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EL PAPEL DE LA INFORMACIÓN Y LAS COMUNICACIONES EN EL DESARROLLO SUSTENTABLE: UNA EVALUACIÓN DE LA CNUMAD

 

Roberto Bissio

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) tuvo lugar en julio de 1992 y fue la primera cumbre de lo que se ha denominado "la era de la información". Ya desde antes, la burocracia de la Organización de las Naciones Unidas, los gobiernos y la prensa utilizaban computadoras de manera bastante generalizada para el procesamiento de textos y datos; pero durante la etapa de preparación de la conferencia y en la propia "Cumbre de la Tierra" las computadoras jugaron un papel importante como herramientas de comunicación. Diseminaron por todo el mundo un volumen enorme de información sobre la conferencia desde sus etapas preparatorias y habilitaron nuevas formas de interacción entre los ciudadanos y sus organizaciones por un lado, y la instancia diplomática por el otro.

Todavía no había ocurrido la "explosión" de la red Web que contribuyó a la popularización masiva de Internet, y la comunicación a través de computadoras distaba mucho de ser algo habitual en los medios de difusión, ni siquiera en los principales países industrializados. No obstante, ya había una "masa crítica": en muchos países se disponía de las herramientas básicas (correo electrónico y conferencias electrónicas) así como de la experiencia y el entusiasmo de algunas organizaciones no gubernamentales (ONG) especializadas (muchas de las cuales hacía poco habían aunado esfuerzos en la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones-APC). La secretaría de la conferencia estaba dispuesta a experimentar, varias ONGs del Sur y redes internacionales comprendieron que la nueva información y las tecnologías en materia de comunicaciones les ofrecían una nueva oportunidad de participación y algunos financiadores se mostraron dispuestos a correr el riesgo de apoyar planteos innovadores.

Ya a principios de diciembre de 1990, las redes de los miembros de APC crearon una conferencia electrónica (en.unced.infox) para averiguar "cómo enviar información relacionada con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) de un rincón a otro del planeta, utilizando de la manera más eficiente las redes APC como una herramienta de largo alcance". Pronto se crearon varios ámbitos diferenciados de discusión virtual para discutir los distintos temas de la CNUMAD.

Cuando la cumbre finalizó, cientos (si no miles) de individuos y ONGs habían participado en las discusiones electrónicas, a veces como el único vínculo con el proceso mismo de la CNUMAD y frecuentemente como complemento de su participación directa en las reuniones a diversos niveles. Se creó un servicio de información nuevo –NGONET- para apoyar las necesidades de información y comunicación de las ONGs, y en la propia conferencia de Rio había "salas de computadoras" en la sede oficial, el centro de prensa y el "Foro Global" paralelo, vinculadas entre sí y con Internet. La conferencia electrónica ayudó a informar distribuyendo documentos oficiales, y a organizar, formar redes y generar debates haciendo circular proyectos, propuestas, volantes, ponencias y resultados de investigaciones.

Existe una percepción generalizada de que las actividades de las ONG repercutieron en los resultados de la conferencia. Es difícil establecer cuánto de ello se debió al uso de herramientas de comunicación e información por las ONGs, pero tal vez baste con notar que los participantes se sintieron alentados a seguir utilizando esas herramientas en las subsiguientes conferencias de las Naciones Unidas (sobre derechos humanos, población y desarrollo, mujer, desarrollo social, etc.).

En la época en que se realizó la CNUMAD esas prácticas todavía no se habían "oficializado", pero es necesario mencionarlas para comprender el contexto en el cual la CNUMAD manejó los temas de la información. La expansión de las nuevas tecnologías y la creciente conciencia pública acerca de su potencialidad cambiaron la naturaleza misma de la discusión. El intenso debate internacional de la década del 70 sobre el "Nuevo Orden Informativo Internacional", que apuntó a equilibrar el flujo Norte-Sur de información y las noticias internacionales, fue sofocado en los 80 por el retiro de Estados Unidos de la UNESCO, el organismo principal de apoyo a dicho proyecto. Desde ese entonces la información era un tema que había quedado fuera de la agenda de las Naciones Unidas. La CNUMAD volvió a ponerlo sobre la mesa y estableció un paradigma diferente.

Los temas referidos a la información impregnan la mayoría de los capítulos del Programa 21, con más de 50 sugerencias de programa que apuntan a la producción y utilización de datos (información y estadísticas) sobre desarrollo sustentable, mejoramiento y divulgación de métodos para evaluarlos y analizarlos, preservación, promoción e integración de la información tradicional y una gran insistencia en la creación de capacidad en esos ámbitos. Un estudio encargado por el Centro de Investigaciones Internacionales para el Desarrollo (CIID), de Canadá, identificó 414 referencias a "sectores de aplicación potencial de las tecnologías de la información". Variaban desde sensores remotos, análisis de imagen y sistemas de información geográfica a formación de redes electrónicas y sistemas expertos.

El capítulo final del Programa 21 está dedicado específicamente a la "información para la adopción de decisiones". Este capítulo 40 llama la atención sobre el hecho de que existen grandes diferencias entre los países desarrollados y en desarrollo en cuanto a la disponibilidad de datos, y la calidad y posibilidades de acceso a ellos. Señala que hay una deficiencia generalizada en la capacidad de los países en desarrollo, y en muchas esferas en el plano internacional, para la reunión y la evaluación de datos, su transformación en información útil y su divulgación. También pone énfasis en la necesidad de reunir más datos pertinentes para mejorar la coordinación entre las actividades de información así como los métodos de evaluación y análisis de datos, fortalecer la aplicación del conocimiento tradicional e indígena y elaborar indicadores del desarrollo sostenible. Enfatiza además la necesidad de transformar la información existente en formas más útiles para la adopción de decisiones, para desarrollar mecanismos tendentes a un intercambio de información más eficiente y armonizado, documentar y compartir las fuentes de información disponibles y desarrollar y fortalecer la capacidad de formación de redes electrónicas.

El hecho mismo de que la CNUMAD dedique un capítulo especial a la información fue considerado como "un hito en los procedimientos internacionales al dar pleno reconocimiento a la importancia de una acción concertada en los problemas de información"*.

Este capítulo fue elaborado por un Grupo Internacional de Trabajo dirigido por la Secretaría a lo largo de un periodo de varios meses. El proyecto final fue presentado por la Secretaría de la CNUMAD en Ginebra prácticamente en el último minuto, apenas antes de que diera inicio el Comité Preparatorio final. Las delegaciones tuvieron muy poco tiempo para responder y la gran mayoría de ellas no pudo examinar a fondo el capítulo. A pesar de eso, surgieron ciertos desacuerdos menores cuando algunos países en desarrollo se mostraron reticentes a reconocer al sector privado como fuente de información útil, mientras que algunos países del Norte se mostraron poco dispuestos a aceptar la premisa de compartir la información.

Indicadores

El capítulo sobre información identifica dos esferas de programa: reducción de las diferencias en materia de datos y mejoramiento del acceso a la información. Sin embargo, gran parte de la primera esfera se dedica al desarrollo y la promoción de indicadores de desarrollo sustentable. El problema identificado en este caso no es una diferencia (presumiblemente entre países y regiones desarrollados y en desarrollo), sino la falta total de indicadores, o peor, la falta de una definición precisa de qué se quiere decir con "desarrollo sustentable", una consecuencia de lo cual necesariamente es la incapacidad de medir adecuadamente los avances en esa dirección.

El "desarrollo convencional" fue entendido en general como equivalente a crecimiento económico y medido por el Banco Mundial con un único indicador –el producto nacional bruto per cápita-. El "desarrollo humano", un concepto introducido por el Informe sobre el Desarrollo Humano auspiciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), combina el crecimiento económico con consideraciones de riqueza y educación, y es medido por un índice que reúne tres indicadores, uno por cada una de esas áreas de interés. En el caso del desarrollo sustentable, cinco años después de Río se incluyeron 134 indicadores diferentes en una "lista preliminar de consenso" que será ofrecida a los países como un menú del cual podrán elegir "de manera acorde a sus necesidades". Un proceso muy lento que no necesariamente permite una comparación entre países y por lo tanto tiene escaso peso político, en un momento en que los gobiernos tienen que adoptar decisiones buscando guardar el equilibrio entre los intereses en conflicto y las presiones. En todo caso esto no parece ser tanto un problema de información (aun cuando haya dificultades enormes para reunir y organizar los datos básicos pertinentes) como un reflejo de la falta de concierto internacional en materia de objetivos y procedimientos sobre cómo revertir la degradación del medio ambiente del planeta y al mismo tiempo asegurar igualdad en el acceso a sus recursos limitados.

Información para la adopción de decisiones

El título del capítulo es "Información para la adopción de decisiones", y la versión inicial del párrafo introductorio establecía que en el desarrollo sostenible todos tienen poder para adoptar decisiones. El texto fue reformulado (a sugerencia de China) para pasar a decir: "En el desarrollo sostenible, cada persona es a la vez usuario y portador

de información, considerada en un sentido amplio". Este cambio fue entendido por algunos como un intento de evitar establecer la democracia representativa como el único paradigma político aceptable. Cualquiera sea su motivación, la redacción que finalmente obtuvo consenso cambió el énfasis de las consideraciones en cuanto a la forma de gobierno, a una visión muy democrática y moderna del papel de la información en la sociedad. El reconocimiento de que "cada persona" es simultáneamente usuario y portador de información es coherente con el nuevo "paradigma de Internet" y se aparta del análisis tradicional de las "corrientes" de información que van en una sola dirección: del emisor al receptor. En el análisis convencional la discusión giraba en torno a los derechos y obligaciones del emisor (libertad de expresión y sus límites) y al receptor (derecho a estar informado). En la práctica, el emisor es casi siempre una gran organización (un medio de difusión, una editorial, un centro de educación) y el receptor un individuo. Sus papeles no son intercambiables.

Los negociadores coincidieron en que la frase "cada persona es a la vez usuario y portador de información" tal vez no previó el papel de las "cookies" de los navegadores actuales de Internet, donde el "usuario" también provee información (incluso datos con un valor económico potencial) por el mero hecho de visitar un determinado sitio. Y los delegados de la CNUMAD tal vez entendieron solo parcialmente la dinámica de las conferencias electrónicas, donde todos ofrecen y piden información, creando en el proceso un volumen de datos utilizable. Después de todo, la explosiva expansión de la red Web no fue la CONSECUENCIA de alguna disposición del Programa 21. Pero sin duda el Capítulo 40 estableció un marco útil de análisis del fenómeno en el programa de la ONU. Y pidió explícitamente el "establecimiento y fortalecimiento de la capacidad para formar redes electrónicas" en todo el mundo como forma de "apoyar el intercambio de información, proporcionar acceso a las bases de datos y a otras fuentes de información, facilitar la comunicación para satisfacer objetivos más amplios, como la ejecución de la Agenda 21, facilitar las negociaciones intergubernamentales, supervisar las convenciones y medidas de desarrollo sostenible, transmitir alertas ecológicas y transferir datos técnicos". Los mismos objetivos que ofrecían los promotores más visionarios de Internet.

El Capítulo 40 avanza un paso más cuando establece que "además, se deberían establecer mecanismos para llevar a cabo la transferencia de la información hacia y desde sistemas no electrónicos con el fin de que puedan participar quienes de otra manera quedarían excluidos". El concepto de "agentes de la información" para llevar a cabo esa tarea fue introducido por la Comisión de Desarrollo Sustentable, el órgano del ECOSOC encargado de supervisar la aplicación de las resoluciones de la CNUMAD en su primera reunión, un año después de Rio, a partir de las conclusiones extraídas de distintas experiencias.

En su informe de 1977 a la Comisión de Desarrollo Sustentable, la secretaría de la ONU reconoce que "el crecimiento de Internet y de la cantidad de usuarios que pueden acceder a dicha red ha ocurrido espontáneamente. La demanda crece con la oferta y ejerce una continua presión hacia la innovación tecnológica constante. Al mismo tiempo, tanto los mercados como la competencia se expandieron lo suficiente como para bajar los precios, provocando una demanda y expansión del mercado aún mayores. Esta tecnología apoya y facilita los intentos de descentralización, subsidio, participación y empoderamiento".

"No obstante –se agrega en el informe-, hay dos elementos esenciales que no han surgido tan espontáneamente: el primero es la organización de la información de calidad para hacerla accesible de manera que resulte útil a las autoridades; y el segundo es el impacto diferencial de estos cambios en los países en diversos estadios de desarrollo".

Al igual que en muchas otras áreas de programa del Programa 21, la falta de financiación parece ser la principal razón por la cual nunca pudieron prosperar iniciativas promisorias como "Earthwatch", dirigidas a coordinar y mejorar el trabajo de diversos esfuerzos de reunión y documentación de datos dentro y fuera del sistema de la ONU. Debe haber razones más oscuras detrás de la resolución de disolver el Comité Asesor para la Coordinación de Sistemas de Información (ACCIS), que había elaborado una base de datos de los Servicios de Información y Bases de Datos de Naciones Unidas (DUNDIS), en el cual se identificaban duplicaciones, superposiciones, redundancias y trabajos irrelevantes por un lado, y colecciones útiles con financiaciones por debajo de lo necesario, por el otro.

La segunda parte del problema, es decir las dificultades de acceso de los países menos desarrollados, se deriva de la falta de una infraestructura de telecomunicaciones adecuada, deficiencias en la metainformación (información sobre la información) relacionadas con el desarrollo sustentable y la falta de datos pertinentes propiamente dichos.

La infraestructura de las telecomunicaciones se está expandiendo rápidamente en la mayoría de los países en desarrollo, ya que se está convirtiendo en un área rentable para la inversión privada en los noventa. La disponibilidad de por lo menos una línea telefónica en cada aldea del Tercer Mundo sigue siendo un sueño lejano, pero también se ha argumentado que las nuevas tecnologías de la transmisión satelital digital pueden acercar información a lugares a los que tal vez el tradicional par de cables de cobre nunca llegue. Incluso las poderosas redes de transmisión, que generalmente llegan más lejos que las redes telefónicas, podrían ser utilizadas para transmitir datos, según recientes anuncios de las últimas investigaciones. La metainformación, el segundo gran factor, ciertamente requiere de inversión adicional para la formulación de decisiones en materia de desarrollo sustentable. Pero la tarea de dar coherencia a una red descentralizada de proveedores de información se ha facilitado y abaratado mucho desde que el formato triple W se estableció de hecho como la norma internacional para el intercambio de información.

Por lo tanto, el gran problema que aún no ha sido resuelto es la falta de datos pertinentes. Sin datos pertinentes y disponibles, en los hechos carece de sentido cumplir las otras dos condiciones. El panorama en este ámbito no es promisorio.

Los programas de recolección de datos financiados con dineros públicos, tanto a escala nacional como internacional, sufren recortes presupuestales, con enorme impacto en los casos en que los datos series periódicas son vitales para la identificación de tendencias. Otros son presionados (como resultado de esas mismas políticas) a la comercialización. Aún cuando la privatización de las bases de datos logre asegurar su supervivencia, supone una restricción de la información disponible para la adopción de decisiones en la esfera pública y para la investigación.

La falta de datos es particularmente notoria en el Sur. Las imágenes satelitales de los países en desarrollo, por ejemplo, brindan información sobre el tiempo, los cultivos, la población, etcétera, datos que resultan esenciales para la adopción de decisiones en materia de desarrollo sustentable y que no son reunidos de otra manera. Sin embargo, la mayoría de esas imágenes no son registradas porque no hay quienes las compren. La noción de que se dispone de datos adecuados que sólo es necesario utilizar con mayor eficacia no es cierta. Así como con cualquier otro mercado, la información privatizada no está ahí para cubrir una necesidad, sino para satisfacer una demanda, es decir, una necesidad con el correspondiente poder adquisitivo.

La adopción de decisiones en materia de información

Las decisiones claves que afectan el acceso a la información para la adopción de decisiones en materia de desarrollo sustentable, no son adoptadas por la Comisión de Desarrollo Sustentable, ni siquiera por el ECOSOC o la Asamblea General de la ONU, sino por otros foros, en particular la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). La comercialización y privatización de la información es resultado de los derechos de autor y reproducción y de las normas de patente incluidas en las negociaciones comerciales de la Ronda Uruguay en el marco de las disposiciones sobre los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio (llamados TRIPs, por su sigla en inglés).

El acuerdo de liberalización comercial sobre productos de la Tecnología de la Información, que concluyó en diciembre de 1996 en Singapur, dará lugar a la aplicación en el año 2000 de aranceles cero para los chips de computadora (pero no para los productos de consumo electrónico fabricados en países en desarrollo), y por lo tanto para el hardware de las herramientas de comunicación e información. Pero las disposiciones sobre derechos de propiedad intelectual tienden a encarecer los productos de la información que manejarán estos aparatos.

Las disposiciones sobre propiedad intelectual podrían incluso contrarrestar la tendencia a la baja de los aranceles de telecomunicaciones debido a la desregulación de los mercados y la expansión de las nuevas tecnologías. Esto ocurre ya en Estados Unidos (cuyas disposiciones tienden a replicarse rápidamente en el resto del mundo). Una normativa reciente de la Oficina de Derechos de Autor y Reproducción de Estados Unidos cuadruplicó el precio que los emisores satelitales pagan por las señales de TV, duplicando el precio de su operación para los consumidores finales con relación a las ofertas similares a través del cable. ¿Por qué? Porque las tarifas del cable están vinculadas a la inflación, mientras que el satélite cae dentro de una reglamentación industrial diferente y está obligado a pagar lo que la oficina de derechos de autor y reproducción estime es el "valor justo del mercado". Un editorial de la revista "Wired" estima que si se termina aceptando el argumento de la competencia desleal de las emisoras, el precio del cable aumentará, mientras que las transmisiones satelitales bajarán, tal es el poder del "grupo de presión de los derechos de autor y reproducción".

Internacionalmente, ese mismo grupo de presión de las editoriales gigantes presionó a la OMPI para que ampliara los derechos de autor y reproducción al material en Internet, obligando a pagar el acceso y uso de la información de dominio público en las bases de datos, y ampliar los derechos de autor y reproducción al material colocado en conferencias y foros de discusión abiertos, aún cuando no se reivindiquen específicamente los derechos de autor y reproducción. La iniciativa fue frustrada por una coalición ad hoc de proveedores de servicios de Internet y por los países menos adelantados, pero los mismos intereses presionan ahora al Congreso de Estados Unidos para que apruebe una ley que daría a los compiladores de datos "derechos de propiedad perpetuos y exclusivos" a su "colección de información", incluidos los usos científicos, de investigación y educativos de la información de dominio público en caso de que estos datos hayan sido recogidos con carácter privado.

Mientras que la "información para la adopción de decisiones" fue discutida en foros internacionales abiertos donde la tecnología de la información ayuda a hacer el proceso más democrático y transparente al público, las fuerzas empresariales de la industria de la tecnología de la información presionan para la adopción de decisiones en materia de información en órganos que carecen de transparencia, tales como la OMC, o que no rinden cuentas ante la comunidad internacional, tales como el gobierno de Estados Unidos. De no revertir esta tendencia, apenas iniciado el siglo XXI habrá que volver a redactar el Programa 21 para que diga que en el desarrollo sustentable, "cada persona es a la vez usuario y portador de información, pero sólo unos pocos son sus dueños".

 

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Actualizado: July 10, 2001