EL PAPEL DE LA INFORMACIÓN Y LAS
COMUNICACIONES EN EL DESARROLLO SUSTENTABLE: UNA EVALUACIÓN
DE LA CNUMAD
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente
y Desarrollo (CNUMAD) tuvo lugar en julio de 1992 y fue la
primera cumbre de lo que se ha denominado "la era de la
información". Ya desde antes, la burocracia de la
Organización de las Naciones Unidas, los gobiernos y la
prensa utilizaban computadoras de manera bastante generalizada
para el procesamiento de textos y datos; pero durante la etapa
de preparación de la conferencia y en la propia "Cumbre
de la Tierra" las computadoras jugaron un papel
importante como herramientas de comunicación. Diseminaron por
todo el mundo un volumen enorme de información sobre la
conferencia desde sus etapas preparatorias y habilitaron
nuevas formas de interacción entre los ciudadanos y sus
organizaciones por un lado, y la instancia diplomática por el
otro.
Todavía no había ocurrido la "explosión" de la
red Web que contribuyó a la popularización masiva de
Internet, y la comunicación a través de computadoras distaba
mucho de ser algo habitual en los medios de difusión, ni
siquiera en los principales países industrializados. No
obstante, ya había una "masa crítica": en muchos
países se disponía de las herramientas básicas (correo
electrónico y conferencias electrónicas) así como de la
experiencia y el entusiasmo de algunas organizaciones no
gubernamentales (ONG) especializadas (muchas de las cuales
hacía poco habían aunado esfuerzos en la Asociación para el
Progreso de las Comunicaciones-APC). La secretaría de la
conferencia estaba dispuesta a experimentar, varias ONGs del
Sur y redes internacionales comprendieron que la nueva
información y las tecnologías en materia de comunicaciones
les ofrecían una nueva oportunidad de participación y
algunos financiadores se mostraron dispuestos a correr el
riesgo de apoyar planteos innovadores.
Ya a principios de diciembre de 1990, las redes de los
miembros de APC crearon una conferencia electrónica
(en.unced.infox) para averiguar "cómo enviar
información relacionada con la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) de un
rincón a otro del planeta, utilizando de la manera más
eficiente las redes APC como una herramienta de largo
alcance". Pronto se crearon varios ámbitos diferenciados
de discusión virtual para discutir los distintos temas de la
CNUMAD.
Cuando la cumbre finalizó, cientos (si no miles) de
individuos y ONGs habían participado en las discusiones
electrónicas, a veces como el único vínculo con el proceso
mismo de la CNUMAD y frecuentemente como complemento de su
participación directa en las reuniones a diversos niveles. Se
creó un servicio de información nuevo –NGONET- para apoyar
las necesidades de información y comunicación de las ONGs, y
en la propia conferencia de Rio había "salas de
computadoras" en la sede oficial, el centro de prensa y
el "Foro Global" paralelo, vinculadas entre sí y
con Internet. La conferencia electrónica ayudó a informar
distribuyendo documentos oficiales, y a organizar, formar
redes y generar debates haciendo circular proyectos,
propuestas, volantes, ponencias y resultados de
investigaciones.
Existe una percepción generalizada de que las actividades
de las ONG repercutieron en los resultados de la conferencia.
Es difícil establecer cuánto de ello se debió al uso de
herramientas de comunicación e información por las ONGs,
pero tal vez baste con notar que los participantes se
sintieron alentados a seguir utilizando esas herramientas en
las subsiguientes conferencias de las Naciones Unidas (sobre
derechos humanos, población y desarrollo, mujer, desarrollo
social, etc.).
En la época en que se realizó la CNUMAD esas prácticas
todavía no se habían "oficializado", pero es
necesario mencionarlas para comprender el contexto en el cual
la CNUMAD manejó los temas de la información. La expansión
de las nuevas tecnologías y la creciente conciencia pública
acerca de su potencialidad cambiaron la naturaleza misma de la
discusión. El intenso debate internacional de la década del
70 sobre el "Nuevo Orden Informativo Internacional",
que apuntó a equilibrar el flujo Norte-Sur de información y
las noticias internacionales, fue sofocado en los 80 por el
retiro de Estados Unidos de la UNESCO, el organismo principal
de apoyo a dicho proyecto. Desde ese entonces la información
era un tema que había quedado fuera de la agenda de las
Naciones Unidas. La CNUMAD volvió a ponerlo sobre la mesa y
estableció un paradigma diferente.
Los temas referidos a la información impregnan la mayoría
de los capítulos del Programa 21, con más de 50 sugerencias
de programa que apuntan a la producción y utilización de
datos (información y estadísticas) sobre desarrollo
sustentable, mejoramiento y divulgación de métodos para
evaluarlos y analizarlos, preservación, promoción e
integración de la información tradicional y una gran
insistencia en la creación de capacidad en esos ámbitos. Un
estudio encargado por el Centro de Investigaciones
Internacionales para el Desarrollo (CIID), de Canadá,
identificó 414 referencias a "sectores de aplicación
potencial de las tecnologías de la información".
Variaban desde sensores remotos, análisis de imagen y
sistemas de información geográfica a formación de redes
electrónicas y sistemas expertos.
El capítulo final del Programa 21 está dedicado
específicamente a la "información para la adopción de
decisiones". Este capítulo 40 llama la atención sobre
el hecho de que existen grandes diferencias entre los países
desarrollados y en desarrollo en cuanto a la disponibilidad de
datos, y la calidad y posibilidades de acceso a ellos. Señala
que hay una deficiencia generalizada en la capacidad de los
países en desarrollo, y en muchas esferas en el plano
internacional, para la reunión y la evaluación de datos, su
transformación en información útil y su divulgación.
También pone énfasis en la necesidad de reunir más datos
pertinentes para mejorar la coordinación entre las
actividades de información así como los métodos de
evaluación y análisis de datos, fortalecer la aplicación
del conocimiento tradicional e indígena y elaborar
indicadores del desarrollo sostenible. Enfatiza además la
necesidad de transformar la información existente en formas
más útiles para la adopción de decisiones, para desarrollar
mecanismos tendentes a un intercambio de información más
eficiente y armonizado, documentar y compartir las fuentes de
información disponibles y desarrollar y fortalecer la
capacidad de formación de redes electrónicas.
El hecho mismo de que la CNUMAD dedique un capítulo
especial a la información fue considerado como "un hito
en los procedimientos internacionales al dar pleno
reconocimiento a la importancia de una acción concertada en
los problemas de información"*.
Este capítulo fue elaborado por un Grupo Internacional de
Trabajo dirigido por la Secretaría a lo largo de un periodo
de varios meses. El proyecto final fue presentado por la
Secretaría de la CNUMAD en Ginebra prácticamente en el
último minuto, apenas antes de que diera inicio el Comité
Preparatorio final. Las delegaciones tuvieron muy poco tiempo
para responder y la gran mayoría de ellas no pudo examinar a
fondo el capítulo. A pesar de eso, surgieron ciertos
desacuerdos menores cuando algunos países en desarrollo se
mostraron reticentes a reconocer al sector privado como fuente
de información útil, mientras que algunos países del Norte
se mostraron poco dispuestos a aceptar la premisa de compartir
la información.
Indicadores
El capítulo sobre información identifica dos esferas de
programa: reducción de las diferencias en materia de datos y
mejoramiento del acceso a la información. Sin embargo, gran
parte de la primera esfera se dedica al desarrollo y la
promoción de indicadores de desarrollo sustentable. El
problema identificado en este caso no es una diferencia
(presumiblemente entre países y regiones desarrollados y en
desarrollo), sino la falta total de indicadores, o peor, la
falta de una definición precisa de qué se quiere decir con
"desarrollo sustentable", una consecuencia de lo
cual necesariamente es la incapacidad de medir adecuadamente
los avances en esa dirección.
El "desarrollo convencional" fue entendido en
general como equivalente a crecimiento económico y medido por
el Banco Mundial con un único indicador –el producto
nacional bruto per cápita-. El "desarrollo humano",
un concepto introducido por el Informe sobre el Desarrollo
Humano auspiciado por el Programa de las Naciones Unidas para
el Desarrollo (PNUD), combina el crecimiento económico con
consideraciones de riqueza y educación, y es medido por un
índice que reúne tres indicadores, uno por cada una de esas
áreas de interés. En el caso del desarrollo sustentable,
cinco años después de Río se incluyeron 134 indicadores
diferentes en una "lista preliminar de consenso" que
será ofrecida a los países como un menú del cual podrán
elegir "de manera acorde a sus necesidades". Un
proceso muy lento que no necesariamente permite una
comparación entre países y por lo tanto tiene escaso peso
político, en un momento en que los gobiernos tienen que
adoptar decisiones buscando guardar el equilibrio entre los
intereses en conflicto y las presiones. En todo caso esto no
parece ser tanto un problema de información (aun cuando haya
dificultades enormes para reunir y organizar los datos
básicos pertinentes) como un reflejo de la falta de concierto
internacional en materia de objetivos y procedimientos sobre
cómo revertir la degradación del medio ambiente del planeta
y al mismo tiempo asegurar igualdad en el acceso a sus
recursos limitados.
Información para la adopción de decisiones
El título del capítulo es "Información para la
adopción de decisiones", y la versión inicial del
párrafo introductorio establecía que en el desarrollo
sostenible todos tienen poder para adoptar decisiones. El
texto fue reformulado (a sugerencia de China) para pasar a
decir: "En el desarrollo sostenible, cada persona es a la
vez usuario y portador
de información, considerada en un sentido amplio".
Este cambio fue entendido por algunos como un intento de
evitar establecer la democracia representativa como el único
paradigma político aceptable. Cualquiera sea su motivación,
la redacción que finalmente obtuvo consenso cambió el
énfasis de las consideraciones en cuanto a la forma de
gobierno, a una visión muy democrática y moderna del papel
de la información en la sociedad. El reconocimiento de que
"cada persona" es simultáneamente usuario y
portador de información es coherente con el nuevo
"paradigma de Internet" y se aparta del análisis
tradicional de las "corrientes" de información que
van en una sola dirección: del emisor al receptor. En el
análisis convencional la discusión giraba en torno a los
derechos y obligaciones del emisor (libertad de expresión y
sus límites) y al receptor (derecho a estar informado). En la
práctica, el emisor es casi siempre una gran organización
(un medio de difusión, una editorial, un centro de
educación) y el receptor un individuo. Sus papeles no son
intercambiables.
Los negociadores coincidieron en que la frase "cada
persona es a la vez usuario y portador de información"
tal vez no previó el papel de las "cookies" de los
navegadores actuales de Internet, donde el "usuario"
también provee información (incluso datos con un valor
económico potencial) por el mero hecho de visitar un
determinado sitio. Y los delegados de la CNUMAD tal vez
entendieron solo parcialmente la dinámica de las conferencias
electrónicas, donde todos ofrecen y piden información,
creando en el proceso un volumen de datos utilizable. Después
de todo, la explosiva expansión de la red Web no fue la
CONSECUENCIA de alguna disposición del Programa 21. Pero sin
duda el Capítulo 40 estableció un marco útil de análisis
del fenómeno en el programa de la ONU. Y pidió
explícitamente el "establecimiento y fortalecimiento de
la capacidad para formar redes electrónicas" en todo el
mundo como forma de "apoyar el intercambio de
información, proporcionar acceso a las bases de datos y a
otras fuentes de información, facilitar la comunicación para
satisfacer objetivos más amplios, como la ejecución de la
Agenda 21, facilitar las negociaciones intergubernamentales,
supervisar las convenciones y medidas de desarrollo
sostenible, transmitir alertas ecológicas y transferir datos
técnicos". Los mismos objetivos que ofrecían los
promotores más visionarios de Internet.
El Capítulo 40 avanza un paso más cuando establece que
"además, se deberían establecer mecanismos para llevar
a cabo la transferencia de la información hacia y desde
sistemas no electrónicos con el fin de que puedan participar
quienes de otra manera quedarían excluidos". El concepto
de "agentes de la información" para llevar a cabo
esa tarea fue introducido por la Comisión de Desarrollo
Sustentable, el órgano del ECOSOC encargado de supervisar la
aplicación de las resoluciones de la CNUMAD en su primera
reunión, un año después de Rio, a partir de las
conclusiones extraídas de distintas experiencias.
En su informe de 1977 a la Comisión de Desarrollo
Sustentable, la secretaría de la ONU reconoce que "el
crecimiento de Internet y de la cantidad de usuarios que
pueden acceder a dicha red ha ocurrido espontáneamente. La
demanda crece con la oferta y ejerce una continua presión
hacia la innovación tecnológica constante. Al mismo tiempo,
tanto los mercados como la competencia se expandieron lo
suficiente como para bajar los precios, provocando una demanda
y expansión del mercado aún mayores. Esta tecnología apoya
y facilita los intentos de descentralización, subsidio,
participación y empoderamiento".
"No obstante –se agrega en el informe-, hay dos
elementos esenciales que no han surgido tan espontáneamente:
el primero es la organización de la información de calidad
para hacerla accesible de manera que resulte útil a las
autoridades; y el segundo es el impacto diferencial de estos
cambios en los países en diversos estadios de
desarrollo".
Al igual que en muchas otras áreas de programa del
Programa 21, la falta de financiación parece ser la principal
razón por la cual nunca pudieron prosperar iniciativas
promisorias como "Earthwatch", dirigidas a coordinar
y mejorar el trabajo de diversos esfuerzos de reunión y
documentación de datos dentro y fuera del sistema de la ONU.
Debe haber razones más oscuras detrás de la resolución de
disolver el Comité Asesor para la Coordinación de Sistemas
de Información (ACCIS), que había elaborado una base de
datos de los Servicios de Información y Bases de Datos de
Naciones Unidas (DUNDIS), en el cual se identificaban
duplicaciones, superposiciones, redundancias y trabajos
irrelevantes por un lado, y colecciones útiles con
financiaciones por debajo de lo necesario, por el otro.
La segunda parte del problema, es decir las dificultades de
acceso de los países menos desarrollados, se deriva de la
falta de una infraestructura de telecomunicaciones adecuada,
deficiencias en la metainformación (información sobre la
información) relacionadas con el desarrollo sustentable y la
falta de datos pertinentes propiamente dichos.
La infraestructura de las telecomunicaciones se está
expandiendo rápidamente en la mayoría de los países en
desarrollo, ya que se está convirtiendo en un área rentable
para la inversión privada en los noventa. La disponibilidad
de por lo menos una línea telefónica en cada aldea del
Tercer Mundo sigue siendo un sueño lejano, pero también se
ha argumentado que las nuevas tecnologías de la transmisión
satelital digital pueden acercar información a lugares a los
que tal vez el tradicional par de cables de cobre nunca
llegue. Incluso las poderosas redes de transmisión, que
generalmente llegan más lejos que las redes telefónicas,
podrían ser utilizadas para transmitir datos, según
recientes anuncios de las últimas investigaciones. La
metainformación, el segundo gran factor, ciertamente requiere
de inversión adicional para la formulación de decisiones en
materia de desarrollo sustentable. Pero la tarea de dar
coherencia a una red descentralizada de proveedores de
información se ha facilitado y abaratado mucho desde que el
formato triple W se estableció de hecho como la norma
internacional para el intercambio de información.
Por lo tanto, el gran problema que aún no ha sido resuelto
es la falta de datos pertinentes. Sin datos pertinentes y
disponibles, en los hechos carece de sentido cumplir las otras
dos condiciones. El panorama en este ámbito no es promisorio.
Los programas de recolección de datos financiados con
dineros públicos, tanto a escala nacional como internacional,
sufren recortes presupuestales, con enorme impacto en los
casos en que los datos series periódicas son vitales para la
identificación de tendencias. Otros son presionados (como
resultado de esas mismas políticas) a la comercialización.
Aún cuando la privatización de las bases de datos logre
asegurar su supervivencia, supone una restricción de la
información disponible para la adopción de decisiones en la
esfera pública y para la investigación.
La falta de datos es particularmente notoria en el Sur. Las
imágenes satelitales de los países en desarrollo, por
ejemplo, brindan información sobre el tiempo, los cultivos,
la población, etcétera, datos que resultan esenciales para
la adopción de decisiones en materia de desarrollo
sustentable y que no son reunidos de otra manera. Sin embargo,
la mayoría de esas imágenes no son registradas porque no hay
quienes las compren. La noción de que se dispone de datos
adecuados que sólo es necesario utilizar con mayor eficacia
no es cierta. Así como con cualquier otro mercado, la
información privatizada no está ahí para cubrir una
necesidad, sino para satisfacer una demanda, es decir, una
necesidad con el correspondiente poder adquisitivo.
La adopción de decisiones en materia de información
Las decisiones claves que afectan el acceso a la
información para la adopción de decisiones en materia de
desarrollo sustentable, no son adoptadas por la Comisión de
Desarrollo Sustentable, ni siquiera por el ECOSOC o la
Asamblea General de la ONU, sino por otros foros, en
particular la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). La
comercialización y privatización de la información es
resultado de los derechos de autor y reproducción y de las
normas de patente incluidas en las negociaciones comerciales
de la Ronda Uruguay en el marco de las disposiciones sobre los
derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio
(llamados TRIPs, por su sigla en inglés).
El acuerdo de liberalización comercial sobre productos de
la Tecnología de la Información, que concluyó en diciembre
de 1996 en Singapur, dará lugar a la aplicación en el año
2000 de aranceles cero para los chips de computadora (pero no
para los productos de consumo electrónico fabricados en
países en desarrollo), y por lo tanto para el hardware de las
herramientas de comunicación e información. Pero las
disposiciones sobre derechos de propiedad intelectual tienden
a encarecer los productos de la información que manejarán
estos aparatos.
Las disposiciones sobre propiedad intelectual podrían
incluso contrarrestar la tendencia a la baja de los aranceles
de telecomunicaciones debido a la desregulación de los
mercados y la expansión de las nuevas tecnologías. Esto
ocurre ya en Estados Unidos (cuyas disposiciones tienden a
replicarse rápidamente en el resto del mundo). Una normativa
reciente de la Oficina de Derechos de Autor y Reproducción de
Estados Unidos cuadruplicó el precio que los emisores
satelitales pagan por las señales de TV, duplicando el precio
de su operación para los consumidores finales con relación a
las ofertas similares a través del cable. ¿Por qué? Porque
las tarifas del cable están vinculadas a la inflación,
mientras que el satélite cae dentro de una reglamentación
industrial diferente y está obligado a pagar lo que la
oficina de derechos de autor y reproducción estime es el
"valor justo del mercado". Un editorial de la
revista "Wired" estima que si se termina aceptando
el argumento de la competencia desleal de las emisoras, el
precio del cable aumentará, mientras que las transmisiones
satelitales bajarán, tal es el poder del "grupo de
presión de los derechos de autor y reproducción".
Internacionalmente, ese mismo grupo de presión de las
editoriales gigantes presionó a la OMPI para que ampliara los
derechos de autor y reproducción al material en Internet,
obligando a pagar el acceso y uso de la información de
dominio público en las bases de datos, y ampliar los derechos
de autor y reproducción al material colocado en conferencias
y foros de discusión abiertos, aún cuando no se reivindiquen
específicamente los derechos de autor y reproducción. La
iniciativa fue frustrada por una coalición ad hoc de
proveedores de servicios de Internet y por los países menos
adelantados, pero los mismos intereses presionan ahora al
Congreso de Estados Unidos para que apruebe una ley que daría
a los compiladores de datos "derechos de propiedad
perpetuos y exclusivos" a su "colección de
información", incluidos los usos científicos, de
investigación y educativos de la información de dominio
público en caso de que estos datos hayan sido recogidos con
carácter privado.
Mientras que la "información para la adopción de
decisiones" fue discutida en foros internacionales
abiertos donde la tecnología de la información ayuda a hacer
el proceso más democrático y transparente al público, las
fuerzas empresariales de la industria de la tecnología de la
información presionan para la adopción de decisiones en
materia de información en órganos que carecen de
transparencia, tales como la OMC, o que no rinden cuentas ante
la comunidad internacional, tales como el gobierno de Estados
Unidos. De no revertir esta tendencia, apenas iniciado el
siglo XXI habrá que volver a redactar el Programa 21 para que
diga que en el desarrollo sustentable, "cada persona es a
la vez usuario y portador de información, pero sólo unos
pocos son sus dueños".