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CINCO AÑOS DESPUES DE LA CONFERENCIA DE RIO: UN EXAMEN DE LA SITUACION EN MATERIA DE MEDIO AMBIENTE Y DESARROLLO

 

Martin Khor

 

I. INTRODUCCION

En el presente documento se hace un examen general de los hechos y las tendencias registrados en el ámbito del medio ambiente y el desarrollo mundiales en el período de los cinco años siguientes a la celebración de la Cumbre de la Tierra en junio de 1992.

En este documento se intenta responder a la pregunta de si las esperanzas depositadas en la reunión de Rio de 1992 demostraron ser demasiado ingenuas, vistas retrospectivamente. Se describen a grandes rasgos las principales características de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) que la hicieron única en lo que se refiere a integrar los asuntos relativos al medio ambiente y el desarrollo y a hacer un balance de las cuestiones que interesan al Norte y al Sur. Se señalan pues las principales esferas en las que las metas y promesas de la CNUMAD no se cumplieron, causando así un sentimiento de desilusión general en los países del Sur, así como en las organizaciones no gubernamentales (ONG). Luego se describen sucintamente las principales fuerzas que han obstaculizado el cumplimiento de los acuerdos de la CNUMAD o se han opuesto a ello. En otra parte, se analiza la sesión especial de la Asamblea General de la ONU celebrada en junio de 1997 para examinar la puesta en práctica del Programa 21 y otros compromisos de la CNUMAD. Por último, se saca una conclusión acerca de las opciones y tendencias que se presentan para el futuro.

II. EL ACUERDO FUNDAMENTAL DE LA CNUMAD Y EL ESPIRITU DE RIO

Viendo las cosas retrospectivamente, la CNUMAD fue un acontecimiento decisivo que despertó las esperanzas de los pueblos de todo el mundo en el sentido de que surgiera una nueva manera de relacionarse en el plano mundial. Con esa nueva manera, que surge del "espíritu de Río", se iba a cambiar el curso actual de las relaciones internacionales, se iba a abordar la creciente crisis mundial del medio ambiente y, simultáneamente, se iba a tratar de lograr relaciones económicas internacionales más justas que constituyeran la base para fomentar en cada país y en todo el mundo el desarrollo sustentable.

El único logro importante de la CNUMAD fue que mediante los largos procesos de preparación y de la Cumbre los diplomáticos y los principales líderes políticos del mundo reconocieron no solo la crisis del medio ambiente en sus diversas facetas sino la forma en que ésta estaba enclavada en los sistemas económicos y sociales y que se puede encontrar una solución realista y a largo plazo abordando la crisis del medio ambiente y la del desarrollo simultáneamente y de manera integrada.

En la CNUMAD participaron además miles de organizaciones no gubernamentales que no solo pudieron defender las cuestiones que les interesaban a ellas sino que mediante una intensa interacción entre los grupos del Norte y el Sur y de las esferas relacionadas con el medio ambiente, el desarrollo y lo social pudieron encontrar una manera más integrada de abordar los problemas mundiales y locales. La CNUMAD fue un elemento importante para activar la creación de un "movimiento de los ciudadanos del mundo".

La CNUMAD también brindó la ocasión para que grupos de ciudadanos y gobiernos entablaran un diálogo sobre los problemas mundiales más urgentes que enfrentan la humanidad y el planeta, interacción que fue beneficiosa para ambas partes. Se creó una comunidad internacional de representantes de Estados, de organizaciones no gubernamentales e intergubernamentales, de instituciones y personas, que compartieron, aunque provisionalmente, la comprensión de la naturaleza integrada del medio ambiente y el desarrollo y un reconocimiento de que en los próximos años había una necesidad imperiosa y una sola oportunidad de cambiar el curso de la historia a fin de salvar a la humanidad y el planeta de la catástrofe ecológica y el desorden social.

El "pacto" o acuerdo político medular de la Cumbre de la Tierra fue el reconocimiento de que la crisis ecológica mundial tenía que resolverse de una manera equitativa, mediante la participación. Esto fue recogido en el principio de la Declaración de Río que se refiere a las "responsabilidades comunes pero diferenciadas". En él se reconoce que, históricamente y en el presente, el Norte ha tenido más responsabilidad en la degradación del medio ambiente mundial, tiene más recursos debido a la naturaleza desigual de la economía mundial y tiene una responsabilidad proporcionalmente mayor en la solución de los problemas ambientales. El Sur, por su posición desfavorable en la economía mundial, se encuentra impedido de satisfacer las necesidades básicas de su población, y la baja de los precios de los productos básicos, la pesada carga de la deuda y otras salidas de capital se llevan sus recursos nacionales. Favorecer el desarrollo, erradicar la pobreza y satisfacer las necesidades básicas son (o deberían ser) sus objetivos más urgentes. Las cuestiones ambientales deberían integrarse en esos objetivos de desarrollo (y no menoscabarlos).

En términos concretos, el acuerdo Norte-Sur y la puesta en práctica del principio de las "responsabilidades comunes pero diferenciadas" exigiría que:

a) El Norte cambiara sus modalidades de producción y consumo (y su modelo socioeconómico). Tendría que ponerse a la vanguardia en lo que respecta a mejorar las condiciones ambientales, reducir la contaminación y el uso de sustancias tóxicas y disminuir la utilización y el gasto de recursos naturales, entre otras cosas modificando los estilos de vida. "Poniendo en orden su propia casa", el Norte daría el ejemplo al resto del mundo de que es necesario modificar el comportamiento económico y social a fin de solucionar la crisis del medio ambiente;

b) El Norte ayudara al Sur con fondos y transferencia de tecnología, así como con una nueva manera de relacionarse que creara un medio económico internacional más favorable (por ejemplo, mediante relaciones de intercambio más justas y la solución de la crisis de la deuda). Esto permitiría al Sur tener más recursos y un "espacio de desarrollo" más amplio que, a su vez, facilitara un cambio de modelo de desarrollo que fuera más sustentable ecológicamente.

c) El Sur, con más recursos financieros y tecnológicos, administrara mejor su economía, diera prioridad a las políticas que satisfacen las necesidades de la población, mejorara las condiciones en materia de contaminación y redujera el agotamiento de recursos como los bosques.

d) Los organismos y estructuras internacionales ayudaran más en este proceso; por ejemplo, disminuyendo el problema de la deuda de los países en desarrollo y revisando el contenido de las políticas de ajuste estructural, velando por que el sistema comercial dé más beneficios a los países en desarrollo pobres, ayudando a movilizar recursos financieros y proporcionando asistencia técnica en lo que respecta a mejorar las condiciones ambientales.

e) Las cuestiones que requieren integrar los aspectos económicos y los ambientales (como la interacción del comercio y el medio ambiente y la relación entre derechos de propiedad intelectual, tecnología ambiental y conocimiento indígena) se resolvieran mediante una relación de equidad entre el Norte y el Sur que permitiera reconocer debidamente las necesidades de desarrollo de éste.

Si se van a seguir los principios mencionados más arriba, el concepto de desarrollo sustentable tendría por lo menos dos componentes principales que se equilibran mutuamente: la protección del medio ambiente y la satisfacción de las necesidades humanas básicas de la generación presente y de las futuras generaciones. De ese modo, el desarrollo sustentable no solo implicaría emplear métodos ecológicos que permitieran satisfacer las necesidades de las generaciones futuras sino introducir un cambio en las modalidades de producción y consumo que tuvieran en cuenta la justicia para que los recursos que actualmente se despilfarran se ahorren y se canalicen hacia la satisfacción de las necesidades de todos hoy y también en el futuro. En este sentido, un factor decisivo (o incluso el más decisivo) es la justicia dentro de los países y entre ellos en lo que respecta al control y la utilización de los recursos de manera ecológicamente racional.

III. ALGUNOS DE LOS PUNTOS DEBILES FUNDAMENTALES DE LA CNUMAD

Pese a los logros del proceso de la CNUMAD, hubo puntos débiles y fracasos fundamentales, entre los que figuran:

• La negativa de los gobiernos del Norte a comprometerse a reformar las relaciones o estructuras económicas internacionales o a iniciar un nuevo diálogo económico Norte-Sur,o la incapacidad que tuvieron para ello. Esto significó que no hubiera ningún compromiso de solucionar los problemas estructurales externos que influyen mucho en la mayoría de los países en desarrollo (particularmente en los más pobres), como la deuda externa, una revisión de las políticas de ajuste estructural, los precios bajos y en continuo descenso de los productos básicos y la tendencia al deterioro de las relaciones de intercambio y la posición desventajosa de los países en desarrollo en los sistemas financieros y comerciales mundiales, todo lo cual tiene por resultado grandes flujos de recursos económicos que se van del Sur u oportunidades perdidas.

• Como consecuencia de la incapacidad del proceso de la CNUMAD de dar a estos temas un lugar destacado en el Programa 21, los temas que dominaron las negociaciones Norte-Sur fueron el compromiso de aportar más recursos financieros (en este caso los países del Norte prometieron esforzarse en cumplir compromisos de ayuda anteriores para alcanzar el 0,7 por ciento de su PNB) y el compromiso de realizar "transferencia de tecnología" (al menos de la ecológicamente racional). Estos dos puntos sustituyen malamente las reformas más fundamentales de las relaciones económicas internacionales. Dada la situación, representan o simbolizan, no obstante, la disposición del Norte de ayudar al Sur en una nueva relación mundial que contemple el medio ambiente y el desarrollo conjuntamente.

• Aunque la "transferencia de tecnología" se discutió ampliamente durante el proceso de la CNUMAD y tiene un lugar destacado en el Progama 21, en realidad los gobiernos del Norte dejaron claro que no se iba a comprometer la protección de los derechos de propiedad intelectual de sus trasnacionales. Esto haría en los hechos impracticable en general la transferencia de tecnología (aunque solo fuera de la ecológicamente racional) en condiciones favorables. Sin embargo, ante la insistencia del Sur, en el Programa 21 hay efectivamente alguna referencia a la necesidad de que se realice transferencia de tecnología y que los derechos de propiedad intelectual no obstaculicen el proceso. En el Convenio sobre la Diversidad Biológica se establece un principio similar. Sin embargo, en ambos casos las palabras y las referencias son cautelosas, ambiguas y relativamente poco enérgicas, aunque la aceptación del principio da pie para una elaboración más completa en la labor complementaria de la CNUMAD.

• El restarle importancia a la necesidad de reglamentar la actividad de las empresas trasnacionales y de las grandes firmas comerciales. Tal como señalaron las ONG, las grandes empresas son las principales causantes de problemas ambientales como la contaminación, el agotamiento de recursos y las modalidades de producción y consumo no sustentables. El proceso de la CNUMAD soslayó esta responsabilidad y no propuso medidas para reglamentar o disciplinar el comportamiento de las grandes empresas. De modo que las medidas más importantes para el desarrollo sustentable fueron omitidas y se perdió una oportunidad de hacer más responsables a los principales actores económicos. Esto hizo que muchas de las propuestas del Programa 21 perdieran posibilidades de ser llevadas a la práctica.

• La negativa de los gobiernos del Norte, en especial el de Estados Unidos (cuya delegación declaró "nuestros estilos de vida no están sujetos a negociaciones"), a comprometerse efectivamente a cambiar los estilos de vida para colaborar en la aplicación de modalidades de consumo sustentables. Así que se soslayó un elemento crucial en lo que respecta a disminuir el despilfarro de recursos naturales.

• Pese a que se propusieron muchas medidas para resolver los problemas ambientales, el compromiso del Norte y el Sur fue relativamente flojo en este sentido. Por no querer limitar sus oportunidades de crecimiento o desarrollo no estuvieron dispuestos a aceptar medidas para disciplinar el agotamiento de los recursos, en especial la deforestación. Los gobiernos del Norte se resistieron a tomar medidas de protección ambiental eficaces en la labor de la ingeniería genética o a elaborar mejores reglamentaciones internacionales sobre el traslado de productos peligrosos, proyectos y actividades al Sur. El compromiso de los gobiernos del Norte (especialmente de Estados Unidos) de reducir la emisión de gases que producen el efecto invernadero fue insuficiente en relación con lo que significa abordar el cambio climático.

• Debido a estos defectos, el concepto de desarrollo sustentable siguió siendo discutible. Si bien hubo acuerdo general en que el progreso en materia de medio ambiente tenía que ir acompañado por el desarrollo, no lo hubo con respecto al lugar y el papel de la justicia, la necesidad de introducir reformas para que las relaciones y las instituciones internacionales sean más equitativas, así como las maneras equitativas de combinar medio ambiente y economía en el plano nacional. De modo que, si bien el papel de la equidad estuvo implícito, no se lo elaboró explícitamente lo suficiente en la CNUMAD. Esto dejó abierta la posibilidad segura de que en la labor complementaria no se lo tenga en cuenta.

A pesar de estas y otras deficiencias, la CNUMAD, sus frutos (el Programa 21, la Declaración de Río, los principios relativos a los bosques, los convenios sobre la diversidad biológica y los cambios climáticos, así como un acuerdo para establecer un convenio relativo a la desertificación) y sus procesos (el gubernamental, el no gubernamental y la interacción entre ambos) produjeron un intangible aunque valioso "espíritu" de colaboración. Los funcionarios (de los gobiernos y de los organismos internacionales) y los representantes de los grupos de ciudadanos que participaron tuvieron la esperanza de que el proceso de la CNUMAD y su espíritu de cooperación, aunque frágil y defectuoso, pudiera asentarse en la labor complementaria y permitiera construir un mundo mejor en el aspecto social y más sustentable ecológicamente.

IV. LAS METAS DE LA CNUMAD QUE NO SE CUMPLIERON

Cinco años después, queda claro que el "espíritu de Río" no se tradujo en hechos. Más bien parece que se ha ido perdiendo. Los aspectos más importantes de este fracaso son los siguientes:

a) Disminuyó el volumen de la ayuda. Aunque en la CNUMAD prometieron aumentar la ayuda, los países de la OCDE redujeron ésta de 61.000 millones de dólares en 1992 a 56.000 millones en 1993 y de 21 países donantes 14 redujeron el porcentaje de su PNB que destinan a la ayuda (1). Además, una parte cada vez mayor de esa ayuda que se va achicando se desvía hacia los países de Europa del Este en perjuicio del Sur. Desde entonces, la situación se ha agravado y Suecia, Estados Unidos y Canadá, entre otros, dismunuyen la ayuda continuamente. En particular, el nuevo Congreso de Estados Unidos, dominado por los Republicanos, está ejerciendo presión para que se reduzca considerablemente el papel de la ayuda y se retengan los fondos (que está comprometido legalmente a proporcionar) a las Naciones Unidas. Entre los gobiernos del Norte, los "nuevos recursos de financiación" para el Sur se ha convertido políticamente en un tema sin salida o, peor, en un tema "tabú". El momento en que la ayuda comenzó a disminuir coincidió con el fin de la Guerra Fría y todos admiten que la clase dirigente del Norte considera que ya no es necesario utilizar la ayuda para ganar aliados o mantener la influencia en los países del Sur. Así que el presupuesto destinado a la ayuda se está reduciendo en consonancia con las reducciones generales del presupuesto que se están efectuando en la mayoría de los países del Norte. Para enviar una mala señal, el momento no podía haber sido peor, puesto que la ayuda se había convertido en el símbolo más importante de la cooperación Norte-Sur creada por la CNUMAD. La disminución de la ayuda se considera inevitablemente una falta de compromiso y de sinceridad de los gobiernos del Norte en lo que respecta a cumplir los acuerdos de Río y ha hecho perder posición y legitimidad a los procesos e instituciones a que dio lugar la CNUMAD.

b) No se avanzó en la transferencia de tecnología. No ha habido ningún avance tangible en materia de transferencia de tecnología al Sur, ni en general ni en la ecológicamente racional. En vez de eso, desde Río se ha hecho mucho más hincapié en incrementar los derechos de los poseedores de propiedad intelectual (principalmente las empresas del Norte) con el correspondiente menoscabo de los derechos del público (y de los países en desarrollo) en lo que respecta a la transferencia y difusión de tecnología. Esto es consecuencia sobre todo del acuerdo de la Ronda Uruguay del GATT sobre los TRIPs (aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio) que exigirá a los Estados miembros de la Organización Mundial del Comercio hacer más estrictos sus regímenes nacionales de derechos de propiedad intelectual en favor de los titulares de dichos derechos, lo que tendrá efectos perjudiciales en la transferencia de tecnología o en la obtención local de tecnología. Ya hay pruebas de cómo dificultan esos regímenes de patentes la transferencia de tecnología al Sur. También existe el peligro de que el nuevo régimen de derechos de propiedad intelectual (cuyas reglas favorecen a las empresas comerciales) marginen además los intereses y derechos de las comunidades que crearon conocimiento basado en la diversidad biológica (en agricultura, plantas medicinales, etc.) mientras que permite que las empresas comerciales patenten ese conocimiento. El haber hecho hincapié en la protección de los derechos de propiedad intelectual en perjuicio de la transferencia de tecnología restó legitimidad, igual que la disminución de la ayuda, al proceso posterior a la CNUMAD, ya que la transferencia de tecnología era el segundo punto de lo que se consideró el compromiso del Norte para facilitar el desarrollo sustentable.

c) Disminución en el Norte del interés por el medio ambiente. No se han tomado medidas importantes en el Norte para introducir modificaciones fundamentales en las modalidades de producción y consumo o en los estilos de vida. A pesar de que en el campo de la energía se hicieron algunos esfuerzos para reducir la emisión de los gases que producen el efecto invernadero (que en general se cree que siguen siendo insuficientes para detener los cambios climáticos negativos), en muchos países del Norte se ha registrado un cambio total de políticas ambientales (como la tala de bosques naturales en Estados Unidos y los intentos de aflojar las normas) o la falta de progreso en esferas críticas que requieren atención (como la insuficiente respuesta en materia de reglamentos al rápido desarrollo de la ingeniería genética). En general, ha habido una disminución del interés por el medio ambiente en los programas nacionales, a medida que los intereses comerciales y la necesidad de mantener "la competitividad económica nacional" adquieren precedencia.

d) Pocos avances en el Sur por lo que respecta al cuidado del medio ambiente. En la mayoría de los países del Sur, los asuntos relativos al medio ambiente tampoco recibieron la atención especial que se había prometido en la CNUMAD. Los países más pobres siguen enredados en los problemas de la deuda externa y los bajos precios de los productos básicos, y la disminución de la deuda les añade dificultades. Además, la inversión extranjera los evita. En consecuencia, la falta de recursos financieros sigue obstruyendo el progreso hacia el desarrollo sustentable. En los países del Sur que se están industrializando, las necesidades apremiantes de la urbanización, la industrialización y el gran crecimiento han agregado presiones sobre el medio ambiente, cuyo cuidado ha recibido menos atención que las necesidades imperiosas del crecimiento. En general, en el Sur no se ha avanzado hacia la agricultura sustentable o en lo que respecta a la disminución progresiva del uso de sustancias tóxicas (aunque la exportación del Norte al Sur de desechos tóxicos puede reducirse ampliando el Convenio de Basilea).

e) Pérdida de interés en el desarrollo. Tan grave como el aflojamiento del programa relativo al medio ambiente es la pérdida de interés en el desarrollo como principio o como derecho que se ha producido en el orden del día internacional. Esto se debe principalmente a la ola de conservadurismo económico sobrevenida en muchos países del Norte y a la pérdida de interés en los problemas de los países en desarrollo que manifiesta su clase dirigente. Y, lo que es más grave, en el Norte, la más agresivamente orientada hacia el comercio manera de ver a los países en desarrollo como mercados (que es necesario abrir) y como rivales en potencia (cuyas ventajas habría que refrenar) ha reemplazado la otra manera de verlos como socios mundiales en desventaja que requieren y merecen asistencia. En consecuencia, no sólo la disminución de la ayuda sino también la poca voluntad de dar un trato especial o ventajas a los países en desarrollo en las negociaciones de la ONU han puesto en tela de juicio y debilitado el "principio del desarrollo" y la "dimensión del desarrollo" que hasta ahora habían sido aceptados como las piedras angulares de las relaciones Norte-Sur.

Es particularmente importante que el principio de desarrollo se haya debilitado en las relaciones comerciales entre el Norte y el Sur, especialmente en la OMC. La Ronda Uruguay debilitó el "trato especial y diferenciado" para los países en desarrollo. En las negociaciones que tienen lugar actualmente en la OMC, entre cuyos temas figuran algunos nuevos, los países desarrollados han evitado reconocer las necesidades y los objetivos de desarrollo de los países en desarrollo e insistieron, en cambio, en el trato igual para los débiles y los fuertes: por ejemplo, "reglas parejas" y "trato nacional" para sus compañías. Esto contrasta con las manifestaciones de los líderes políticos del mundo que reafirman la apreciación de los derechos y las necesidades de desarrollo del Sur, lo que se ha hecho patente en la Cumbre sobre Desarrollo Social celebrada en 1995 y otras conferencias y resoluciones de la ONU. Estas declaraciones y procesos, que representan el espíritu de cooperación internacional, está siendo socavado por las reglas del sistema comercial, más capaces de obligar legalmente y más ejecutables. Por lo tanto, en vez de permitir al Sur tener un espacio de desarrollo más grande para facilitar su transición a un medio ambiente mejor protegido (que en eso consistió el acuerdo de la CNUMAD), en los últimos años se ha estrechado considerablemente ese espacio.

f) Persistencia de problemas de desarrollo en el Sur. Un aspecto muy importante de la CNUMAD fue que dio prioridad a la solución de los urgentes problemas de desarrollo del Sur. Esos problemas debían ser abordados en dos planos: mejorar el medio económico internacional negativo y mejorar las políticas nacionales. Aunque una pequeña minoría de países en desarrollo, sobre todo del sudeste asiático, pudieron aprovechar factores externos para registrar un elevado crecimiento, la mayoría siguió afligida por la pobreza y los problemas sociales y en algunos de ellos la situación empeoró. El medio externo en el que tuvieron que moverse muchos países en desarrollo siguió siendo negativo. Las relaciones de intercambio continuaron deteriorándose para muchos países en desarrollo, con los precios y la demanda de exportaciones de productos básicos en descenso. La crisis de la deuda persistió. Los volúmenes de ayuda disminuyeron. Por este motivo, los recursos de los países en desarrollo continuaron yéndose al exterior. En muchos países, los recursos del Estado siguieron disminuyendo, lo que reduce su capacidad para afrontar las exigencias del desarrollo.

Los resultados de la globalización del comercio y las inversiones fueron desiguales y a los países en desarrollo más pobres les tocaron pocos beneficios (y probablemente pérdidas netas). Por medio de los acuerdos de la OMC y el ajuste estructural se restringieron más las opciones en materia de políticas de desarrollo. En los últimos cinco años, los efectos negativos del medio externo han tenido gran influencia en muchos países en desarrollo. Muchos de ellos no pudieron reunir los recursos ni la fuerza suficientes para superar sus apremiantes problemas sociales. En consecuencia, el crecimiento fue poco o insuficiente, los gastos en desarrollo social reducidos, la pobreza persistente o peor, el desempleo más elevado y las desigualdades más grandes.

V. LOS EFECTOS DE LA LIBERALIZACION Y LA GLOBALIZACION Y LA OPOSICION DE PARADIGMAS

a) El debilitamiento del paradigma del desarrollo sustentable por el enfoque del libre mercado

El principal factor que impidió cumplir los objetivos de la CNUMAD fue quizá la tendencia de la liberalización y la globalización que en los últimos años ha asolado el mundo.

El enfoque de la CNUMAD representa uno de los paradigmas para las relaciones internacionales: el de la búsqueda del consenso, la incorporación de las necesidades de todos los países (grandes o chicos), la asociación en la cual los fuertes ayuden a los débiles, la integración de los asuntos relativos al medio ambiente y el desarrollo, la intervención del Estado y la comunidad internacional en representación del interés público para controlar las fuerzas del mercado a fin de lograr más justicia social y llegar a tener modalidades de producción y consumo más sustentables.

El enfoque de la liberalización del mercado representa un paradigma muy distinto. Propugna la reducción o eliminación de las reglamentaciones estatales del mercado, para dejar que imperen libremente las "fuerzas del mercado", y la concesión de muchos derechos y "libertades" a las grandes empresas que dominan el mercado. El Estado debería intervenir mínimamente, incluso en lo que respecta a los servicios sociales. En cuanto al medio ambiente, en lugar de intervenir o imponer controles, se debería dejar libre el mercado pues se supone que eso impulsaría el crecimiento y los recursos así incrementados pueden utilizarse para la protección del medio ambiente. Además, este enfoque hace caso omiso de la justicia o de los efectos negativos de las fuerzas del mercado, como la pobreza y la no satisfacción de las necesidades básicas. Supone que el mercado resolverá todos los problemas. Llevado al plano internacional, el paradigma propugna la liberalización de los mercados internacionales, la supresión de las barreras económicas nacionales, el derecho de las empresas trasnacionales a vender e invertir en cualquier país que les plazca sin restricciones ni condiciones. Los gobiernos no deberían trabar el juego libre del mercado. Se debería reducir la ayuda y el trato especial a los países en desarrollo.

En los cinco años que pasaron desde la Conferencia de Río, estos dos paradigmas se opusieron fuertemente en los asuntos internacionales. El paradigma de la asociación y la cooperación estuvo representado por la serie de conferencias mundiales de las Naciones Unidas, en las que se intentó discutir y resolver en un marco de búsqueda de consenso los problemas mundiales relativos al medio ambiente, la mujer, el desarrollo social, el hábitat y la alimentación. Se reconoció que el mercado librado a sí mismo no podía resolver los problemas y sería en realidad un obstáculo, por lo que los gobiernos, la comunidad intergubernamental, las ONG y los grupos de ciudadanos tenían funciones decisivas para moderarlo con programas y prioridades sociales y ambientales. Se dio prioridad a la necesidad de aumentar la capacidad de los débiles y los pobres y se reconoció el papel de la ayuda y el trato diferenciado para ellos.

En el lado opuesto, el paradigma del libre mercado estuvo representado por las instituciones de Bretton Woods que persistieron en la promoción de los programas de ajuste estructural basados en la liberalización del mercado y por el GATT/OMC donde dominaron los gobiernos del Norte que propugnan la apertura de los mercados (especialmente los de los países en desarrollo) para las exportaciones y las inversiones de las trasnacionales y las instituciones financieras. La conclusión de la Ronda Uruguay en diciembre de 1993 anunció una nueva era en la que los acuerdos y las negociaciones comerciales multilaterales supeditarían mucho más a los países a los objetivos de los gobiernos del Norte que propugnan un "acceso a los mercados" más grande y más amplio para sus empresas. Los acuerdos de la Ronda Uruguay de 1993 y el paradigma que representan llegaron a ser más poderosos que los acuerdos y frutos de la CNUMAD de 1992 y la asociación que prometían. En efecto, en los últimos cinco años, el paradigma de la liberalización del mercado, que ganó importancia y preeminencia, ha socavado el paradigma de la asociación para el desarrollo sustentable. El paradigma del mercado dispuso de medios de ejecución severos: en las instituciones de Bretton Woods, se puede imponer el ajuste estructural como condición de los préstamos que tanto se necesitan; en el sistema de la OMC, los acuerdos y las normas son ejecutables mediante un sistema poderoso de solución de controversias en el que figuran las multas y las represalias comerciales. En cambio, al paradigma de la asociación se lo privó de sus medios de ejecución principales, que son los recursos financieros y la transferencia de tecnología.

El factor que intervino más en el triunfo del paradigma del mercado fue que los países poderosos lo apoyaron y defendieron con fuerza y agresividad y marginaron deliberadamente el otro. En esos países, los ministerios de Comercio y Finanzas tienen una influencia mucho más grande que los ministerios de Medio Ambiente o de Ayuda Externa. Esto ha contribuido a que, en esos países, se haya dado tanto más importancia a los intereses comerciales nacionales y privados que a las cuestiones que afectan al medio ambiente y el desarrollo.

b) Reducción del papel de la ONU y ampliación de las facultades de la OMC y de las instituciones de Bretton Woods

En estos últimos años, los países del Norte también organizaron con éxito la disminución del papel, los recursos y la influencia de las Naciones Unidas en los asuntos y las políticas sociales y económicas y al mismo tiempo incrementaron enormemento las facultades y la influencia de las instituciones de Bretton Woods y en especial de la OMC por lo que respecta a determinar las políticas económicas y sociales internacionales. Este cambio en la ubicación institucional de la autoridad se debe al hecho de que las instituciones de Bretton Woods y la OMC representan el paradigma que propugna el Norte y también a que el Norte ejerce el control en ellas a diferencia del sistema de Naciones Unidas en el que el Sur está mejor representado, porque las distintas organizaciones difieren en lo que respecta a toma de decisiones.

Como al paradigma del mercado se le dio una posición superior, a las cuestiones relativas al desarrollo sustentable se les ha prestado menos atención. Los gobiernos de los países fuertes se han obsesionado con la competitividad de sus empresas y de sus países; esto ha menguado el compromiso de mejorar el medio ambiente y cambiar las modalidades de producción y consumo. En muchos países, la eliminación de reglamentaciones ha significado el debilitamiento de las políticas ambientales (o de su ejecución). Ha disminuido el interés por llevar a la práctica los componentes de la CNUMAD (y de otras conferencias como la Cumbre sobre Desarrollo Social) relativos al desarrollo. No se han materializado los medios de ejecución de muchas de las medidas propuestas.

c) No se reglamentó la actividad de las grandes empresas trasnacionales y se avanza hacia la ampliación de sus derechos

Una de las razones principales por las cuales no se han realizado los objetivos de la CNUMAD es el hecho de que el comportamiento y las maneras de proceder de los principales actores económicos (los que determinan las modalidades de producción y consumo) no se han hecho entrar en ningún tipo de marco de resposibilidad y disciplina eficaz. La propia CNUMAD fue en parte responsable de esto, ya que no se propuso ninguna medida para reglamentar a las grandes empresas. En los últimos años, el poder de éstas se ha incrementado: controlan más recursos mundiales y su participación en las actividades de producción, la distribución, las finanzas y la comercialización es mayor. No se ha notado ningún cambio en sus pautas de producción. El método de "continúa la venta en el interior" ha dado como resultado la continuación o incluso la intensificación de la contaminación del medio ambiente y el agotamiento de los recursos. Por la globalización de los medios de comunicación, la publicidad y las promociones de ventas que hacen de los productos de consumo y los gustos han influido mucho más aun en la divulgación de los estilos de vida y pautas de consumo que no son ecológicamente sustentables. Los esfuerzos por finalizar un Código de Conducta para las empresas trasnacionales fueron liquidados formalmente en 1993 y el organismo encargado de esa tarea, el Centro de Empresas Transnacionales de las Naciones Unidas, fue clausurado. De modo que la iniciativa y la institución internacionales más importantes en lo que respecta a fijar directrices (no obligatorias además) para la conducta de las trasnacionales y que hubieran establecido un código de obligaciones y derechos de esas empresas y los Estados, han desaparecido y muchos años de trabajo y negociaciones quedaron en la nada. Las iniciativas de otras instituciones, como el Código de Conducta para la Transferencia de Tecnología y el Conjunto de Principios y Normas sobre las prácticas comerciales restrictivas, ambos de la UNCTAD, han quedado al margen debido a la poca disposición de los países desarrollados para ponerlos en práctica.

En cambio, se ha registrado una fuerte tendencia opuesta, que ahora es dominante, a reducir y eliminar cada vez más las reglamentaciones que los gobiernos imponen a las empresas, para dar a éstas más derechos y facultades, quitando a la vez a los Estados autoridad para establecer controles a su conducta y sus actividades. La Ronda Uruguay ya ha otorgado a las trasnacionales niveles muchos más grandes de protección a los derechos de propiedad intelectual, lo que les facilita aún más monopolizar la tecnología y ganar enormes dividendos por los precios más altos. Los gobiernos del Norte están presionando mucho en la OMC para que se conceda a las empresas extranjeras el derecho de entrada, establecimiento y trato nacional en todos los Estados miembros de dicha organización. Hay también propuestas sobre políticas de competencia y de compras del sector público que les darían más derechos de acceso a los negocios de los países en desarrollo. Se está restringiendo seriamente la capacidad de los gobiernos de reglamentar las actividades y los propósitos de las trasnacionales y las empresas en general. Puesto que es muy poco probable que las empresas limiten voluntariamente sus maneras de proceder para armonizarlas con el desarrollo sustentable, en especial ahora que la competencia se ha intensificado, el quitar a los Estados el derecho a reglamentar las actividades empresariales, en particular las de las trasnacionales, es el defecto principal y quizá fatal del intento de la comunidad internacional de detener el deterioro del medio ambiente y fomentar el desarrollo sustentable.

d) La falta de liderazgo político

En los últimos años se ha asistido también, en casi todos los países, al debilitamiento de la intención o la capacidad de los líderes políticos de abordar las cuestiones sociales y las relativas al medio ambiente y el desarrollo. En el Norte, los líderes políticos se han guiado por la necesidad de mantener la competitividad en un mundo que se está globalizando, para situar las cuestiones ambientales y sociales en el lugar más bajo del orden de prioridad. Esos gobiernos están satisfaciendo, en cambio, las exigencias de sus empresas de promover la liberalización y defender sus intereses en el plano nacional y en el internacional. Así, en las negociaciones internacionales, tanto en la OMC como en la ONU, los gobiernos del Norte promueven las propuestas que amplían los derechos de las trasnacionales, mientras que obstruyen o atenúan los principios y los temas que se plantean en nombre del desarrollo.

En la esfera internacional, los gobiernos del Sur, comparados con los del Norte, están en general poco preparados, individualmente y como grupo, para las negociaciones. A pesar de que la importancia de las organizaciones y los procesos internacionales en lo que respecta a determinar las políticas nacionales ha crecido notablemente, los líderes políticos y la burocracia de la mayoría de los países en desarrollo no han destinado suficientes recursos humanos y financieros a los preparativos para las negociaciones internacionales. En consecuencia, suelen encontrarse en un extremo muy débil de éstas. Esto puede hacer que, a veces, no sean capaces de sacar eficazmente adelante los temas que son importantes para ellos y tengan que llegar a acuerdos sobre otros que perjudican sus intereses. Situaciones de este tipo son particularmente peligrosas cuando las negociaciones implican acuerdos capaces de obligar legalmente, como en la OMC.

Muchos líderes políticos y burócratas pueden admitir, en privado, que el estado actual de los asuntos relativos al medio ambiente y el desarrollo es negativo y requiere reformas drásticas. Sin embargo, se dejan llevar por la gran marea de la liberalización y la satisfacción de las exigencias y los intereses de la élite empresarial. Muchos han declarado que no pueden cambiar la situación y que las fuerzas de la liberalización y la globalización son demasiado poderosas para oponerse a ellas. La capacidad y la voluntad políticas para luchar por el medio ambiente, el desarrollo y un modelo cooperativo de relaciones internacionales parecen estar faltando en todo el mundo. Por supuesto, esto conduce a la pregunta de quiénes, si no son los líderes políticos, van a tomar las medidas eficaces para fomentar el desarrollo sustentable.

e) Las respuestas de la opinión pública y el potencial para reafirmar las prioridades del desarrollo sustentable

A pesar de que el cuadro es bastante desolador, han sucedido también hechos positivos en los últimos años que mantienen vivos todavía las esperanzas de un desarrollo sustentable y el espíritu de Río.

Entre estos hechos figuran:

• El papel aún influyente y los considerables recursos del sistema de las Naciones Unidas, pese a su crisis presupuestaria y a los intentos de mancillar su imagen. La ONU cuenta con el apoyo popular, principalmente debido a sus posturas positivas en los aspectos social y ambiental y a sus esfuerzos por fomentar la cooperación internacional. Por lo tanto, el paradigma de la asociación que representa la ONU está mucho más vivo aún en los casos en los que interviene la opinión pública.

• La serie de conferencias mundiales que en los últimos años organizaron la ONU y sus organismos ha tenido efectos positivos en la opinión pública al poner de manifiesto una amplia gama de problemas mundiales y dio la ocasión para hacer hincapié en la existencia de los problemas, sus causas y las propuestas de soluciones. Esto ha tenido una influencia considerable en la opinión pública, en los grupos de ciudadanos y en los medios de comunicación, en el modo de ver y las políticas de los gobiernos nacionales y en el personal de las organizaciones internacionales. De ellas se ha obtenido valiosa información e importantes experiencias de haber tenido que buscar el consenso desde los diferentes puntos de vista que sostienen las distintas categorías de países y personas. Además, dieron la ocasión para defender o reafirmar métodos y modos de ver que se oponen al dominante de la liberalización/globalización. De ese modo, han sentado bases útiles que pueden contribuir mucho a la labor y las actividades futuras.

• En los últimos años, continuaron y, en algunos casos, se consolidaron las actividades de grupos de ciudadanos que representan métodos y paradigmas distintos para llevar adelante los objetivos sociales y ambientales. Ha sido particularmente positivo el aumento de la creación de redes y la colaboración entre los grupos del Norte y el Sur y un fecundo intercambio de intereses en diferentes cuestiones, entre ellas el medio ambiente, el desarrollo, los derechos humanos, los derechos de la mujer, la cultura y los problemas sociales. El surgimiento de la sociedad civil mundial, que propugna puntos de vista diferentes en los foros internacionales y ante las instituciones internacionales, es un hecho importante que puede vigilar y ayudar a determinar el proceso de globalización. Esto sigue siendo una esperanza importante para la promoción del desarrollo sustentable.

• Los defectos, las desigualdades y las limitaciones del modelo de globalización basado en los intereses del libre mercado se están haciendo evidentes en forma acelerada. Esto ha llevado a que miembros influyentes de las camarillas política, empresarial, periodística y académica critiquen cada vez más el paradigma. Los propios líderes y personalidades del sistema están poniendo cada vez más en tela de juicio y criticando las políticas dominantes y sus efectos. A medida que se rompe el "consenso" sobre el enfoque ortodoxo, se hará más clara la necesidad de reformar el proceso de globalización y liberalización.

De modo que el momento es oportuno para "cambiar de paradigma" y abandonar un modelo basado en la competitividad, la codicia y la expansión del mercado (que no tiene en cuenta el desarrollo social o el medio ambiente) y adoptar el enfoque del desarrollo sustentable, que parte de la cooperación y la asociación internacional, hace hincapié en los derechos de las personas y equilibra las actividades económicas con los objetivos sociales y ecológicos.

VI. ANALISIS DE LA SESION ESPECIAL DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU (JUNIO DE 1997) PARA EXAMINAR LA CNUMAD

Entre el 23 y el 27 de junio de 1997 (con una semana de reuniones preparatorias previas) se celebró una Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU para examinar el progreso general logrado en la puesta en práctica del Programa 21 (el programa de medidas que aprobó la Cumbre de la Tierra celebrada en Río) en los cinco años transcurridos desde la CNUMAD. A esta sesión se la conoció también como "Cumbre de la Tierra+5".

A la sesión, convocada en calidad de cumbre, asistieron los jefes de Estado y de gobierno de muchos países industrializados y varios del Sur, pero a la que no concurrieron intencionadamente los jefes de los países en desarrollo más importantes.

En general, se ha considerado la sesión un fracaso ya que estaba claro que los países del Norte no habían cumplido los principales compromisos sobre recursos financieros y tampoco, aunque en menor grado, sobre transferencia de tecnología. En la sesión especial de la Asamblea General y su reunión preparatoria (el 5º Período de sesiones de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, celebrado en abril de 1997), estaba claro que el Norte no tenía intención de hacer nuevos compromisos significativos. De modo que la sesión especial de la Asamblea General fue obstaculizada principalmente por las diferencias entre los países del Norte y del Sur. Además de este conflicto central, hubo también pocos progresos para informar sobre la cuestión del medio ambiente mundial. Hubo, en cambio, varios informes (de la Secretaría de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente [PNUMA] y de las ONG, que daban cuenta de que el medio ambiente mundial ha seguido deteriorándose: los bosques se siguen perdiendo a ritmo acelerado, los recursos pesqueros se están agotando y hay una nueva amenaza de escasez de agua acechando en el futuro próximo. La sesión especial de la Asamblea General tampoco pudo generar compromisos mejores de tomar medidas para reducir los gases que provocan el efecto invernadero y la amenaza de cambios climáticos.

La sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas tenía como objetivo principal elaborar dos documentos: una "Declaración política" y un Programa de medidas. El último día, la Asamblea aprobó, en efecto, un "Programa para que avance la ejecución del Programa 21". Sin embargo, el fracaso en dar el tan necesario impulso al espíritu de Río o a la aplicación de los acuerdos de la CNUMAD quedó muy ostensiblemente de manifiesto en el fracaso de los gobiernos en concluir la "Declaración política" pese al intento desesperado que duró hasta las 5 de la mañana del último día. Así terminó la reunión cumbre de una semana de la Asamblea General: en un impasse político, sin explicación o esfuerzo alguno por ocultar los fracasos. En la mañana del último día, el presidente de la Asamblea General, embajador Razali Ismail de Malasia, y las Mesas decidieron abandonar los nuevos intentos de negociar el "Proyecto de Declaración Política".

La sesión especial se empantanó en largas discusiones sobre muchos puntos relacionados con el desarrollo y el medio ambiente. Los desacuerdos se plantearon entre el Norte y el Sur (especialmente con respecto a las cuestiones de la ayuda y el comercio), entre el Norte y el Norte (en especial con respecto a los cambios climáticos, pero también a la ayuda), así como sobre asuntos (particularmente los bosques) en los que no había una delimitación clara entre el Norte y el Sur.

Pero lo principal fue el fracaso en ponerse de acuerdo sobre una Declaración Política -un documento que se había pretendido que fuera una especie de "llamado claro y potente" de los líderes políticos a la opinión pública mundial, en el que se prometiera tomar medidas para suplir las carencias de los últimos cinco años y hacer mejor las cosas en el futuro. Tenía que haber sido una especie de continuación de la "Declaración de Río". El presidente (Mostafa Tolba de Egipto) y la vicepresidenta (Sra. Linn Locher) de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible habían redactado tres proyectos de declaración. Las negociaciones comenzaron el 16 de junio sobre el segundo proyecto y siguieron el 23 de junio sobre el tercer proyecto (para entonces el segundo había aumentado ocho páginas y el tercero veintiséis).

La última noche (el 26 de junio) y como último recurso, se destinó una sesión del Comité Plenario presidido por Tolba a intentar unir todos los elementos. Pero a las 5 de la mañana del 27 de junio, ésta concluyó con solo la mitad del documento leído y varios desacuerdos incluso en esa primera mitad. En efecto, en muchos párrafos se iban poniendo cada vez más corchetes (que significan textos impugnados) y los ánimos se iban abatiendo a medida que se hacía evidente que se iba a perder la carrera contra el reloj.

En la mañana del 27 de junio, la Mesa de la sesión especial de la Asamblea General de la ONU concluyó que no había razón para continuar con el intento y decidió abandonar la declaración política. En su lugar se hizo una "Declaración de Compromiso" de seis párrafos, sencilla e incontrovertible, que se convirtió en un preámbulo del único documento de la sesión especial, el "Programa para que avance la ejecución del Programa 21".

Los delegados achacaron el no llegar a un acuerdo sobre la declaración política en parte a la falta de tiempo y en parte a la falta de habilidad y eficacia en la dirección del proceso por parte del Comité Plenario. Pero el fracaso fue quizás el reflejo de algo más importante: la diferencia política real entre el Norte y el Sur que había aumentado desde la Cumbre de la Tierra de Río. La reunión de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible celebrada en abril, que duró dos semanas, y la sesión especial de la Asamblea General de la ONU, que duró una (más la reunión preparatoria de una semana que la antecedió) sencillamente no pudieron zanjar esa diferencia, que se había hecho demasiado grande en los cinco últimos años.

Otro factor decisivo fue la determinación del presidente de la Asamblea General, Razali Ismail, de no adquirir el "síndrome de los organizadores de seminarios" y calificar de éxito la sesión (o lo que aconteció desde la Cumbre de Río) cuando no lo fue. "Nuestras palabras no han sido acompañadas por hechos", dijo en la última reunión plenaria. Y antes había dicho en una conferencia de prensa que la sesión había sido un "intento honesto" de evaluar lo actuado desde Río y que "había poca intención de barrer la suciedad bajo la alfombra o de dar lustre a algo que no existía".

Entre los temas más controvertidos en los que la discusión se atascó figuraron los recursos financieros y el comercio y el medio ambiente, y las cuestiones sectoriales de los bosques y los cambios climáticos.

En general, el incumplimiento de los compromisos financieros y de transferencia de tecnología los países del Norte proyectó una gran sombra en todo el proceso de la sesión especial de la Asamblea General de la ONU. Los participantes, entre los que figuraban muchos jefes de Estado y de gobierno, en sus discursos dirigidos a la Asamblea General censuraron la disminución de la ayuda que desmentía el compromiso hecho en Río por los países del Norte de aumentar la ayuda al 0,7% del PNB.

Censuraron también la falta de progreso en la transferencia de tecnología que, como señaló el presidente de Tanzania, Benjamin Mkapa (en nombre del Grupo de los 77), en cambio, había sido obstaculizada por los acuerdos relativos a los TRIPs (aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio) adoptados en la OMC.

Como las diferencias entre el Norte y el Sur respecto a la cuestión de los recursos financieros seguían siendo grandes, se creó un grupo ministerial informal sobre asuntos financieros (presidido conjuntamente por el ministro holandés de Ayuda al Desarrollo, Jan Pronck, y el ministro de Relaciones Exteriores de Tanzania) a fin de reescribir en ambos documentos los textos sobre ese asunto.

En una reunión oficiosa de alto nivel celebrada el 24 de junio, se hicieron evidentes las principales diferencias que existían entre el Norte y el Sur respecto a las cuestiones financieras. Algunos países en desarrollo expresaron reservas acerca del procedimiento. Les preocupaba saber si el grupo ministerial iría a complicar las negociaciones ya fuera desechando las conclusiones a las que habían llegado los diplomáticos ya fuera haciendo caso omiso de ellas.

Pronck propuso que la declaración política contuviera un compromiso de los países del Norte de "detener la disminución e invertir la tendencia de la AOD", que diera una señal positiva, modesta pero concreta. Y que incluso de los países que no pudieran aumentar la ayuda (como Japón), se pudiera mencionar que la ayuda iba a aumentar poniendo como objetivo de ésta la erradicación de la pobreza y la protección del medio ambiente.

El delegado japonés admitió que era un momento difícil para Japón ya que el gobierno estaba reduciendo gastos y en eso iba incluida la asistencia al desarrollo. En el futuro, su AOD iba a seguir disminuyendo. Cuando tuvo que elegir entre asistir a los ancianos de Japón o aportar a la AOD, la elección fue clara y Japón no estaba en condiciones de garantizar nada (respecto a aumentar la AOD).

Varios delegados de países en desarrollo expresaron su preocupación respecto a la redacción propuesta que, en su opinión, suavizaba o enmascaraba la realidad de la suspensión de la ayuda. El delegado de un país asiático comentó con mordacidad que las palabras que se proponían significaban retirarse del Programa 21. La realidad de la disminución de la ayuda era muy decepcionante y ahora Japón admitía que su ayuda seguiría reduciéndose . "Aunque traten de levantar los ánimos aquí, estamos realmente muy decepcionados", dijo. "Habíamos depositado nuestra confianza en las palabras acordadas en Río, pero muy poco se ha concretado. Propongo que fijemos objetivos limitados en el tiempo para la ayuda, para el año 2002 o 2003 y así sucesivamente. Por lo demás, los países en desarrollo estamos hartos de esta situación. Quizá solo al final del próximo milenio habrá un intento de llegar al 0,7% señalado como objetivo".

El Ministro de Tanzania, al hacer un balance de los éxitos y los fracasos de Río, dijo que era importante resolver el problema de los compromisos que no se estaban cumpliendo. "Si decimos que debería invertirse la tendencia, ¿qué seguridad tenemos de que eso se realizará? Solo pasaremos a otra reunión y llegaremos nuevamente a la conclusión de que hay otra disminución."

El representante de otro país asiático dijo que por un lado la ayuda había disminuido mientras que, por el otro, los países en desarrollo también estaban enfrentados a condiciones más estrictas para recibirla. "Los países donantes deben calmar los temores de los países en desarrollo de que ésta no es otra oportunidad para evitar la discusión acerca de la AOD. La asistencia se está reduciendo y encima se nos pide que nos ciñamos a más condiciones y además que la usemos para el apalancamiento de otros fondos."

Varios países también manifestaron su preocupación porque el Norte estaba intentando retirarse del compromiso de ayuda asumido en Río haciendo hincapié en la necesidad de encontrar mecanismos financieros nuevos e innovadores como la inversión privada, los impuestos ambientales y las reducciones de las subvenciones. Recibieron con frialdad la propuesta de Estados Unidos y Noruega (en el proyecto de Programa) de formar un proceso o grupo de expertos intergubernamental sobre finanzas que estudiara la puesta en práctica del informe del grupo de trabajo del Convenio sobre la Diversidad Biológica sobre finanzas (cuyo plazo de aplicación había expirado). Esos países en desarrollo tenían miedo de que los países del Norte terminaran por ocuparse únicamente de los mecanismos de financiación innovadores propuestos en el informe pasando por alto o atenuando a la vez los aspectos del mismo que se referían al cumplimiento de sus compromisos relativos a la AOD.

El debate llegó a un punto decisivo en las últimas horas de la noche del 26 de junio cuando los ministros de Holanda y Tanzania presentaron un texto de cinco párrafos sobre las cuestiones financieras para la declaración política. En dicho texto se decía que "la cooperación internacional y la prestación de la AOD sigue desempeñando un papel decisivo" en la movilización de recursos y que "reconfirmamos" los objetivos de Río y "nos comprometemos de nuevo" a cumplir la meta del 0,7%. En la declaración también se lamentaba la tendencia general a la reducción de la ayuda y se expresaba el deseo de que los países desarrollados se comprometieran a hacer los máximos esfuerzos para "detener e invertir" dicha tendencia para fines del siglo.

También se mencionaba la meta de reducir la pobreza en un 50% para el año 2015 como necesidad urgente en materia de asistencia. Se subrayaba la importancia de las políticas nacionales adecuadas y la orientación de éstas hacia modelos de desarrollo sustentable, así como el papel de catalizador de la AOD en lo que respecta a movilizar la inversión privada nacional hacia el desarrollo sustentable y a la atracción de la inversión extranjera.

Después que Pronck presentó el texto, algunos países (entre ellos la India, Estados Unidos y Venezuela) expresaron reservas. Pronck advirtió que si iba a haber una renegociación, Estados Unidos (representado por Holanda) no podría mantener la postura del texto sino que adoptaría una línea más dura.

Tolba anunció que todo el texto sobre las cuestiones financieras iba a tener que reexaminarse tomando como base el texto original y refiriéndolo también al texto propuesto por los ministros de Holanda y Tanzania. Quedaba claro que se iban a necesitar muchas más horas para tener siquiera una apariencia de consenso sobre un texto político relativo a las finanzas.

Aunque se hubiera salvado este gran obstáculo, seguramente se hubiera producido una encarnizada discusión sobre otros dos largos párrafos relativos al comercio, el medio ambiente y el desarrollo redactados originariamente por Tolba y Locher. El Grupo de los 77 estaba muy preocupado por la redacción de muchas partes de esa sección. Aproximadamente a las 3 de la mañana, Tolba procedió a encomendar al Comité otra lectura del proyecto de declaración política, empezando por el párrafo 1. Cada párrafo provocaba más discusiones aún. Como la sesión terminaba a las 5 era bien claro que la declaración política estaba en grandes aprietos.

En cuestión de horas se tomó la decisión de abandonar la redacción de la declaración política, para que toda la atención de los delegados pudiera centrarse en el Programa, a fin de llegar al consenso sobre las distintas cuestiones que aún estaban en litigio. De éstas, las más difíciles eran las intersectoriales de las finanzas y el comercio y las sectoriales de los cambios climáticos y los bosques. Estas últimas no se aclararon sino hasta la noche y, dando el tiempo para imprimir las diferentes enmiendas, la última reunión plenaria de la sesión especial podía terminar adoptándolas solo pasada la medianoche.

Pese al fracaso de la sesión especial en reavivar el desfalleciente espíritu de Río, el proceso intergubernamental tuvo al menos cierta honestidad al admitirlo. En una conferencia de prensa celebrada el último día, el presidente de la Asamblea General de la ONU, Razali Ismail (que había presidido la sesión especial) dijo que el resultado general era "bastante sobrio" y que ahora era el momento para que los actores no gubernamentales fueran a las organizaciones de base y ejercieran presión en los gobiernos para que cumplan sus compromisos.

Las organizaciones no gubernamentales, los medios de comunicación y muchas delegaciones opinaron que el resultado era un símbolo y una manifestación del fracaso de la sesión especial. Pero el verdadero fracaso fue la incapacidad de los gobiernos de acordar la adopción de nuevos compromisos en las cuestiones intersectoriales que son más obligatorias (con metas que sirven de puntos de referencia, por ejemplo) que los que firmaron en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro hace cinco años. Sin esos compromisos, una declaración política de alto nivel no hubiera tenido ni efecto ni credibilidad, dadas las ya desalentadoras cifras de incumplimiento del Programa 21 en las dos cuestiones más importantes por las que el Norte debía aumentar los recursos financieros y la transferencia de tecnología al Sur.

En cambio, una declaración política, con lenguaje amañado para lograr el consenso, podía haber aumentado el nivel de cinismo y desgastado más la confianza de la opinión pública en el proceso posterior a la CNUMAD y ahora en el posterior a la sesión especial. Es mejor no tener ninguna declaración política, antes que una débil en la que se finge haber logrado cosas espléndidas pero falsas. Más vale admitir abiertamente que los gobiernos no llegaron a concertar un nuevo pacto político que simular que todo está bien.

Esta pareció ser la posición de Razali Ismail, el representante permanente de Malasia ante la ONU, quien presidió la sesión especial. Sus declaraciones en la conferencia de prensa revelaban no solo lo que ocurrió en la sesión especial de la Asamblea General de la ONU sino también el estado de cosas en el plano intergubernamental sobre toda la esfera del medio ambiente y el desarrollo cinco años después de la Cumbre de la Tierra.

"Creo que el resultado general es bastante sobrio", dijo en la conferencia de prensa, tras anunciar que no iba a haber declaración política. "Cuando las expectativas que tenemos como diplomáticos están puestas en el contexto de la falta de voluntad política, ahí hay un problema. Esto es lo que pasó en las discusiones sobre la declaración política."

Razali dijo que, aunque desalentador, el hecho de que no hubiera declaración política contenía un mensaje: lo difícil que era formular una declaración de ese tipo cuando en realidad en cinco años no había habido suficiente progreso en algunas de las cuestiones claves. "Al pan, pan y al vino, vino", dijo. "Cuando es obvio que en los cinco años (transcurridos desde Río) no se han hecho suficientes cosas, el impasse que se produjo en la declaración política es reflejo de esa situación."

Sin embargo, agregó, las cuestiones que se hubieran puesto en la declaración política iban a aparecer en el documento de la sesión "Programa para que avance la ejecución del Programa 21", en caso de que hubiera "algunos resultados satisfactorios" que debieran tenerse en cuenta.

"Esta sesión especial debería pasar a la historia como un intento muy honesto de evaluar cuánto avanzamos respecto a la Cumbre de Río" dijo Razali. No era la intención barrer la suciedad bajo la alfombra ni dar lustre a algo que no existía. Todos los delegados examinaron a fondo la situación sin encandilamientos; examinaron lo que estaba y lo que no estaba. Y fue por esto por lo que se han visto divisiones ... y esta situación se ha reflejado en el impasse que se produjo respecto a la declaración política. Me alegra esto, que no hayamos buscado el brillo sino las cosas reales. Ahora tenemos una evaluación honesta en el documento ... Al pan, pan y al vino, vino."

Razali dijo que había algunos aspectos muy buenos para el documento de la sesión. Con respecto a los bosques, se promueve la concertación de un acuerdo internacional, aunque sin un calendario concreto.

"Respecto a las finanzas, hay un lenguaje que es un signo positivo en la situación general de disminución de la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD), que acepta reconocer la disminución y toma medidas para invertir la tendencia. Los países desarrollados se han vuelto a comprometer con la meta del 0,7%. Esto es muy importante para los países menos adelantados (PMA). Es evidentemente importante subrayar que la idea de sustituir la AOD por la inversión extranjera o cualquier cosa proveniente del sector privado no es aceptable. Fuimos muy claros respecto a esto."

Razali agregó que una característica importante de esta sesión especial de la Asamblea General fue haber aceptado la participación del sector no gubernamental en la reunión plenaria. (El presidente de la Asamblea General había invitado a varios representantes de ONG a hacer uso de la palabra en la reunión plenaria de la Asamblea, primera vez que ello ocurría, especialmente en presencia de jefes de Estado.) Dijo Razali: "Esto es un hito, que se ha reconocido en la Declaración de Compromiso ... Veo con particular agrado a las organizaciones de jóvenes, de agricultores, de mujeres y de pueblos indígenas que están aquí en la sesión especial logrando lo que quieren junto con los gobiernos." Cuando los periodistas insistieron en la pregunta de por qué no era posible acordar una declaración política, Razali respondió que cuando se hizo un intento de poner todo en un documento más corto, no pudo salvarse la distancia entre lo que se prometió en Río y lo que no se hizo sobre el terreno.

"De manera que, evidentemente, hubo una sensación de frustración. En la Asamblea General, se encontraron ministros que decían que no habían hecho muchas cosas. Los ministros europeos dijeron sí, ha habido una terrible disminución de la AOD, se debería invertir la tendencia. Pero cuando se quiere juntar todo para lograr un consenso, uno o dos países no permitirían hacerlo."

Cuando se le preguntó qué iba a pasar en los próximos años, Razali respondió: "Esto es una especie de llamado para que la ONU despierte. Primero, tenemos que admitir que lo que perjudica la cooperación internacional es que los gobiernos no pueden mantener los compromisos, no solo respecto a los recursos, sino respecto a las cosas que hay que hacer a largo plazo. De algún modo, el cuadro se completó con otras limitaciones. Hemos aprendido que lo que hace cinco años dijimos con tanto entusiasmo que haríamos, que pondríamos en práctica, que cumpliríamos, en realidad no se ha hecho suficientemente. Esto es algo que ha estropeado las relaciones internacionales. La ONU debe aprender de esto".

Razali dijo que es necesario que las Naciones Unidas se pongan a resolver también las cuestiones difíciles de la economía. "En este momento, la ONU está tratando los aspectos fáciles de la economía: el medio ambiente, las políticas de desarrollo, la deuda, las drogas, los refugiados. Pero no está dando la ocasión de abordar las cuestiones difíciles: el comercio, la determinación y la movilización de recursos. Deberíamos examinarlas puesto que tenemos reglas que no son parejas".

Cuando se le preguntó si lo que quería decir era que se debía ampliar el mandato de las Naciones Unidas para que incluyera el comercio y por qué se debía hacer eso cuando ya existen instituciones como el Banco Mundial y la OMC que se ocupan de esos asuntos, Razali respondió: "La triste realidad de estos tiempos es que tenemos a las Naciones Unidas funcionando solo dentro de cierto ámbito, mientras que otras instituciones tienen carteras más grandes, que incluyen cuestiones que afectan a los países en desarrollo. Si las decisiones de la ONU pudieran por lo menos enfluir en las decisiones que toman la OMC y el Banco Mundial sobre las cuestiones relativas a los desequilibrios comerciales, entonces la ONU empieza a ganar importancia. Pero si sea lo que fuere que decidamos aquí solo representa un punto de referencia marginal, entonces la ONU significa mucho menos. Para mí, como activista del Sur, esto no es nada satisfactorio."

A la pregunta de qué había pasado desde Río que impidió llegar a un acuerdo en la sesión especial, Razali respondió: "En 1992, llegamos al punto culminante del entusiasmo y el compromiso con el desarrollo sustentable y el medio ambiente. Desde entonces, muchas otras cosas han distraído nuestra atención de eso. Desde entonces, en gran parte del mundo desarrollado cundió la estrechez de miras y eso afectó a la disposición de esos países de facilitar fondos, recursos, AOD, transferencias de tecnología".

Cuando se le preguntó si él "despertaría a los Estados para hacer algo urgente", Razali contestó que sabía lo que no podía hacer. Pero, agregó, esta es una ocasión en que las ONG pueden volver a las organizaciones de base y "empujar y agitar para que se pongan en práctica con más sinceridad y honestidad todos los aspectos de los acuerdos de Río. "Pienso que la idea de las conferencias, tanto para los gobiernos como para las ONG, está casi terminada ... No tiene ningún interés que hablemos entre nosotros ... Es el momento de salir y decir "No los votaremos si no hacen esto o aquello. Ahí es cuando las ONG hacen palanca; y este es el momento oportuno para hacerlo".

VII. CONCLUSION

Las cosas que sucedieron en la sesión especial de la Asamblea General de la ONU sirvieron, sin duda, para indicar en qué estado están el medio ambiente y el desarrollo en el plano intergubernamental, cinco años después de la CNUMAD. Como dijo el presidente de la Asamblea General de la ONU, la situación es "sobria".

Es claro que la "asociación" entre el Norte y el Sur de la que tanto se habló en Río se ha deteriorado mucho. No solo se ha debilitado mucho el vínculo entre medio ambiente y desarrollo, que nunca fue fuerte ni siquiera en Río; los gobiernos (hasta los del Norte en sus propias sociedades) han restado importancia incluso a las meras cuestiones ambientales que tanto preocupaban al mundo en 1992.

Como dijimos más arriba, en los cinco años transcurridos desde Río, las fuerzas y las presiones de la globalización y la liberalización han ido en cabeza y en gran medida han dejado atrás las metas del desarrollo sustentable que parecían claras en 1992. Paradójicamente, así como la Cumbre de Río elevó en la opinión pública la conciencia del medio ambiente y el desarrollo, también marcó el punto máximo de esa tendencia, después del cual la atención oficial a esos asuntos disminuyó y fue reemplazada por las prioridades del comercio, la competitividad económica y el aumento de la participación en el mercado.

Los grupos de ciudadanos y los movimientos sociales siempre han estado a la vanguardia de la lucha por el medio ambiente y la justicia social en el desarrollo. Muchos de ellos también habían dedicado tiempo a los procesos de la CNUMAD y de la labor posterior a ésta, con la esperanza de que sus preocupaciones podían ser escuchadas y tenidas en cuenta mejor por medio de las reuniones y los acuerdos de nivel mundial.

Sin embargo, ha quedado claro que los gobiernos del Norte están dando menos importancia a las cuestiones del medio ambiente y el desarrollo en el plano mundial. Es una paradoja que, cuando hubo que impulsar la CNUMAD, los gobiernos del Norte tomaran la delantera y los del Sur hayan sido llevados al proceso de mala gana. Cinco años más tarde, parecería que los gobiernos del Sur están bastante más interesados en la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible y los procesos posteriores a la CNUMAD, al menos en los aspectos relacionados con el desarrollo, mientras que por parte del Norte ha habido una pérdida de interés.

En todo caso, como lo señaló Razali Ismail, los gobiernos han demostrado que el proceso oficial mundial relativo al medio ambiente y el desarrollo ha llegado a un impasse político. Es poco probable que se logre un avance general si esto se deja librado a los gobiernos. De modo que el papel dinamizador de los grupos de ciudadanos y de los movimientos sociales ha adquirido la máxima importancia en lo que respecta a aumentar la conciencia pública, crear opinión, promover las peticiones y actuaciones de la gente común, para que el medio ambiente y el desarrollo se conviertan en cuestiones candentes y se pongan en los primeros lugares de los órdenes del día políticos de cada país y del mundo.

 

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Actualizado: July 10, 2001