Martin Khor
I. INTRODUCCIÓN
Uno de los temas más importantes y más controvertidos del
proceso de la CNUMAD fue el del papel de las empresas
trasnacionales en la crisis ambiental, y el lugar que esto
ocuparía en los documentos y procesos oficiales de la CNUMAD.
Varias organizaciones no gubernamentales claves, entre las
que se destacan la Red del Tercer Mundo y Greenpeace
Internacional, identificaron el papel marginal concedido a las
trasnacionales en los documentos de la CNUMAD tales como el
Programa 21, entre las carencias más importantes de todo el
proceso de la Cumbre de la Tierra.
Las ONG señalaron que igualmente importante era la manera
extraña en que la propia secretaría de la CNUMAD parecía
deliberadamente restar importancia al papel de las
trasnacionales, e incluso dejar a un lado documentos
importantes que abordaban directamente el tema y que habían
sido elaborados por un organismo de Naciones Unidas (el Centro
de Naciones Unidas sobre Empresas Trasnacionales, o UNCTC, por
su sigla en inglés), bajo la dirección del ECOSOC.
Los documentos finales de la CNUMAD no impusieron
obligaciones significativas a las trasnacionales para lograr
conductas ambientalmente racionales.
Por el contrario, en el proceso de la CNUMAD aparecen las
grandes empresas abogando por un enfoque voluntario, de
autorregulación, como la forma de resolver su propio papel
con relación al medio ambiente. Fue el secretario general de
la CNUMAD, Maurice Strong, quien impulsó activamente este
enfoque como una alternativa a que la CNUMAD fijara
obligaciones o reglamentaciones específicas y directas acerca
de la conducta de las trasnacionales. A partir de su
iniciativa, algunos dirigentes del mundo de la gran empresa
crearon un Consejo Comercial para el Desarrollo Sustentable.
El Consejo presentó su propio Código de Conducta, el que
finalmente sirvió para eludir la imposición de obligaciones
en los documentos oficiales de la CNUMAD.
El intento de mantener la regulación de las trasnacionales
fuera del proceso y los documentos de la CNUMAD tuvo éxito, y
fue solo una de las variadas estrategias llevadas adelante
durante y después del periodo de la CNUMAD y que
decisivamente colocaron a las trasnacionales fuera del alcance
de la regulación gubernamental o internacional.
Algunas de ellas fueron: (i) el cierre de la propia UNCTC,
el cierre también de la Comisión de las Naciones Unidas
sobre las Empresas Trasnacionales y con ello el fin de los
prolongados esfuerzos por concluir un Código de Conducta
sobre las Empresas Trasnacionales; (ii) las negociaciones y la
conclusión de un Acuerdo sobre Medidas de Inversión
Relacionados con el Comercio (TRIM) en el Acuerdo General
sobre Aranceles y Comercio (GATT), y (iii) las subsiguientes
negociaciones sobre un Acuerdo Multilateral sobre Inversión
en los países de la OCDE así como discusiones sobre la
posibilidad de un tipo similar de acuerdo en la Organización
Mundial de Comercio. Esto último, si culmina en Acuerdos,
prohibiría a los gobiernos signatarios regular la entrada u
operaciones de las trasnacionales, incluso en sus propios
territorios.
II: LA IMPORTANCIA DEL TEMA DE LAS TRASNACIONALES Y EL
MEDIO AMBIENTE
Algunas de las organizaciones no gubernamentales (ONG) más
influyentes en el proceso de la CNUMAD identificaron la
ausencia de obligaciones ambientales para las trasnacionales
como la carencia más perjudicial.
La Red del Tercer Mundo y Greenpeace Internacional
argumentaron que el papel de las trasnacionales era quizás el
tema más importante a abordar en cualquier intento serio para
resolver la crisis ambiental mundial.
Según un documento de trabajo de la Red del Tercer Mundo,
"La negativa a regular las trasnacionales: ¿el mayor
fallo de la CNUMAD?", divulgado en la Cuarta Reunión del
Comité Preparatorio (Prepcom 4) en marzo de 1992, el motivo
fue porque las trasnacionales, si bien escasas en número,
intervienen en el mayor sector de la actividad económica
mundial y son las principales entidades responsables de la
crisis ambiental mundial:
* las trasnacionales dedicadas a la producción petrolera,
el transporte vial, la producción de clorofluorocarbonos, la
generación de electricidad, la producción de metales
radiactivos y la agricultura, representan aproximadamente el
50 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto
invernadero, según un estudio del Centro de las Naciones
Unidas sobre las Empresas Trasnacionales.
* las trasnacionales dominan el comercio (y en muchos la
casos la extracción o producción) de recursos naturales y
productos básicos, provocando el agotamiento o degradación
de los bosques, los suelos, el agua y los recursos marino y la
biodiversidad a través de las actividades de minería,
perforación, explotación maderera y agricultura a gran
escala.
* las trasnacionales dominan la industria y el transporte
mundiales y nacionales, y participan en las actividades
productivas que provocan contaminación atmosférica, peligros
industriales y en el trabajo, desechos tóxicos y productos
inseguros.
* las trasnacionales también son las principales
transmisoras de sistemas de producción perjudiciales para el
medio ambiente y materiales peligrosos hacia el Tercer Mundo.
Entre los ejemplos pueden citarse los plaguicidas y
medicamentos inseguros, prohibidos en el país de origen pero
exportados al Tercer Mundo; la reubicación de industrias
contaminantes en el Tercer Mundo y el funcionamiento con
niveles de seguridad menos rigurosos (lo que provoca
accidentes tales como el desastre de Bhopal, en India); el
vertido de desechos radiactivos en el Pacífico Sur; y la
exportación de desechos peligrosos a África, América Latina
y partes de Asia.
III: LA NECESIDAD DE UNA REGULACIÓN MULTILATERAL
El documento de la Red del Tercer Mundo también
argumentaba que podía encontrarse abundante evidencia en las
experiencias pasadas (y recientes) que demostraban que la
"autorregulación" por la industria no podía ser un
sustituto adecuado a la regulación pública. En apoyo de esta
declaración presentó los siguientes argumentos:
Las empresas dedicadas a la extracción de recursos no
muestran signos de limitar el crecimiento o reducir los
impactos ambientales negativos de sus actividades. Las
trasnacionales aceleraron la venta de sustancias peligrosas,
productos y desechos al Tercer Mundo, a pesar de la creciente
protesta pública. Incluso dentro de los países del Norte hay
numerosos ejemplos de cómo las grandes compañías continúan
vendiendo productos que sus propias pruebas internas
demuestran que son peligrosos (el caso de los implantes de
senos artificiales en Estados Unidos es tan solo un ejemplo).
Debido al entorno altamente competitivo en el que trabajan
las empresas, el principio rector es el de la máxima
ganancia, para evitar la pérdida de confianza de potenciales
accionistas y la absorción de una compañía rival. Las
compañías individuales luchan por mejorar sus niveles
mínimos no pueden permitirse adoptar niveles de producción o
de productos que estén por encima (en términos ambientales y
de seguridad) que el de sus rivales, por temor a perder la
ventaja competitiva.
En esas circunstancias es imposible esperar la
autorregulación de las compañías. Por lo tanto, lo que se
requiere es la regulación pública, a través del
establecimiento de normas para toda la industria, apoyadas por
la fuerza coactiva de la ley.
No obstante, tampoco alcanza con esperar que los gobiernos
de manera individual controlen a las trasnacionales ellos
solos. En primer lugar, hay una competencia feroz e intensa
entre los países; el gobierno de un país no estaría muy
dispuesto a legislar normas más rigurosas que las de sus
países competidores. En segundo lugar, las trasnacionales son
tan enormes en dimensiones económicas (en términos de
acciones, giro comercial, empleo, inversión) que superan a
más de un país, especialmente del Sur. La mayoría de los
gobiernos no pueden, por sí solos, ni siquiera empezar a
monitorear adecuadamente (mucho menos regular o controlar) a
las trasnacionales instalan en sus países, debido a la falta
de información y divulgación, o la divulgación inadecuada
de las actividades de las empresas, y la total ausencia de
influencia ante el inmenso poder de las trasnacionales.
Por lo tanto, no solo debe haber monitoreo y
reglamentación de las trasnacionales a nivel de los gobiernos
individuales, sino por lo menos tan importante, a nivel
internacional o multilateral. De lo contrario, no habrá
medios adecuados o efectivos para monitorear y chequear las
actividades ambientalmente perjudiciales de los principales
agentes económicos del mundo, y no se avanzará en la
búsqueda de soluciones efectiva a la crisis ambiental
mundial.
El documento de la Red del Tercer Mundo establecía que
"si se quiere salvar al proceso de la CNUMAD de
convertirse en una farsa" es necesario abordar la
cuestión de las tendencias recientes y la condición actual
relativa a las trasnacionales y el desarrollo sustentable.
Propuso que la CNUMAD adoptara las siguientes medidas:
* El Programa 21 debe contener todo un capítulo sobre las
actividades y efectos de las trasnacionales y las grandes
empresas comerciales, con propuestas de acción para la
regulación y el monitoreo público, con relación a aspectos
tales como la divulgación pública de la información, salud
y seguridad, efectos ambientales y consecuencias sociales y
para el desarrollo.
* El Programa 21 debe estipular propuestas para el
establecimiento de mecanismos internacionales y multilaterales
convenidos e instituciones para monitorear, analizar,
desarrollar criterios y principios para una conducta ética y
ambientalmente armónica, y regular las actividades de las
trasnacionales. Entre los sectores que sería necesario
abarcar figuran: aspectos ambientales, de salud y de
seguridad; aspectos sociales y de desarrollo; y prácticas
comerciales restrictivas que despojan a los estados y al
público de todos sus beneficios.
* El proceso de la CNUMAD debe reafirmar el principio de
que los estados (especialmente los países en desarrollo)
tienen el derecho de regular la entrada, el establecimiento y
las actividades de las trasnacionales; y que las
trasnacionales tienen el deber de respetar la soberanía
nacional, respetar la salud y los derechos ambientales del
público, y abstenerse de actividades financieras, de
fijación de precios o tecnológicas que provoquen
dificultades socioeconómicas a los países receptores. Estos
son principios contenidos en el proyecto del Código de
Conducta de las trasnacionales.
* la CNUMAD debe enviar un mensaje claro a otros foros
tales como el GATT, de que para hacer posible la protección
del medio ambiente, la promoción del desarrollo sustentable y
en definitiva el futuro de la Tierra y la humanidad, los
derechos y libertades de las trasnacionales y otras empresas
comerciales son secundarios comparados con los derechos
prioritarios de los individuos y los estados, por lo que deben
someter sus actividades y desempeño a reglamentaciones, leyes
y directrices que puedan asegurar la reducción de los
problemas ambientales y de desarrollo que amenazan hacer
sucumbir a la Tierra y la humanidad.
* la comunidad internacional debería adoptar medidas
urgentes para fortalecer instituciones y mecanismos que puedan
desempeñar la función de monitoreo y supervisión y elaborar
instrumentos reguladores para las trasnacionales. Como medida
inicial, debería restaurarse plenamente la UNCTC y ser
fortalecida en términos de recursos y funciones. Deberían
reforzarse los aspectos de las actividades de la UNCTAD
vinculados a las trasnacionales, como su trabajo en la
solución de las prácticas comerciales restrictivas y el
código de conducta sobre transferencia de tecnología.
* debería prestarse ayuda a los gobiernos nacionales para
mejorar su capacidad de comprender, controlar y regular las
actividades de las empresas, especialmente las trasnacionales.
Deben asignarse recursos financieros y técnicos para este fin
como parte de las actividades del Programa 21.
* deben crearse mecanismos internacionales para obligar a
las trasnacionales a hacerse responsables en casos de
compensación y otros pagos por los efectos perjudiciales
causados por sus actividades en el medio ambiente, la
seguridad y la salud.
Mientras tanto, Greenpeace Internacional publicó y
distribuyó en la Cumbre de la Tierra de junio de 1992 un
informe muy útil, "The Greenpeace Book on
Greenwash", que refuta el enfoque de autorregulación
como control de las trasnacionales. El folleto ofrecía diez
estudios de caso de empresas líderes que aducían que habían
cambiado y que ahora eran "ecológicas", y demostró
cómo en realidad sus actividades o productos seguían siendo
perjudiciales para el medio ambiente. Greenpeace concluía que
la autorregulación o los códigos voluntarios por parte de la
industria no funcionarían, y también reclamó la
introducción de reglamentación para contener los efectos
ambientalmente nocivos de las trasnacionales.
La preocupación por el papel de las trasnacionales
manifestado por la Red del Tercer Mundo y otras ONG, fue
transmitida a varias delegaciones oficiales durante las
reuniones preparatorias de la Cumbre. Las delegaciones de
numerosos países en desarrollo se mostraron receptivas a
estas inquietudes.
Los países en desarrollo que integran el Grupo de los 77
propusieron que el tema de las trasnacionales y la gran
empresa fuera parte de discusiones transectoriales, que
podrían desembocar en la inclusión del tema en el Programa
21. Posteriormente, la reunión del Prepcom 3 de setiembre de
1991, adoptó una decisión sobre la estructura y
organización del Programa 21 (A/CONF.151/PC/L.49, de fecha 4
de setiembre de 1991) pidiendo al secretario general de la
CNUMAD "integrar plenamente consideraciones en materia de
desarrollo y las necesidades y realidades, en especial de los
países en desarrollo, en todos los documentos del Programa
21, teniendo en cuenta la estrecha relación entre desarrollo
y medio ambiente." La decisión expresaba que esto
debería incluir como mínimo una lista de ocho temas, uno de
los cuales era "las grandes empresas industriales,
incluidas empresas trasnacionales, prácticas comerciales y
medio ambiente".
IV: EL TRATAMIENTO DE LAS PROPUESTAS DE LA UNCTC PARA LA
CNUMAD
Durante las fases preparatorias de la CNUMAD, el organismo
que actuaba como punto focal dentro del sistema de la ONU para
el tema de las trasnacionales era la UNCTC. Los objetivos
principales del Centro eran "avanzar en la comprensión
de esas compañías, asegurar acuerdos internacionales
efectivos relacionados con sus actividades y fortalecer la
capacidad negociadora de los países en desarrollo
receptores". La UNCTC había sido creada en 1974 a partir
de la preocupación de los países en desarrollo por el
creciente poder de las trasnacionales que temían pudiera
amenazar a los países más pequeños o más débiles que
querían preservar su soberanía económica. Los países en
desarrollo también querían aumentar la extensión de los
beneficios que pudieran obtener de las inversiones
extranjeras, a la vez de reducir los costos. La UNCTC era
también la Secretaría para la Comisión de las Naciones
Unidas sobre las Empresas Trasnacionales. Durante muchos
años, la Comisión había discutido la adopción de un
Código de Conducta para las Trasnacionales, que dejaría
sentado los derechos de los estados y los inversionistas
extranjeros, y las correspondientes obligaciones de cada
parte. La discusión sobre los varios y diversos proyectos de
este Código había sido políticamente la función más
importante de la Comisión; y por lo tanto para la UNCTC la
administración de esta discusión había sido también su
tarea más destacada.
Para el proceso de la CNUMAD, la UNCTC surgió como uno de
los organismos internacionales más activos. Emprendió varios
estudios y divulgó informes en las reuniones preparatorias
(Prepcom), entre ellos: Encuesta Ambiental de Empresas de
Referencia; Criterios para una Administración del Desarrollo
Sustentable; y Cambio Climático y Empresas Trasnacionales. El
personal de la Unidad Ambiental de la UNCTC tomó parte activa
en las reuniones preparatorias, incluso participando en
discusiones con las ONG y realizando exposiciones en las
sesiones plenarias.
El documento más importante de la UNCTC para la CNUMAD fue
"Empresas Trasnacionales y Desarrollo Sustentable:
Recomendaciones del Director Ejecutivo". Fue publicado
como un documento del ECOSOC (E/C.10/1992/2 de fecha 16 de
diciembre de 1991) para la 18ª Sesión de la Comisión sobre
Empresas Trasnacionales realizada el 23 y 24 de enero de 1991.
Según dice en la Introducción, el documento fue una
respuesta a la resolución del ECOSOC (resolución 1991/55 del
26 de julio de 1991) que solicitaba al Director Ejecutivo de
la UNCTC, después de amplias consultas con organizaciones
empresariales internacionales y otros organismos pertinentes,
elaborar recomendaciones prácticas y orientadas a la acción
sobre cooperación para la protección y el mejoramiento del
medio ambiente en todos los países. El documento de la UNCTC
también fue elaborado con miras a contribuir al cumplimiento
de la Decisión en el Prepcom 3, que requería a la
Secretaría de la CNUMAD que integrara consideraciones de
desarrollo en los documentos del Programa 21, incluso grandes
empresas industriales, trasnacionales, prácticas comerciales
y medio ambiente.
El informe de la UNCTC contenía un conjunto amplio de
recomendaciones sobre cinco esferas programáticas básicas en
que las grandes empresas, incluidas las trasnacionales, puden
contribuir con los objetivos de desarrollo sustentable: (a)
administración mundial ambiental de las empresas; (b)
reducción al mínimo de los riesgos y peligros; (c) modelos
de consumo ambientalmente más racionales; (d) responsabilidad
ambiental de todos los costos y (e) convenios, normas y
directrices ambientales. El informe subrayó que las
recomendaciones específicas dentro de cada área
programática se derivaban de las prácticas vigentes de las
empresas más destacadas en medio ambiente. Las
recomendaciones también se refieren a otros actores,
particularmente gobiernos y organizaciones internacionales, ya
que los incentivos y las normas reguladoras pueden permitir a
los mercados funcionar con mayor eficacia.
El documento de la UNCTC comienza con un argumento racional
o resumen de los objetivos de las cinco áreas programáticas
propuestas. Luego abarca cada una de las cinco áreas. Acorde
con el formato para el Programa 21, el documento presenta los
argumentos y las recomendaciones de acción de las cinco
áreas programáticas propuestas según los siguientes
encabezados por tema: (A) Bases para la acción; (B)
Objetivos; (C) Actividades; y (D) Medios de aplicación.
También se sugieren fechas tope para transformar las
recomendaciones en esfuerzos orientados a la acción y
practicables.
El documento era conciso, con 17 páginas de texto (y otras
19 páginas de referencias y notas). Estaba redactado y
presentado de manera que permitía ser adoptado como proyecto
para su discusión en algún artículo o capítulo del
Programa 21.
Las principales propuestas de la UNCTC incluyen lo
siguiente:
(1) Administración Ambiental Mundial de las Empresas
Los elementos comunes de las compañías con mejores
prácticas son políticas empresariales sobre medio ambiente
claras, estructuras institucionales y sistemas de información
para monitorear los avances hacia el desarrollo sustentable.
Los objetivos específicos son:
(a) Desarrollo de prácticas empresariales para un cambio
hacia el desarrollo sustentable. Esto implica preparar una
declaración formal de políticas empresariales sobre el
compromiso de la empresa para con el desarrollo sustentable y
su propagación a través de la estructura de la empresa.
(b) Establecimiento o fortalecimiento de sistemas de
administración ambiental mundial de las empresas y
estructuras organizativas para supervisar y monitorear el
ajuste a una empresa administrada sustentablemente. Los pasos
a dar incluyen la integración de objetivos ambientales y de
desarrollo en todos los programas de incentivo empresarial y
organizativos, y en cada firma designar entre los funcionarios
más antiguos a los responsables de los asuntos ambientales.
(c) Integración de las preocupaciones ambientales de las
empresas en las necesidades de desarrollo sustentable de los
países receptores. Esto implica examinar el impacto de la
firma en las necesidades ambientales y de desarrollo del país
receptor tomando en cuenta los insumos de las filiales en los
procesos decisorios de la empresa.
(d) Aplicar los programas y las prácticas empresariales
exigidas para apoyar los objetivos ambientales y de desarrollo
en todas las actividades desplegadas en todo el mundo. Esto
permite adoptar una estrategia de dirección de un producto
con el apoyo de programas de capacitación y educación para
aumentar entre los empleados y los ejecutivos el conocimiento
de la política de desarrollo sustentable de la empresa.
(2) Reducción al mínimo de los riesgos y peligros
La reducción al mínimo de los riesgos y peligros promueve
objetivos de desarrollo sustentable a través de la
evaluación y anticipación de riesgos ambientales, el
análisis y monitoreo de problemas ambientales y a través de
la creación de conciencia. Los objetivos específicos son:
(a) La realización de prácticas ambientales coherentes en
todas las actividades en todo el mundo. Las empresas pueden
aplicar técnicas de evaluación del riesgo y análisis de los
peligros que luego sirvan para toda la empresa, y proporcionar
a todas las actividades el conocimiento, la técnica y el
equipo adecuado;
(b) La reducción de emisiones y desechos en la fuente a
través de cambios en los insumos y procesos, en lugar de
apostar al tratamiento al final del proceso. La reducción en
la fuente implica controlar las emisiones de efluentes en
todas las operaciones en todo el mundo, mejorando el materia y
la eficiencia energética y utilizando tecnologías
ambientalmente más racionales;
(c) La eliminación o reducción al mínimo de la
utilización y exportación de procesos, productos y servicios
altamente peligrosos en todas las actividades de la empresa.
La reducción al mínimo de los peligros implica una
evaluación por parte de la empresa de las consecuencias
ambientales y sobre la salud de las actividades de la empresa,
apoyadas por los esfuerzos del gobierno para publicar listas
prioritarias de productos químicos, procesos y servicios muy
peligrosos.
(3) Modelos de consumo ambientalmente más racionales
Centrarse en modelos de consumo ambientalmente más
racionales permite a una administración lúcida identificar
posibles mercados, productos nuevos e inversiones nuevas para
reemplazar las actividades perjudiciales para el medio
ambiente que necesitan ser eliminadas. Los objetivos
específicos son:
(a) Informar a los trabajadores, distribuidores,
vendedores, consumidores y comunidades de los efectos reales y
posibles de los productos de la empresa y de las medidas que
pueden adoptar para mitigar cualquier efecto adverso. Esto
implica aumentar la corriente ambiental a través de toda la
empresa, la elaboración de normas de divulgación de la
información y la información a las comunidades locales
acerca de las condiciones de seguridad y riesgo de los
productos.
(b) La elaboración y rediseño de productos y servicios
para un cambio hacia un estilo de vida sustentable. Las
medidas incluyen la promoción de la durabilidad del producto
a través de esfuerzos de control de calidad en toda la
compañía y el énfasis en su condición inocua para el medio
ambiente en la mezcla del producto de la empresa.
(4) Responsabilidad ambiental de todos los costos
Internalizar los costos ambientales a largo plazo en el
proceso de responsabilidad es vital para calibrar
adecuadamente el valor de los recursos naturales y los
servicios ambientales. Objetivos específicos:
(a) La inclusión de consideraciones ambientales en la
responsabilidad empresarial e información para relacionar las
actividades ambientales de una empresa con su posición
financiera y sus resultados. Los pasos iniciales para crear
prácticas de responsabilidad ambiental e información
implican separar el gasto ambiental de otros gastos y medir el
pasivo ambiental de la empresa.
(b) La incorporación de todos los costos ambientales en la
producción de bienes y servicios para enviar señales de
precio justo a los productores y consumidores. La inclusión
total de los costos ambientales implica pagar por el uso de
recursos ambientales comunes, eliminar distorsiones de los
precios motivas por programas estatales que afectan la tierra,
el agua, la energía y otros recursos naturales, y la
aplicación de políticas de inversión y comerciales que
desalienten el uso excesivo de recursos naturales.
(5) Convenios, normas y directrices ambientales
Los convenios, normas y directrices ambientales pueden
ayudar a lograr un consenso internacional sobre normas
mínimas de conducta ambiental de las empresas. Los objetivos
específicos son:
(a) La observancia y posterior desarrollo de directrices e
instrumentos ambientales internacionales y regionales. Esto
implica fomentar la consulta con los actores empresariales en
la elaboración de directrices y normas y asegurar su
transmisión a través de la estructura de la empresa.
(b) La observancia y posterior desarrollo de una
legislación ambiental nacional. Esto exige esfuerzos por
parte del gobierno para establecer o fortalecer un ámbito de
regulación para apoyar el desarrollo sustentable y facilitar
el acceso a todas las leyes y reglamentaciones nacionales
apropiadas.
(c) Observancia y posterior desarrollo de normas y
directrices sobre la asociación comercial de la industria. Al
adoptar y aplicar las directrices más practicables convenidas
por la industria, y elaborar normas de responsabilidad para
dichas directrices, las empresas pueden demostrar liderazgo
autorregulador.
Lo anterior es tan solo un resumen de los argumentos y las
medidas propuestas. El documento de la UNCTC contiene varias
propuestas detalladas que sugerían calendarios para su
aplicación. La mayoría de las medidas propuestas se derivan
de prácticas o propuestas buenas existentes en las propias
grandes empresas. Así, las propuestas no son radicales en
términos de cuestionar el paradigma dentro del cual funcionan
los negocios, si bien, por supuesto, sugieren formas
importantes por las cuales las compañías deberían moverse
hacia prácticas más sustentables. Hay también algunas
propuestas que requerirían discusiones considerables. Por
ejemplo, ¿cómo afectaría la propuesta internalización de
los costos ambientales en los precios, la demanda, los
ingresos y las perspectivas de desarrollo de los países en
desarrollo exportadores de productos básicos?
No obstante, en total, el conjunto de recomendaciones de la
UNCTC contenía las propuestas más serias y detalladas sobre
cómo el Programa 21 podía abordar la cuestión de las
responsabilidades de las trasnacionales y las grandes empresas
comerciales. La UNCTC llevó a cabo actividades adicionales
para promover sus recomendaciones. Nombró asesores para el
Director Ejecutivo con relación al tema de Trasnacionales y
Desarrollo Sustentable a efectos de que tuviera mayores
aportes y sugerencias. Compiló un documento que ilustraba
cómo algunos de los capítulos del Programa 21 podían
incorporar las recomendaciones de la UNCTC. Pidió a los
países y organismos que hicieran comentarios sobre el
documento de recomendaciones, y compiló extractos de los
comentarios. También elaboró documentos comparando sus
recomendaciones con otras directrices, incluso la Carta
Comercial de ICC, y directrices de asociaciones comerciales,
de la OCDE y de la Unión Europea.
Por lo menos, el documento debería haber sido presentado
por la Secretaría de la CNUMAD para su discusión o tan
siquiera para la información de los participantes de la 4ª
reunión de la Comisión Preparatoria en marzo de 1992, en la
medida que el documento había sido elaborado en diciembre de
1991.
Pero el documento tuvo una suerte extraña y lamentable. En
una reunión de la Comisión de las Naciones Unidas sobre las
trasnacionales en enero de 1991, la industria junto con
Estados Unidos, la Unión Europea y Japón dejaron claro su
oposición a las recomendaciones.
La secretaría de la CNUMAD tampoco incluyó las
recomendaciones del UNCTC en los borradores del Programa 21,
ni divulgó las recomendaciones (contenidas en E/C.10/1992/2)
a los delegados de la CNUMAD en la 4ª reunión de la
Comisión Preparatoria (Prepcom 4) para su discusión.
El resultado fue que no se prestó atención alguna al
documento del UNCTC en el proceso formal de la CNUMAD. No
Obstante, algunas ONG que tuvieron acceso al documento
señalaron el valor de sus recomendaciones y también
criticaron a la Secretaría de la CNUMAD por haber ignorado su
existencia, aparentemente de manera deliberada.
Pero todavía le aguardaban cosas peores al UNCTC. En
febrero de 1992, el secretario general de las Naciones Unidas,
Boutros Boutros-Ghali, a pocas semanas de haber asumido el
cargo, anunció que se disolvían 12 oficinas y departamentos
y 14 puestos de antigüedad de Naciones Unidas (ver Red del
Tercer Mundo, 1992a). Los más afectados fueron los
departamentos que habían estado abocados a los temas de
desarrollo económico y social y a la coordinación. El UNCTC
así como otros organismos (el cargo de Director General para
el Desarrollo y la Cooperación Internacionales, el
Departamento de Asuntos Internacionales y Sociales, el
Departamento de Cooperación Técnica para el Desarrollo, el
Centro para la Ciencia y la Tecnología para el Desarrollo)
fueron clausurados como entidades separadas y pasaron integrar
un nuevo Departamento de Desarrollo Económico. El cargo de
Director Ejecutivo del UNCTC fue uno de los eliminados. Estos
organismos y departamentos habían sido creados por la
Asamblea General de la ONU después de considerables
discusiones y negociaciones, pero fueron eliminados de un
plumazo. Los jefes de esos departamentos fueron transferidos y
no se les renovaron los contratos.
Los movimientos en pro de la reestructura de la ONU
estuvieron asociados con la creciente influencia de las
grandes organizaciones pro empresariales que habían ganado
mucho terreno en los asuntos internacionales (Red del Tercer
Mundo 1992a). En general se creía que los cambios de la ONU
se daban a partir de extensas deliberaciones entre el
secretario general de la ONU y el embajador de Estados Unidos
ante la ONU. Un artículo publicado en el semanario
estadounidense The Nation, reveló los estrechos
vínculos existentes entre poderosas organizaciones pro
empresariales de Estados Unidos y el proceso de reestructura
de la ONU. Dijo que se habían confirmado los peores temores
de muchos en la ONU en cuanto a que el papel del entonces
recientemente designado Dick Thornburgh, estadounidense, al
cargo de subsecretario general de la ONU, no fue "sólo
para reducir la organización a las dimensiones que desea
Estados Unidos, sino también para moldearla a imagen de los
deseos de la derecha estadounidense". Los intereses
empresariales no estaban conformes en los últimos años con
los programas sociales de la ONU, tales como la promoción del
Código de Conducta para las Trasnacionales, del UNCTC, o los
esfuerzos de la Organización Mundial de la Salud por
controlar la propagación de sucedáneos de la leche materna
que habían reducido el amamantamiento en el mundo en
desarrollo. Los intereses comerciales tenían ahora la
oportunidad de disminuir o desmantelar las actividades de la
ONU que respondían a las demandas públicas de mayor
rendición de cuentas por parte de las empresas.
En el proceso de la CNUMAD, la gran empresa logró ejercer
una tremenda influencia a través de ciertas delegaciones para
borrar cláusulas o medidas en los proyectos del Programa 21
que reclamaban mayor supervisión o reglamentación de las
conductas empresariales. El tratamiento que se dio a las
recomendaciones del Director Ejecutivo del UNCTC y la clausura
del propio UNCTC fueron los signos más claros de la
influencia efectiva ejercida por los intereses de la gran
empresa y por algunos gobiernos que actuaban en función de
dichos intereses en el proceso de la CNUMAD.
V: LA SECRETARÍA DE LA CNUMAD PROMUEVE LA AUTORREGULACIÓN
DE LAS TRASNACIONALES Y EL INCUMPLIMIENTO DE LAS OBLIGACIONES
No haber considerado las recomendaciones del UNCTC fue
también parte del enfoque adoptado por el secretario general
de la CNUMAD para restarle peso a la necesidad de supervisión
internacional y regulación de las trasnacionales, y en lugar
de eso destacar la conveniencia de que las grandes empresas se
regulen a sí mismas, así como su voluntad de hacerlo.
Esto se hizo patente cuando el secretario general de la
CNUMAD, Maurice Strong, promocionó el Consejo Empresarial
para el Desarrollo Sustentable. Se trataba de una nueva
agrupación de unos 48 directores ejecutivos o presidentes de
sectores industriales, entre ellos energía, productos
químicos, silvicultura, plaguicidas, transporte, finanzas y
comunicaciones, presidida por Stephan Schmidheiny, dueño de
Swatch, la compañía de control suiza. Según Greer y Bruno
(1991:pág. 28-29): "El Consejo Empresarial para el
Desarrollo Sustentable intentó robar escena en la CNUMAD con
el argumento de que las trasnacionales voluntariamente habían
emprendido un nuevo camino de sostenibilidad y que son
líderes en el desarrollo sustentable". El Consejo fue
creado a fines de 1990 a pedido explícito de Strong, quien lo
asistió personalmente en la presentación de sus propuestas y
lo ayudó a editar su libro "Changing Course: A global
business perspective on development and environment"
(Cambio de curso: una perspectiva empresarial global sobre el
desarrollo y el medio ambiente). Pagó tributo a la
"contribución extremadamente importante" que el
Consejo hizo a la Cumbre de la Tierra. Strong también nombró
a Schmidheiny como su Asesor Principal para el Comercio y la
Industria.
También se dio preponderancia a la máxima asociación de
trasnacionales, la Cámara Internacional de Comercio (ICC). La
ICC creó un grupo de trabajo de representantes de empresa
para crear una Carta de Empresas para el Desarrollo
Sustentable, que fue lanzada en abril de 1991 en la Segunda
Conferencia Mundial de la Industria sobre Gestión Ambiental,
organizada por la ICC conjuntamente con el Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la
Secretaría de la CNUMAD. La Carta constaba de 16 principios
para la gestión ambiental, básicamente cortas declaraciones
generales de una línea sobre diversos temas, sin más
detalles en cuanto a su aplicación. Los temas abarcados eran:
prioridad empresarial, administración integrada, educación
de los empleados, evaluación previa, asesoramiento al
cliente, investigación, enfoque de precaución, aptitud para
la emergencia, transferencia de tecnología, observación e
información. Según la ICC, la Carta "ofrece un marco de
referencia básico para la acción de empresas y
organizaciones comerciales de todo el mundo". De hecho,
la Carta fue el esfuerzo de la ICC por presentar un conjunto
de principios que la industria intentaría que sus miembros
firmaran, sin un mecanismo para supervisar si los firmantes
tenían realmente la intención de observarlos. La Carta fue,
pues, una mera declaración de intenciones y ni siquiera un
medio para la autorregulación de la industria. Obviamente, su
propósito fue contrarrestar las demandas de las ONG, el
público y algunos gobiernos en cuanto a que las grandes
empresas debían ser monitoreadas y reguladas y que esto
debía ser una parte sustancial del Programa 21.
La Secretaría de la CNUMAD hizo clara su preferencia. Las
recomendaciones meticulosamente concebidas por UNCTC sobre
"Empresas Trasnacionales y Desarrollo Sustentable"
pensados como aportes al Programa 21 de la CNUMAD fueron
archivadas, y en su lugar se promocionó activamente la Carta
de Empresas para el Desarrollo Sostenible, de la ICC. Varias
ONG criticaron la actitud de la secretaría de la CNUMAD con
el argumento de que un conjunto voluntario de principios
generales no podía sustituir adecuadamente a códigos y
reglamentaciones multilateralmente convenidas, cuyo
cumplimiento por las industrias puede exigir el Estado.
Los representantes de las grandes empresas también
desempeñaron un papel importante como grupos de presión que
trabajaron para que el tema de la regulación quedara excluido
de los documentos de la CNUMAD. Según Greer y Bruno (1996:
pág. 25): "En marzo de 1992, durante la cuarta reunión
final del Comité Preparatorio de la Cumbre de la Tierra, la
Cámara Internacional de Comercio y sus miembros ejercieron
fuertes presiones para mantener fuera del Programa 21
cualquier redacción que implicara una pedido de
reglamentación de las trasnacionales... Ayudadas por el
gobierno de Estados Unidos, entre otros, las trasnacionales
llegaron incluso a sacar las palabras "empresa
trasnacionales" de muchos de los textos. En un caso la
ICC llevó su pelea a Estocolmo, donde presionó al gobierno
sueco para que retirara una propuesta en la que se exigía a
las trasnacionales la internalización de los costos
ambientales en sus procesos de rendición de cuentas e
información, y sustituirla con "invitarlas (a las
trasnacionales) a participar en el examen de las consecuencias
para internalizar los costos ambientales".
VI: EVALUACIÓN DEL CAPÍTULO DEL PROGRAMA 21 SOBRE
COMERCIO E INDUSTRIA
A pesar de la necesidad de una marco regulador multilateral
para influir en las actividades de las trasnacionales, hubo
una notoria ausencia de propuestas para la supervisión, la
reglamentación o el control internacional de las grandes
empresas comerciales y trasnacionales para asegurar que
reduzcan o detengan las actividades nocivas para el medio
ambiente natural, la salud humana y el desarrollo.
El Programa 21 contiene un Capítulo 30 sobre
"Fortalecimiento del papel de la empresa y la
industria", pero está ubicado en una sección que se
refiere a cómo pueden fortalecerse los derechos de los
grandes grupos sociales (como mujeres, jóvenes, pueblos
indígenas y organizaciones no gubernamentales). Así, la
industria y las trasnacionales son tratadas como entidades
cuyas funciones o derechos pueden fortalecerse, más que como
entidades cuyas actividades deben ser reglamentadas o sobre
las que pueden imponerse algunas obligaciones sustanciales.
El Capítulo es muy débil y escueto en cuanto a lo que
deberían hacer las empresas, cómo pueden hacerlo o los
mecanismos para supervisar o asegurar la aplicación.
Tiene una introducción de puntos básicamente muy
generales, seguidos de sólo dos áreas de programa enfocadas
a la promoción de una producción más limpia y el fomento de
una responsabilidad empresarial.
La Introducción comienza elogiando el papel crucial de la
industrial y la empresa, incluidas las trasnacionales, en el
desarrollo económico y social, su contribución a aumentar la
prosperidad, cómo las empresas comerciales ofrecer grandes
oportunidades de empleo e intercambio comercial a la vez que
contribuyen en gran medida al papel de la mujer y su avance.
Menciona cómo la industria y el comercio pueden desempeñar
una función clave en la reducción de los impactos sobre el
medio ambiente, cómo el desarrollo y la transferencia de
tecnología dependen de ambos y por qué deberían reconocer
la ordenación ambiental. Elogia a los empresarios lúcidos
que "actúan con ‘solicitud responsable’ y aplican
políticas y programas de producción responsables, fomentando
la apertura y el dialogo con los empleados y el público y
realizando auditorías ambientales y evaluaciones del
cumplimiento de las normas ambientales. Esos dirigentes del
comercio y la industria, incluidos los de las empresas
transnacionales, cada vez toman más iniciativas voluntarias
por las que promueven y aplican autocontroles y asumen mayores
responsabilidades para velar por que las repercusiones de sus
actividades en la salud humana y el medio ambiente sean
mínimas". Dice que una contribución positiva de la
empresa al desarrollo sustentable puede lograrse a través de
instrumentos económicos tales como mecanismos de mercado
libre en que los precios reflejan los costos ambientales. Se
sugiere mejorar los sistemas de producción, alentar la
inventiva y las "iniciativas voluntarias" "para
estimular opciones más variadas, eficientes y
efectivas".
El Capítulo no menciona el papel negativo de la industria,
el comercio y las trasnacionales en los problemas ambientales
y de desarrollo sustentable. Alaba el papel de las empresas,
el mercado y los empresarios, pero no subraya los diversos
mecanismos a través de los cuales agotan los recursos, dañan
el medio ambiente y crean una cultura consumista y
dispendiosa.
También prodiga elogios y promueve las iniciativas
voluntarias y la autorregulación, sin ofrecer evidencia
alguna de que sean adecuadas para controlar los efectos
ambientales de la industria. Desestima la importancia de la
reglamentación de las empresas con respecto al medio
ambiente, sin ofrecer ninguna explicación de por qué no es
necesario reglamentar (o aumentar la reglamentación) de las
empresas. Decir que mejorar los sistemas de producción o
facilitar la inventiva puede ayudar al medio ambiente es
simplemente decir lo obvio, sin obligar a la empresa a que
cumpla los objetivos. La Introducción, pues, es equívoca,
tendenciosa en la medida que destaca sólo la función
positiva de la empresa, y por tanto muy poco equilibrada.
En el área de programa sobre "fomento de una
producción limpia", los objetivos son que el gobierno y
la empresa deben apuntar a aumentar la eficiencia en el uso de
los recursos y reducir el ritmo de eliminación de los
desechos. Muchas de las diez actividades propuestas son
generales, tales como que los gobiernos y empresas deberían
fortalecer asociaciones (párrafo 30.7); los gobiernos
deberían aplicar una combinación apropiada de instrumentos
económicos y medidas normativas para promover una producción
más limpia (párrafo 30.8); los gobiernos deberían promover
la cooperación tecnológica entre las empresas (párrafo
30.11); la industria debería incorporar políticas de
producción más limpia en actividades e inversiones (párrafo
30.12) debería cooperar con los trabajadores para mejorar su
capacidad (párrafo 30.13), debería alentar a las empresas a
mejorar la conciencia ambiental y el desempeño ambiental
(párrafo 30.14). Las organizaciones internacionales deberían
mejorar la educación sobre producción más limpia (párrafo
30.15) y divulgar información sobre producción más limpia
(párrafo 30.16). La mitad de las propuestas implican la
participación de organismos gubernamentales o
internacionales, más que de la industria. En las actividades
más concretas para las empresas, son meramente
"alentadas" a informar anualmente sobre su
desempeño ambiental y adoptar sus propios códigos de
conducta voluntarios sobre práctica ambiental, tal como la
Carta de Empresas. Se trata tan sólo de expresiones de deseos
o pedidos a la industria, la empresa y las trasnacionales, y
exclusivamente en carácter voluntario. No se imponen
obligaciones a las compañías.
En el área de programa sobre "fomento de la
responsabilidad empresarial", el elogio de los
empresarios lúcidos y la debilidad de las actividades
propuestas son aún más pronunciados. Las "bases para la
acción" elogia a los empresarios por ser las fuerzas
vivas de la innovación, la mayor eficiencia del mercado y la
respuesta a los desafíos. La responsabilidad empresarial
puede desempeñar un papel destacado en el mejoramiento de la
eficiencia en el uso de los recursos, la reducción de los
riesgos, la reducción al mínimo de los desechos y la
salvaguardia del medio ambiente. No hay aquí ni el más
mínimo atisbo de sugerencia de que gran parte de la crisis
ambiental se debe precisamente al móvil de maximización de
las ganancias y el afán de lucro de los empresarios, su total
negligencia acerca de sus obligaciones sociales y ambientales,
y el marco regulador enormemente inadecuado para lograr una
mayor responsabilidad social o financiera de estas empresas
(por ejemplo por multas más estrictas o condenas de
encarcelamiento por ciertos delitos, y mayor responsabilidad
por los daños infligidos).
Los objetivos son muy débiles (alentar el concepto de
liderazgo de los empresarios y aumentar la cantidad que
aplican políticas de desarrollo sustentables). De las 12
actividades propuestas, seis están dirigidas a gobiernos u
organizaciones internacionales, y sólo seis a la empresa y la
industria. Se le pide a los gobiernos que "alienten"
el establecimiento de "empresas sustentablemente
administradas" (párrafo 30.19) y el establecimiento de
fondos de capital de constitución mixta junto con el sector
privado para proyectos de desarrollo sustentable (párrafo
30.20). Deberían también apoyar la capacitación ambiental
en el desarrollo de la empresa (párrafo 30.21). Se pide a los
organismos internacionales que alienten a los empresarios
medianos y pequeños comprometidos en prácticas de desarrollo
sustentable (párrafo 30.7), promuevan los aspectos
ambientales fortalecidos en la inversión extranjera (párrafo
30.28) y aumenten el apoyo a la investigación y el desarrollo
(párrafo 30.29).
Nuevamente, con su carácter general y vago, la mayoría de
las propuestas son sólo retóricas, sin un plan de
aplicación o puesta en vigor ni fechas para su cumplimiento.
La mitad de las propuestas no están siquiera dirigidas al
sector de la empresa, y las acciones gubernamentales
recomendadas no reclaman mayor supervisión o reglamentación.
En lugar de eso, se "fomenta" a las empresas a hacer
lo que puedan, y en carácter voluntario.
Por eso, tomado en su conjunto, el Capítulo 30 es
desequilibrado, muy flojo en lo que las empresas podrían
hacer, y ni siquiera alienta a los gobiernos u organismos
internacionales a ser los custodios de la conducta
empresarial.
El Capítulo no brinda un retrato realista del sistema
empresarial mundial que genera tanta competencia por los
recursos y las ganancias, y cuyas actividades son las que
tienen mayores y más graves impactos en el medio ambiente. La
gran empresa es considerada básicamente como buenas y
debería ser alentadas a ser aún mejor. Los gobiernos
deberían dejarlas solas, salvo para ofrecerles más aliento y
capacitación. Así, el Programa 21 hace un tratamiento
enormemente inadecuado de las mayores entidades (comercio,
industria y trasnacionales), sin plantear la necesidad de
controles extra para verificar o asegurar un mejoramiento del
desempeño empresarial.