demográficas
adecuadas". Los países desarrollados querían que la
redacción fuera "reducir o eliminar modelos no
sostenibles de producción y consumo" pero el Sur
insistió en incluir la palabra "y", que impone
sobre ellos una obligación mucho más fuerte.
Existe una conciencia creciente de que nuestros estilos de
vida y niveles de consumo tienen una consecuencia directa
sobre el medio ambiente. Los foros intergubernamentales
reconocen cada vez más que el 20% de la población mundial,
que vive en los países industrializados, consume alrededor
del 80% de los recursos del mundo, y que esto es desigual y no
sostenible. Varios países recientemente industrializados del
Sur, que se están volviendo relativamente prósperos,
también se encaminan hacia altos niveles de consumo en
ciertos sectores de su población.
Dado que la mayoría de los recursos naturales del mundo
son limitados, debemos examinar seriamente nuestros patrones
de consumo. El consumismo verde ha invadido el mundo, y muchos
de nosotros estamos ansiosos por buscar productos
ambientalmente beneficiosos. Aunque es verdad que muchos
productos se pueden fabricar de forma que resulte menos
perjudicial para el medio ambiente, sigue sucediendo que se
deben explotar cada vez más recursos naturales para alimentar
las demandas crecientes. La industria de la publicidad, que es
parte integrante del concepto de crecimiento económico en
permanente aumento, envía un mensaje claro: Consuma más. Por
lo tanto, debemos volver a orientar nuestro enfoque sobre el
consumo, si somos honestos cuando hablamos de vivir en
armonía con el medio ambiente.
Aunque la CNUMAD debería haber dado como resultado que
cada estado aprobara acciones para reducir y eliminar sus
modelos de producción y consumo, y que el Norte se hiciera
cargo de su responsabilidad proporcional, el análisis de las
negociaciones y del texto del Principio 8 y el capítulo
pertinente de la Agenda 21, demuestra que la carga del ajuste
está dirigida mayoritariamente a los países en desarrollo.
Aún cuando debieran ser los países industrializados,
principales causantes de la crisis ambiental, quienes asuman
en consecuencia con la responsabilidad y carga proporcionales.
Los encendidos debates sobre los modelos de consumo fueron
los primeros de ese tipo en el ámbito gubernamental, pero el
producto final del Principio 8 es débil. Después de la
CNUMAD, los países nórdicos y Holanda tomaron algunas
iniciativas para instrumentar el capítulo pertinente de la
Agenda 21, pero los demás países del Norte mostraron una
clara falta de interés. Los propios ministros de medio
ambiente más progresistas de los países nórdicos deben
enfrentar obstáculos de los ministros de comercio y finanzas
de sus países. Nuestro temor es que no haya cambios
fundamentales en aquellos modelos económicos que ya se ha
comprobado que son desastrosos. Además si los países ricos
no se comprometen seriamente a un orden del día de cambio,
los países en desarrollo se sentirán justificadamente como
víctimas, lo que puede reforzar la acusación de que el medio
ambiente no es sino una herramienta de los ricos para mantener
a los países pobres en una posición de desventaja. En este
callejón sin salida, el medio ambiente y la humanidad
seguirán pagando el precio.
Principio 9
Los Estados deberían cooperar en el fortalecimiento de su
propia capacidad de lograr el desarrollo sostenible,
aumentando el saber científico mediante el intercambio de
conocimientos científicos y tecnológicos, e intensificando
el desarrollo, la adaptación, la difusión y la transferencia
de tecnologías, entre estas, tecnologías nuevas e
innovadoras.
La capacidad endógena es un tema muy importante para el
Sur. Al principio, este tema fue totalmente rechazado por los
países desarrollados.
Algunos países se resistieron para evitar la adopción de
compromisos que implicaran la transferencia de tecnología en
términos de preferencia o concesión. Dado que la mayoría de
las tecnologías, especialmente las nuevas e innovadoras,
están en manos de la industria privada, se evitarán incluso
las declaraciones sin obligatoriedad legal, si es posible.
Otros países sintieron que la declaración no debería
abordar los temas tecnológicos, que ya estaban tratatos en la
Agenda 21. El Sur, sin embargo, afirmó que era un principio
crucial que debía ser incluido. Japón finalmente auspició
una formulación junto con el Grupo 77 y China, que fue
aceptada.
Principio 10
El mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con
la participación de todos los ciudadanos interesados, en el
nivel que corresponda. En el plano nacional, toda persona
deberá tener acceso adecuado a la información sobre el medio
ambiente de que dispongan las autoridades públicas, incluida
la información sobre los materiales y las actividades que
encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad
de participar en los procesos de adopción de decisiones. Los
Estados deberán facilitar y fomentar la sensibilización y la
participación de la población poniendo la información a
disposición de todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo
a los procedimientos judiciales y administrativos, entre
éstos el resarcimiento de daños y los recursos pertinentes.
Este principio surgió esencialmente de la combinación de
las formulaciones del Grupo de los 77 y China y la Unión
Europea. Estados Unidos fue muy expansivo en este tema,
presentando una lista de derechos específicos, reflejo de su
situación interna. La CE y los países nórdicos también
propusieron una formulación que establecía el derecho a la
información, a la participación en los procesos de toma de
decisiones, y el acceso a procedimientos judiciales y
administrativos.
Muchos miembros del Grupo de los 77 y China no estaban
conformes con la formulación de los derechos. De esa forma el
resultado tiene calificaciones: la participación se dará
"en el nivel que corresponda"; las personas tendrán
"acceso adecuado a la información". Sin embargo,
fue Estados Unidos quien solicitó que el acceso a la
información se limitara a la información que está en manos
de las "autoridades nacionales", con lo que no se
asegura que los ciudadanos puedan acceder a la información
que está en manos de la industria.
Principio 11
Los Estados deberán promulgar leyes eficaces sobre el
medio ambiente. Las normas, los objetivos de ordenación y las
prioridades ambientales deberían reflejar el contexto
ambiental y de desarrollo al que se aplican. Las normas
aplicadas por algunos países pueden resultar inadecuadas y
representar un costo social y económico injustificado para
otros países, en particular los países en desarrollo.
Este fue originalmente el Principio 13 propuesto por el
Grupo de los 77 y China. Los países del Norte en general no
estuvieron a favor.
El tema de las normas es un dilema. Por un lado, las ONG y
algunos gobiernos criticaron mucho las prácticas de doble
norma de las CT en las áreas de calidad ambiental, salud
humana y condiciones de trabajo, y la práctica de reubicar en
el Sur los productos e industrias nocivos prohibidos o sujetos
a control estricto en el Norte. Por otro lado, el Sur, que
está en la misma rutina del desarrollo industrial, a menudo
se ve forzado a minimizar costos de producción y maximizar
incentivos de inversión externa. Esto lo lleva a asumir
compromisos sobre normas y prioridades ambientales y de salud.
A medida que aumenta la competencia comercial entre el Norte
industrializado y algunos países recientemente
industrializados del Sur, crece el temor legítimo de que los
imperativos ambientales y laborales sean violados por el Norte
para mantener su ventaja comercial. Esto se comprobó durante
las discusiones posteriores a la CNUMAD sobre comercio y medio
ambiente sostenidas en la Organización Mundial del
Comercio/OMC, y también se refleja en las normas de comercio
y trabajo en proceso.
El texto final es positivo, dado que convoca a los Estados
a promulgar leyes eficaces sobre el medio ambiente. Toma en
cuenta las preocupaciones legítimas del Sur, junto con los
Principios 14 y 15, y también aborda los impactos negativos
de las dobles normas en la protección del medio ambiente y la
salud.
Principio 12
Los Estados deberían cooperar en la promoción de un
sistema económico internacional favorable y abierto que
llevará al crecimiento económico y el desarrollo sostenible
de todos los países, a fin de abordar en mejor forma los
problemas de la degradación ambiental. Las medidas de
política comercial con fines ambientales no deberían
constituir un medio de discriminación arbitraria o
injustificable ni una restricción velada del comercio
internacional. Se debería evitar tomar medidas unilaterales
para solucionar los problemas ambientales que se producen
fuera de la jurisdicción del país importador. Las medidas
destinadas a tratar los problemas ambientales transfronterizos
o mundiales deberían, en la medida de lo posible, basarse en
un consenso internacional.
Este principio fue tema de largas negociaciones, en las que
se expresó la profunda preocupación del Sur por las medidas
comerciales unilaterales impuestas por Estados Unidos; los
países productores de madera tropical en particular estaban
amenazados por restricciones de importación desde Europa. El
temor de que las consideraciones ambientales pudieran ser
utilizadas como una nueva forma de condicionamiento para
restringir el comercio era una de las principales
preocupaciones de los negociadores del Sur.
El principio es una buena reflexión sobre las
contradicciones entre el desarrollo sostenible (que es en sí
mismo un concepto sujeto a varias e incluso conflictivas
interpretaciones) y el crecimiento económico convencional y
el comercio creciente.
Aunque también es una reflexión auténtica sobre la
realidad de las relaciones comerciales internacionales
actuales. La amenaza frecuente y/o el uso de sanciones
comerciales unilaterales por parte de Estados Unidos en los
último años, que llevaron a la terminación de las
conversaciones de la Ronda Uruguay del GATT (simultáneamente
con las negociaciones de la CNUMAD), dieron lugar a un temor
generalizado entre los países del Sur, e incluso un poco en
el Norte. La medida del Parlamento australiano de restringir
las importaciones de madera tropical (retirada posteriormente
ante las protestas del gobierno malayo) y la política
holandesa de importación de madera "producida en forma
sostenible" dentro de unos pocos años también causó
alarma entre los países exportadores de madera.
Por eso no fue una sorpresa que este principio fuera
sometido a extenso debate, primero en el grupo de contacto
abierto y luego en las negociaciones finales. El Grupo de los
77 y China recurrieron a los principios aprobados sobre medio
ambiente y comercio resultantes de la UNCTAD VIII de
Cartagena. Estados Unidos prometió que no se utilizarían
medidas ambientales como formas de proteccionismo comercial.
La formulación final es un texto simplificado, pero
incluye una preocupación fundamental para el Sur, o sea, las
acciones unilaterales de los países desarrollados basadas en
la preocupación ambiental sobre los temas ambientales de los
países en desarrollo.
Pero las complejidades más amplias del vínculo entre el
comercio y el medio ambiente deben ser resueltas no solamente
en el marco del seguimiento de la CNUMAD, sino lo que es
igualmente importante, en los foros comerciales.
Se debe destacar que Argentina insistió en que se debía
incluir un principio sobre el comercio de productos
agrícolas, a la luz de la producción agrícola altamente
subsidiada de la CE y Estados Unidos, que distorsiona el
mercado y es perjudicial para el medio ambiente. Pero ese
punto no fue negociado, y finalmente la propuesta fue
descartada (ver Principio 16 en el texto de compilación).
Principio 13
Los Estados deberán desarrollar la legislación nacional
relativa a la responsabilidad y la indemnización respecto de
las víctimas de la contaminación y otros daños ambientales.
Los Estados deberán cooperar asimismo de manera expedita y
más decidida en la elaboración de nuevas leyes
internacionales sobre responsabilidad e indemnización por los
efectos adversos de los daños ambientales causados por las
actividades realizadas dentro de su jurisdicción, o bajo su
control, en zonas situadas fuera de su jurisdicción.
Este principio refuerza la Declaración de Estocolmo. Este
principio abarcaría los casos de lluvia ácida,
contaminación del agua de los ríos que corren a través de
más de un estado, y derrames de petróleo. Sin embargo, las
leyes sobre responsabilidad e indemnización no han
evolucionado mucho desde Estocolmo, de ahí la inclusión de
una convocatoria más fuerte en la Declaración de Río. Se
debe destacar que las negociaciones en el marco de la
Convención de Basilea sobre responsabilidad tampoco están
progresando demasiado, debido principalmente a la reticencia
de los países industrializados que son los principales
generadores de desechos peligrosos.
Los países desarrollados se resisten a dar su apoyo al
tema de la responsabilidad y la indemnización. Australia,
Canadá, la CE y Estados Unidos no querían que se incluyera
este principio tal como fue propuesto por el Grupo de los 77 y
China. Esta argumentó que 20 años después de la
Declaración de Estocolmo, que estableció por primera vez el
principio de responsabilidad e indemnización por daño
ambiental, no se han tomado medidas para la creación de leyes
en esta área. La primera frase del Principio 13 relativa a
las leyes nacionales no estaba en la Declaración de
Estocolmo, y fue un agregado del Grupo de los 77 y China. La
India estuvo a favor de esta postura porque en el período
posterior a Bhopal, la falta de legislación nacional adecuada
hacía difícil asignar la responsabilidad a la Union Carbide.
En esa tragedia, en la cual murieron miles de personas y una
gran cantidad quedaron heridas, la empresa se negó a revelar
los componentes del gas cuando se produjo el escape, alegando
que era un secreto industrial, y en consecuencia los médicos
locales no pudieron prescribir ningún tratamiento en las
secuelas inmediatamente posteriores al incidente.
El Grupo de los 77 y China también querían extender el
daño más allá del daño ambiental e incluir el daño humano
y económico. Esta postura se debió principalmente a la
experiencia de destrucción masiva causada en la Guerra del
Golfo, cuando las tropas de Estados Unidos invadieron Irak. Se
argumentó que ese daño socavaba el desarrollo sostenible.
Como era de esperar, esto fue resistido por los países del
Norte y se acordó que en su lugar se utilizaran las palabras
"efectos adversos de los daños ambientales".
Todavía es posible interpretar que esto incluye algo más que
el daño ambiental en sí mismo.
La convocatoria a los Estados para que cooperaran de forma
"más decidida" en la creación de nuevas leyes
internacionales sobre este tema fue redactada por el
Presidente del Comité Preparatorio.
La conciencia cada vez mayor de que la planificación
ambiental es un componente esencial de la formulación de
políticas de desarrollo y de la planificación de proyectos,
dio como resultado la creación de varias leyes y normas a
nivel nacional. Imponer la responsabilidad sobre los
infractores que contaminan el medio ambiente y asegurar la
indemnización para las víctimas de daños ambientales
también son aspectos esenciales de la gestión de los
recursos naturales y el medio ambiente. El principio "el
que contamina paga", incorporado en el Principio 16 es un
pequeño paso hacia adelante. Con respecto a este punto, se
deben revisar cuidadosamente las cuestiones relativas al locus
standi (posición para presentar acciones legales), el peso de
la prueba, los períodos de limitación y recursos efectivos,
para asegurar que las víctimas de los daños ambientales
puedan obtener reparación y recursos eficaces.
Al mismo tiempo, la naturaleza transfronteriza de casi
todos los problemas ambientales también exige la evolución
hacia reglamentaciones y normas regionales e internacionales
que puedan asignar en forma eficaz y equitativa la
responsabilidad entre los estados. Sin embargo, hay pocos
signos de progreso en esta área.
Principio 14
Los Estados deberían cooperar efectivamente para
desalentar o evitar la reubicación y la transferencia a otros
Estados de cualesquiera actividades y sustancias que causen
degradación ambiental grave o se consideren nocivas para la
salud humana.
Este es un principio importante sobre el cual se pueden
formular leyes internacionales que regulen las prácticas de
"doble norma". También debería llevar a la
creación leyes nacionales que prohíban la exportación de
productos prohibidos a otros países.
La reubicación de sustancias, productos,
industrias/tecnologías y residuos peligrosos y tóxicos fue
una gran preocupación de la CNUMAD. Además de las
negociaciones para incluir un principio sobre este tema en la
Declaración de Río, también se hicieron esfuerzos para
tratar este tema en la Agenda 21. Sin embargo, la propuesta de
algunos países liderados por Malasia para incluir en la
Agenda 21 una prohibición de la exportación de residuos
nucleares fue rechazada por unos pocos países poderosos.
También fue rechazada, en particular por Estados Unidos, otra
convocatoria a elaborar un documento con obligatoriedad legal
para evitar el tráfico internacional ilegal de productos
tóxicos y peligrosos.
El principio "el que contamina paga" y la
evaluación del impacto ambiental como herramienta nacional
también se incluyen en los Principios 16 y 17
respectivamente. Son importantes para reafirmar el Principio
14.
Los países desarrollados no estaban a favor de este
principio porque las dobles normas habían sido una práctica
constante de sus corporaciones transnacionales (CT). Estados
Unidos incluso llegó a decir en el grupo de contacto que se
debía respetar la soberanía, o sea, si un país elige tener
normas más bajas, ¡está en su derecho! Pero si las CT
tienen la capacidad y la tecnología para salvaguardar el
medio ambiente y la salud pública, entonces deben aplicar las
mismas normas en todos los lugares en los que operan. Se sabe
que la reubicación de actividades se practica, entre otras
razones, para reducir costos de producción (incluso gastos
ambientales).
El Grupo de los 77 y China habían propuesto originalmente
dos principios redactados con mucha fuerza:
"Considerando que la mayor parte de los contaminantes
que se emiten al medio ambiente, incluyendo residuos tóxicos
y peligrosos, se originan en los países desarrollados, estos
países deben ser responsables por combatir dicha
contaminación y asegurar que los residuos tóxicos y
peligrosos, incluyendo organismos modificados genéticamente
peligrosos y residuos radiactivos, sean procesados en las
proximidades del lugar donde se producen" (Principio 10,
texto de compilación);
"Las medidas tomadas por un país específico para
reducir o controlar actividades y proyectos nocivos para el
medio ambiente no producirán el desplazamiento y
transferencia de dichas actividades o proyectos a otro
país" (Principio 15, texto de compilación).
Malasia había expresado su preocupación en el Comité
Preparatorio III
"... considerando el rol importante de la industria,
especialmente de las corporaciones transnacionales, debería
haber medidas que aseguren que las corporaciones
transnacionales que operan en los países en desarrollo
cumplan con su responsabilidad especial en la protección
ambiental y el desarrollo sostenible". (Ginebra, agosto
de 1991).
Las formulaciones originales eran más fuertes, y cubrían
una amplia gama de residuos peligrosos, incluyendo OMG
(Organismos Modificados Genéticamente) y residuos
radiactivos. Ahora ya no se hace mención a los residuos, pero
se podría interpretar que "sustancias" incluye
residuos. También se perdió la convocatoria clara a los
países desarrollados para que procesen sus residuos en casa.
De hecho el Norte quería que ambos principios propuestos
fueran borrados. Después de extensas negociaciones, se llegó
a acuerdo sobre el actual Principio 14.
Este principio es crucial. Por ejemplo, durante los
últimos años se ha producido una rápida expansión de la
producción de productos agroquímicos en la región del
Pacífico de Asia. Los países en desarrollo, por lo tanto,
están ingresando en el gran negocio de la exportación de
químicos. Esto significa, efectivamente, un aval del uso de
químicos y la introducción de industrias potencialmente
peligrosas en la región. Este cambio en la inversión
extranjera debe ser controlada a la luz de un control y
regulación cada vez más estrictos de las industrias
químicas en los países industrializados. A la vez que el Sur
ha tenido que intentar resolver la descarga de productos y
residuos tóxicos, ahora también estamos vulnerables a la
entrada de industrias y tecnologías peligrosas. El ex Centro
de las Naciones Unidas sobre Corporaciones Transnacionales
publicó un informe de investigación en 1991 que reveló que
la mayoría de las tecnologías que existen en los países
industrializados son de naturaleza peligrosa. De ahí se
concluye que la mayoría de la tecnología transferida a los
países en desarrollo también es peligrosa para el medio
ambiente y la salud humana.
Este temor se ve reforzado por el incidente infame del
Banco Mundial, que creó un escándalo internacional. Un
memorando interno del Banco Mundial escrito por Larry Summers,
que en ese momento era Asesor Económico en Jefe, y uno de los
Vicepresidentes del Banco, argumentaba que el Banco debía
financiar la reubicación de industrias contaminantes en los
países menos desarrollados. Se consideraba que esto era
eficaz en función de los costos; los países eran tan pobres
que cualquier beneficio económico sería positivo; y por
último, ¡los niveles de contaminación en esos países
todavía eran tan bajos que ese aumento de la contaminación
no sería tan malo! Actualmente, Summers es un alto
funcionario de la Administración Clinton.
De esta forma los inversores extranjeros deben estar
sujetos a un sistema regulatorio que los vigile estrechamente
para evitar prácticas de doble norma. La tecnología de
tratamiento de residuos, por ejemplo, es muy cara en muchos
países industrializados, y ésa fue una de las razones
principales para la exportación de residuos peligrosos a los
países en desarrollo en los años ochenta. La Convención de
Basilea sobre el traslado transfronterizo de sustancias
peligrosas finalizó a fines de los ochenta, y entró en
vigencia con el número requerido de signatarios en mayo de
1992. Esta convención exige la reducción de residuos en la
fuente como una obligación primaria de los estados firmantes.
Los países importadores deben poseer la tecnología apropiada
a la vez que se requiere el consentimiento informado previo de
dichos países. En este momento, las negociaciones
internacionales para explicar los detalles de los
procedimientos de consentimiento informado previo están
avanzando en forma muy lenta. Los observadores consideran esto
como una reticencia extrema por parte de ciertos países
desarrollados a imponer reglamentaciones sobre la exportación
de sustancias peligrosas a los países en desarrollo.
En 1994, las Partes de la Convención de Basilea, con un
fuerte impulso de los países del Sur, modificaron las
disposiciones pertinentes para eliminar el pretexto que
permitía la exportación de residuos peligrosos en nombre del
reciclaje. Se acordó la prohibición de todas las
exportaciones desde la OCDE, ante las fuertes objeciones de
Estados Unidos.
Principio 15
Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados
deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución
conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave
o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no
deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de
medidas eficaces en función de los costos para impedir la
degradación del medio ambiente.
El principio de precaución fue aceptado en las
negociaciones del capítulo de la Agenda 21 sobre la gestión
ambientalmente racional de los productos químicos tóxicos,
en el momento en que el grupo de la Declaración comenzó sus
discusiones. Con las crisis de calentamiento mundial y
agotamiento del ozono como contexto de las negociaciones de la
CNUMAD, hubo presiones de los Estados para que se aprobara
este principio, aunque hubo algunos países que se opusieron.
La preocupación de la mayor parte de la legislación
ambiental ha sido principalmente el establecimiento de normas
"aceptables" sobre la contaminación de efluentes
agrícolas, aguas residuales y residuos industriales, así
como contaminantes del aire.
A la vez que este concepto de control de la contaminación
continua funcionando, la prevención se torna cada vez más
importante dado que hay cada vez más evidencias de que gran
parte del daño ambiental que se produce actualmente es
irreversible.
Los países nórdicos y Estados Unidos querían incluir
medidas y enfoques preventivos, pero esta posición no fue
apoyada por los demás países.
Principio 16
Las autoridades nacionales deberían procurar fomentar la
internalización de los costos ambientales y el uso de
instrumentos económicos, teniendo en cuenta el criterio de
que el que contamina debe, en principio, cargar con los costos
de la contaminación, teniendo debidamente en cuenta el
interés público y sin distorsionar el comercio ni las
inversiones internacionales.
Los países del Norte promovieron los mecanismos de mercado
como herramienta principal de gestión ambiental, en la que
los costos ambientales eran internalizados en la fijación de
precios de productos y servicios. Como parte de esto, debía
incluirse el principio "el que contamina paga". El
Grupo de los 77 y China fueron cautelosos, argumentando que no
había consenso internacional sobre este principio. La UNCTAD
VIII había discutido herramientas económicas que se podrían
utilizar para integrar medio ambiente y desarrollo, y
resultaba necesario examinar el tema. Una vez más, estaban
preocupados de que este principio tuviera como resultado otra
carga para los países en desarrollo. Por ello, propusieron un
texto que calificara la internalización de los costos
ambientales, para asegurar que el proceso sería controlado a
escala nacional, sin obstaculizar el crecimiento económico de
los países en desarrollo o poner en peligro su posición
competitiva en el mercado internacional. Alemania y Estados
Unidos se vieron frustrados por la moderación del principio
"el que contamina paga". Nueva Zelanda y Rusia
afirmaron que el principio podía ser absorbido en algún otro
lugar y que no necesariamente debía figurar por separado.
Finalmente se llegó a un compromiso.
Los debates sobre este principio reflejaron nuevamente las
complejidades de la c