CINCO AÑOS DESPUES DE LA CONFERENCIA DE
RIO: UN EXAMEN DE LA SITUACION EN MATERIA DE MEDIO AMBIENTE Y
DESARROLLO
I. INTRODUCCION
En el presente documento se hace un examen general de los
hechos y las tendencias registrados en el ámbito del medio
ambiente y el desarrollo mundiales en el período de los cinco
años siguientes a la celebración de la Cumbre de la Tierra
en junio de 1992.
En este documento se intenta responder a la pregunta de si
las esperanzas depositadas en la reunión de Rio de 1992
demostraron ser demasiado ingenuas, vistas retrospectivamente.
Se describen a grandes rasgos las principales características
de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio
Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) que la hicieron única en lo
que se refiere a integrar los asuntos relativos al medio
ambiente y el desarrollo y a hacer un balance de las
cuestiones que interesan al Norte y al Sur. Se señalan pues
las principales esferas en las que las metas y promesas de la
CNUMAD no se cumplieron, causando así un sentimiento de
desilusión general en los países del Sur, así como en las
organizaciones no gubernamentales (ONG). Luego se describen
sucintamente las principales fuerzas que han obstaculizado el
cumplimiento de los acuerdos de la CNUMAD o se han opuesto a
ello. En otra parte, se analiza la sesión especial de la
Asamblea General de la ONU celebrada en junio de 1997 para
examinar la puesta en práctica del Programa 21 y otros
compromisos de la CNUMAD. Por último, se saca una conclusión
acerca de las opciones y tendencias que se presentan para el
futuro.
II. EL ACUERDO FUNDAMENTAL DE LA CNUMAD Y EL ESPIRITU DE
RIO
Viendo las cosas retrospectivamente, la CNUMAD fue un
acontecimiento decisivo que despertó las esperanzas de los
pueblos de todo el mundo en el sentido de que surgiera una
nueva manera de relacionarse en el plano mundial. Con esa
nueva manera, que surge del "espíritu de Río", se
iba a cambiar el curso actual de las relaciones
internacionales, se iba a abordar la creciente crisis mundial
del medio ambiente y, simultáneamente, se iba a tratar de
lograr relaciones económicas internacionales más justas que
constituyeran la base para fomentar en cada país y en todo el
mundo el desarrollo sustentable.
El único logro importante de la CNUMAD fue que mediante
los largos procesos de preparación y de la Cumbre los
diplomáticos y los principales líderes políticos del mundo
reconocieron no solo la crisis del medio ambiente en sus
diversas facetas sino la forma en que ésta estaba enclavada
en los sistemas económicos y sociales y que se puede
encontrar una solución realista y a largo plazo abordando la
crisis del medio ambiente y la del desarrollo simultáneamente
y de manera integrada.
En la CNUMAD participaron además miles de organizaciones
no gubernamentales que no solo pudieron defender las
cuestiones que les interesaban a ellas sino que mediante una
intensa interacción entre los grupos del Norte y el Sur y de
las esferas relacionadas con el medio ambiente, el desarrollo
y lo social pudieron encontrar una manera más integrada de
abordar los problemas mundiales y locales. La CNUMAD fue un
elemento importante para activar la creación de un
"movimiento de los ciudadanos del mundo".
La CNUMAD también brindó la ocasión para que grupos de
ciudadanos y gobiernos entablaran un diálogo sobre los
problemas mundiales más urgentes que enfrentan la humanidad y
el planeta, interacción que fue beneficiosa para ambas
partes. Se creó una comunidad internacional de representantes
de Estados, de organizaciones no gubernamentales e
intergubernamentales, de instituciones y personas, que
compartieron, aunque provisionalmente, la comprensión de la
naturaleza integrada del medio ambiente y el desarrollo y un
reconocimiento de que en los próximos años había una
necesidad imperiosa y una sola oportunidad de cambiar el curso
de la historia a fin de salvar a la humanidad y el planeta de
la catástrofe ecológica y el desorden social.
El "pacto" o acuerdo político medular de la
Cumbre de la Tierra fue el reconocimiento de que la crisis
ecológica mundial tenía que resolverse de una manera
equitativa, mediante la participación. Esto fue recogido en
el principio de la Declaración de Río que se refiere a las
"responsabilidades comunes pero diferenciadas". En
él se reconoce que, históricamente y en el presente, el
Norte ha tenido más responsabilidad en la degradación del
medio ambiente mundial, tiene más recursos debido a la
naturaleza desigual de la economía mundial y tiene una
responsabilidad proporcionalmente mayor en la solución de los
problemas ambientales. El Sur, por su posición desfavorable
en la economía mundial, se encuentra impedido de satisfacer
las necesidades básicas de su población, y la baja de los
precios de los productos básicos, la pesada carga de la deuda
y otras salidas de capital se llevan sus recursos nacionales.
Favorecer el desarrollo, erradicar la pobreza y satisfacer las
necesidades básicas son (o deberían ser) sus objetivos más
urgentes. Las cuestiones ambientales deberían integrarse en
esos objetivos de desarrollo (y no menoscabarlos).
En términos concretos, el acuerdo Norte-Sur y la puesta en
práctica del principio de las "responsabilidades comunes
pero diferenciadas" exigiría que:
a) El Norte cambiara sus modalidades de producción y
consumo (y su modelo socioeconómico). Tendría que ponerse a
la vanguardia en lo que respecta a mejorar las condiciones
ambientales, reducir la contaminación y el uso de sustancias
tóxicas y disminuir la utilización y el gasto de recursos
naturales, entre otras cosas modificando los estilos de vida.
"Poniendo en orden su propia casa", el Norte daría
el ejemplo al resto del mundo de que es necesario modificar el
comportamiento económico y social a fin de solucionar la
crisis del medio ambiente;
b) El Norte ayudara al Sur con fondos y transferencia de
tecnología, así como con una nueva manera de relacionarse
que creara un medio económico internacional más favorable
(por ejemplo, mediante relaciones de intercambio más justas y
la solución de la crisis de la deuda). Esto permitiría al
Sur tener más recursos y un "espacio de desarrollo"
más amplio que, a su vez, facilitara un cambio de modelo de
desarrollo que fuera más sustentable ecológicamente.
c) El Sur, con más recursos financieros y tecnológicos,
administrara mejor su economía, diera prioridad a las
políticas que satisfacen las necesidades de la población,
mejorara las condiciones en materia de contaminación y
redujera el agotamiento de recursos como los bosques.
d) Los organismos y estructuras internacionales ayudaran
más en este proceso; por ejemplo, disminuyendo el problema de
la deuda de los países en desarrollo y revisando el contenido
de las políticas de ajuste estructural, velando por que el
sistema comercial dé más beneficios a los países en
desarrollo pobres, ayudando a movilizar recursos financieros y
proporcionando asistencia técnica en lo que respecta a
mejorar las condiciones ambientales.
e) Las cuestiones que requieren integrar los aspectos
económicos y los ambientales (como la interacción del
comercio y el medio ambiente y la relación entre derechos de
propiedad intelectual, tecnología ambiental y conocimiento
indígena) se resolvieran mediante una relación de equidad
entre el Norte y el Sur que permitiera reconocer debidamente
las necesidades de desarrollo de éste.
Si se van a seguir los principios mencionados más arriba,
el concepto de desarrollo sustentable tendría por lo menos
dos componentes principales que se equilibran mutuamente: la
protección del medio ambiente y la satisfacción de las
necesidades humanas básicas de la generación presente y de
las futuras generaciones. De ese modo, el desarrollo
sustentable no solo implicaría emplear métodos ecológicos
que permitieran satisfacer las necesidades de las generaciones
futuras sino introducir un cambio en las modalidades de
producción y consumo que tuvieran en cuenta la justicia para
que los recursos que actualmente se despilfarran se ahorren y
se canalicen hacia la satisfacción de las necesidades de
todos hoy y también en el futuro. En este sentido, un factor
decisivo (o incluso el más decisivo) es la justicia dentro de
los países y entre ellos en lo que respecta al control y la
utilización de los recursos de manera ecológicamente
racional.
III. ALGUNOS DE LOS PUNTOS DEBILES FUNDAMENTALES DE LA
CNUMAD
Pese a los logros del proceso de la CNUMAD, hubo puntos
débiles y fracasos fundamentales, entre los que figuran:
• La negativa de los gobiernos del Norte a comprometerse
a reformar las relaciones o estructuras económicas
internacionales o a iniciar un nuevo diálogo económico
Norte-Sur,o la incapacidad que tuvieron para ello. Esto
significó que no hubiera ningún compromiso de solucionar los
problemas estructurales externos que influyen mucho en la
mayoría de los países en desarrollo (particularmente en los
más pobres), como la deuda externa, una revisión de las
políticas de ajuste estructural, los precios bajos y en
continuo descenso de los productos básicos y la tendencia al
deterioro de las relaciones de intercambio y la posición
desventajosa de los países en desarrollo en los sistemas
financieros y comerciales mundiales, todo lo cual tiene por
resultado grandes flujos de recursos económicos que se van
del Sur u oportunidades perdidas.
• Como consecuencia de la incapacidad del proceso de la
CNUMAD de dar a estos temas un lugar destacado en el Programa
21, los temas que dominaron las negociaciones Norte-Sur fueron
el compromiso de aportar más recursos financieros (en este
caso los países del Norte prometieron esforzarse en cumplir
compromisos de ayuda anteriores para alcanzar el 0,7 por
ciento de su PNB) y el compromiso de realizar
"transferencia de tecnología" (al menos de la
ecológicamente racional). Estos dos puntos sustituyen
malamente las reformas más fundamentales de las relaciones
económicas internacionales. Dada la situación, representan o
simbolizan, no obstante, la disposición del Norte de ayudar
al Sur en una nueva relación mundial que contemple el medio
ambiente y el desarrollo conjuntamente.
• Aunque la "transferencia de tecnología" se
discutió ampliamente durante el proceso de la CNUMAD y tiene
un lugar destacado en el Progama 21, en realidad los gobiernos
del Norte dejaron claro que no se iba a comprometer la
protección de los derechos de propiedad intelectual de sus
trasnacionales. Esto haría en los hechos impracticable en
general la transferencia de tecnología (aunque solo fuera de
la ecológicamente racional) en condiciones favorables. Sin
embargo, ante la insistencia del Sur, en el Programa 21 hay
efectivamente alguna referencia a la necesidad de que se
realice transferencia de tecnología y que los derechos de
propiedad intelectual no obstaculicen el proceso. En el
Convenio sobre la Diversidad Biológica se establece un
principio similar. Sin embargo, en ambos casos las palabras y
las referencias son cautelosas, ambiguas y relativamente poco
enérgicas, aunque la aceptación del principio da pie para
una elaboración más completa en la labor complementaria de
la CNUMAD.
• El restarle importancia a la necesidad de reglamentar
la actividad de las empresas trasnacionales y de las grandes
firmas comerciales. Tal como señalaron las ONG, las grandes
empresas son las principales causantes de problemas
ambientales como la contaminación, el agotamiento de recursos
y las modalidades de producción y consumo no sustentables. El
proceso de la CNUMAD soslayó esta responsabilidad y no
propuso medidas para reglamentar o disciplinar el
comportamiento de las grandes empresas. De modo que las
medidas más importantes para el desarrollo sustentable fueron
omitidas y se perdió una oportunidad de hacer más
responsables a los principales actores económicos. Esto hizo
que muchas de las propuestas del Programa 21 perdieran
posibilidades de ser llevadas a la práctica.
• La negativa de los gobiernos del Norte, en especial el
de Estados Unidos (cuya delegación declaró "nuestros
estilos de vida no están sujetos a negociaciones"), a
comprometerse efectivamente a cambiar los estilos de vida para
colaborar en la aplicación de modalidades de consumo
sustentables. Así que se soslayó un elemento crucial en lo
que respecta a disminuir el despilfarro de recursos naturales.
• Pese a que se propusieron muchas medidas para resolver
los problemas ambientales, el compromiso del Norte y el Sur
fue relativamente flojo en este sentido. Por no querer limitar
sus oportunidades de crecimiento o desarrollo no estuvieron
dispuestos a aceptar medidas para disciplinar el agotamiento
de los recursos, en especial la deforestación. Los gobiernos
del Norte se resistieron a tomar medidas de protección
ambiental eficaces en la labor de la ingeniería genética o a
elaborar mejores reglamentaciones internacionales sobre el
traslado de productos peligrosos, proyectos y actividades al
Sur. El compromiso de los gobiernos del Norte (especialmente
de Estados Unidos) de reducir la emisión de gases que
producen el efecto invernadero fue insuficiente en relación
con lo que significa abordar el cambio climático.
• Debido a estos defectos, el concepto de desarrollo
sustentable siguió siendo discutible. Si bien hubo acuerdo
general en que el progreso en materia de medio ambiente tenía
que ir acompañado por el desarrollo, no lo hubo con respecto
al lugar y el papel de la justicia, la necesidad de introducir
reformas para que las relaciones y las instituciones
internacionales sean más equitativas, así como las maneras
equitativas de combinar medio ambiente y economía en el plano
nacional. De modo que, si bien el papel de la equidad estuvo
implícito, no se lo elaboró explícitamente lo suficiente en
la CNUMAD. Esto dejó abierta la posibilidad segura de que en
la labor complementaria no se lo tenga en cuenta.
A pesar de estas y otras deficiencias, la CNUMAD, sus
frutos (el Programa 21, la Declaración de Río, los
principios relativos a los bosques, los convenios sobre la
diversidad biológica y los cambios climáticos, así como un
acuerdo para establecer un convenio relativo a la
desertificación) y sus procesos (el gubernamental, el no
gubernamental y la interacción entre ambos) produjeron un
intangible aunque valioso "espíritu" de
colaboración. Los funcionarios (de los gobiernos y de los
organismos internacionales) y los representantes de los grupos
de ciudadanos que participaron tuvieron la esperanza de que el
proceso de la CNUMAD y su espíritu de cooperación, aunque
frágil y defectuoso, pudiera asentarse en la labor
complementaria y permitiera construir un mundo mejor en el
aspecto social y más sustentable ecológicamente.
IV. LAS METAS DE LA CNUMAD QUE NO SE CUMPLIERON
Cinco años después, queda claro que el "espíritu de
Río" no se tradujo en hechos. Más bien parece que se ha
ido perdiendo. Los aspectos más importantes de este fracaso
son los siguientes:
a) Disminuyó el volumen de la ayuda. Aunque en la CNUMAD
prometieron aumentar la ayuda, los países de la OCDE
redujeron ésta de 61.000 millones de dólares en 1992 a
56.000 millones en 1993 y de 21 países donantes 14 redujeron
el porcentaje de su PNB que destinan a la ayuda (1). Además,
una parte cada vez mayor de esa ayuda que se va achicando se
desvía hacia los países de Europa del Este en perjuicio del
Sur. Desde entonces, la situación se ha agravado y Suecia,
Estados Unidos y Canadá, entre otros, dismunuyen la ayuda
continuamente. En particular, el nuevo Congreso de Estados
Unidos, dominado por los Republicanos, está ejerciendo
presión para que se reduzca considerablemente el papel de la
ayuda y se retengan los fondos (que está comprometido
legalmente a proporcionar) a las Naciones Unidas. Entre los
gobiernos del Norte, los "nuevos recursos de
financiación" para el Sur se ha convertido
políticamente en un tema sin salida o, peor, en un tema
"tabú". El momento en que la ayuda comenzó a
disminuir coincidió con el fin de la Guerra Fría y todos
admiten que la clase dirigente del Norte considera que ya no
es necesario utilizar la ayuda para ganar aliados o mantener
la influencia en los países del Sur. Así que el presupuesto
destinado a la ayuda se está reduciendo en consonancia con
las reducciones generales del presupuesto que se están
efectuando en la mayoría de los países del Norte. Para
enviar una mala señal, el momento no podía haber sido peor,
puesto que la ayuda se había convertido en el símbolo más
importante de la cooperación Norte-Sur creada por la CNUMAD.
La disminución de la ayuda se considera inevitablemente una
falta de compromiso y de sinceridad de los gobiernos del Norte
en lo que respecta a cumplir los acuerdos de Río y ha hecho
perder posición y legitimidad a los procesos e instituciones
a que dio lugar la CNUMAD.
b) No se avanzó en la transferencia de tecnología. No ha
habido ningún avance tangible en materia de transferencia de
tecnología al Sur, ni en general ni en la ecológicamente
racional. En vez de eso, desde Río se ha hecho mucho más
hincapié en incrementar los derechos de los poseedores de
propiedad intelectual (principalmente las empresas del Norte)
con el correspondiente menoscabo de los derechos del público
(y de los países en desarrollo) en lo que respecta a la
transferencia y difusión de tecnología. Esto es consecuencia
sobre todo del acuerdo de la Ronda Uruguay del GATT sobre los
TRIPs (aspectos de los derechos de propiedad intelectual
relacionados con el comercio) que exigirá a los Estados
miembros de la Organización Mundial del Comercio hacer más
estrictos sus regímenes nacionales de derechos de propiedad
intelectual en favor de los titulares de dichos derechos, lo
que tendrá efectos perjudiciales en la transferencia de
tecnología o en la obtención local de tecnología. Ya hay
pruebas de cómo dificultan esos regímenes de patentes la
transferencia de tecnología al Sur. También existe el
peligro de que el nuevo régimen de derechos de propiedad
intelectual (cuyas reglas favorecen a las empresas
comerciales) marginen además los intereses y derechos de las
comunidades que crearon conocimiento basado en la diversidad
biológica (en agricultura, plantas medicinales, etc.)
mientras que permite que las empresas comerciales patenten ese
conocimiento. El haber hecho hincapié en la protección de
los derechos de propiedad intelectual en perjuicio de la
transferencia de tecnología restó legitimidad, igual que la
disminución de la ayuda, al proceso posterior a la CNUMAD, ya
que la transferencia de tecnología era el segundo punto de lo
que se consideró el compromiso del Norte para facilitar el
desarrollo sustentable.
c) Disminución en el Norte del interés por el medio
ambiente. No se han tomado medidas importantes en el Norte
para introducir modificaciones fundamentales en las
modalidades de producción y consumo o en los estilos de vida.
A pesar de que en el campo de la energía se hicieron algunos
esfuerzos para reducir la emisión de los gases que producen
el efecto invernadero (que en general se cree que siguen
siendo insuficientes para detener los cambios climáticos
negativos), en muchos países del Norte se ha registrado un
cambio total de políticas ambientales (como la tala de
bosques naturales en Estados Unidos y los intentos de aflojar
las normas) o la falta de progreso en esferas críticas que
requieren atención (como la insuficiente respuesta en materia
de reglamentos al rápido desarrollo de la ingeniería
genética). En general, ha habido una disminución del
interés por el medio ambiente en los programas nacionales, a
medida que los intereses comerciales y la necesidad de
mantener "la competitividad económica nacional"
adquieren precedencia.
d) Pocos avances en el Sur por lo que respecta al cuidado
del medio ambiente. En la mayoría de los países del Sur, los
asuntos relativos al medio ambiente tampoco recibieron la
atención especial que se había prometido en la CNUMAD. Los
países más pobres siguen enredados en los problemas de la
deuda externa y los bajos precios de los productos básicos, y
la disminución de la deuda les añade dificultades. Además,
la inversión extranjera los evita. En consecuencia, la falta
de recursos financieros sigue obstruyendo el progreso hacia el
desarrollo sustentable. En los países del Sur que se están
industrializando, las necesidades apremiantes de la
urbanización, la industrialización y el gran crecimiento han
agregado presiones sobre el medio ambiente, cuyo cuidado ha
recibido menos atención que las necesidades imperiosas del
crecimiento. En general, en el Sur no se ha avanzado hacia la
agricultura sustentable o en lo que respecta a la disminución
progresiva del uso de sustancias tóxicas (aunque la
exportación del Norte al Sur de desechos tóxicos puede
reducirse ampliando el Convenio de Basilea).
e) Pérdida de interés en el desarrollo. Tan grave como el
aflojamiento del programa relativo al medio ambiente es la
pérdida de interés en el desarrollo como principio o como
derecho que se ha producido en el orden del día
internacional. Esto se debe principalmente a la ola de
conservadurismo económico sobrevenida en muchos países del
Norte y a la pérdida de interés en los problemas de los
países en desarrollo que manifiesta su clase dirigente. Y, lo
que es más grave, en el Norte, la más agresivamente
orientada hacia el comercio manera de ver a los países en
desarrollo como mercados (que es necesario abrir) y como
rivales en potencia (cuyas ventajas habría que refrenar) ha
reemplazado la otra manera de verlos como socios mundiales en
desventaja que requieren y merecen asistencia. En
consecuencia, no sólo la disminución de la ayuda sino
también la poca voluntad de dar un trato especial o ventajas
a los países en desarrollo en las negociaciones de la ONU han
puesto en tela de juicio y debilitado el "principio del
desarrollo" y la "dimensión del desarrollo"
que hasta ahora habían sido aceptados como las piedras
angulares de las relaciones Norte-Sur.
Es particularmente importante que el principio de
desarrollo se haya debilitado en las relaciones comerciales
entre el Norte y el Sur, especialmente en la OMC. La Ronda
Uruguay debilitó el "trato especial y diferenciado"
para los países en desarrollo. En las negociaciones que
tienen lugar actualmente en la OMC, entre cuyos temas figuran
algunos nuevos, los países desarrollados han evitado
reconocer las necesidades y los objetivos de desarrollo de los
países en desarrollo e insistieron, en cambio, en el trato
igual para los débiles y los fuertes: por ejemplo,
"reglas parejas" y "trato nacional" para
sus compañías. Esto contrasta con las manifestaciones de los
líderes políticos del mundo que reafirman la apreciación de
los derechos y las necesidades de desarrollo del Sur, lo que
se ha hecho patente en la Cumbre sobre Desarrollo Social
celebrada en 1995 y otras conferencias y resoluciones de la
ONU. Estas declaraciones y procesos, que representan el
espíritu de cooperación internacional, está siendo socavado
por las reglas del sistema comercial, más capaces de obligar
legalmente y más ejecutables. Por lo tanto, en vez de
permitir al Sur tener un espacio de desarrollo más grande
para facilitar su transición a un medio ambiente mejor
protegido (que en eso consistió el acuerdo de la CNUMAD), en
los últimos años se ha estrechado considerablemente ese
espacio.
f) Persistencia de problemas de desarrollo en el Sur. Un
aspecto muy importante de la CNUMAD fue que dio prioridad a la
solución de los urgentes problemas de desarrollo del Sur.
Esos problemas debían ser abordados en dos planos: mejorar el
medio económico internacional negativo y mejorar las
políticas nacionales. Aunque una pequeña minoría de países
en desarrollo, sobre todo del sudeste asiático, pudieron
aprovechar factores externos para registrar un elevado
crecimiento, la mayoría siguió afligida por la pobreza y los
problemas sociales y en algunos de ellos la situación
empeoró. El medio externo en el que tuvieron que moverse
muchos países en desarrollo siguió siendo negativo. Las
relaciones de intercambio continuaron deteriorándose para
muchos países en desarrollo, con los precios y la demanda de
exportaciones de productos básicos en descenso. La crisis de
la deuda persistió. Los volúmenes de ayuda disminuyeron. Por
este motivo, los recursos de los países en desarrollo
continuaron yéndose al exterior. En muchos países, los
recursos del Estado siguieron disminuyendo, lo que reduce su
capacidad para afrontar las exigencias del desarrollo.
Los resultados de la globalización del comercio y las
inversiones fueron desiguales y a los países en desarrollo
más pobres les tocaron pocos beneficios (y probablemente
pérdidas netas). Por medio de los acuerdos de la OMC y el
ajuste estructural se restringieron más las opciones en
materia de políticas de desarrollo. En los últimos cinco
años, los efectos negativos del medio externo han tenido gran
influencia en muchos países en desarrollo. Muchos de ellos no
pudieron reunir los recursos ni la fuerza suficientes para
superar sus apremiantes problemas sociales. En consecuencia,
el crecimiento fue poco o insuficiente, los gastos en
desarrollo social reducidos, la pobreza persistente o peor, el
desempleo más elevado y las desigualdades más grandes.
V. LOS EFECTOS DE LA LIBERALIZACION Y LA GLOBALIZACION Y LA
OPOSICION DE PARADIGMAS
a) El debilitamiento del paradigma del desarrollo
sustentable por el enfoque del libre mercado
El principal factor que impidió cumplir los objetivos de
la CNUMAD fue quizá la tendencia de la liberalización y la
globalización que en los últimos años ha asolado el mundo.
El enfoque de la CNUMAD representa uno de los paradigmas
para las relaciones internacionales: el de la búsqueda del
consenso, la incorporación de las necesidades de todos los
países (grandes o chicos), la asociación en la cual los
fuertes ayuden a los débiles, la integración de los asuntos
relativos al medio ambiente y el desarrollo, la intervención
del Estado y la comunidad internacional en representación del
interés público para controlar las fuerzas del mercado a fin
de lograr más justicia social y llegar a tener modalidades de
producción y consumo más sustentables.
El enfoque de la liberalización del mercado representa un
paradigma muy distinto. Propugna la reducción o eliminación
de las reglamentaciones estatales del mercado, para dejar que
imperen libremente las "fuerzas del mercado", y la
concesión de muchos derechos y "libertades" a las
grandes empresas que dominan el mercado. El Estado debería
intervenir mínimamente, incluso en lo que respecta a los
servicios sociales. En cuanto al medio ambiente, en lugar de
intervenir o imponer controles, se debería dejar libre el
mercado pues se supone que eso impulsaría el crecimiento y
los recursos así incrementados pueden utilizarse para la
protección del medio ambiente. Además, este enfoque hace
caso omiso de la justicia o de los efectos negativos de las
fuerzas del mercado, como la pobreza y la no satisfacción de
las necesidades básicas. Supone que el mercado resolverá
todos los problemas. Llevado al plano internacional, el
paradigma propugna la liberalización de los mercados
internacionales, la supresión de las barreras económicas
nacionales, el derecho de las empresas trasnacionales a vender
e invertir en cualquier país que les plazca sin restricciones
ni condiciones. Los gobiernos no deberían trabar el juego
libre del mercado. Se debería reducir la ayuda y el trato
especial a los países en desarrollo.
En los cinco años que pasaron desde la Conferencia de
Río, estos dos paradigmas se opusieron fuertemente en los
asuntos internacionales. El paradigma de la asociación y la
cooperación estuvo representado por la serie de conferencias
mundiales de las Naciones Unidas, en las que se intentó
discutir y resolver en un marco de búsqueda de consenso los
problemas mundiales relativos al medio ambiente, la mujer, el
desarrollo social, el hábitat y la alimentación. Se
reconoció que el mercado librado a sí mismo no podía
resolver los problemas y sería en realidad un obstáculo, por
lo que los gobiernos, la comunidad intergubernamental, las ONG
y los grupos de ciudadanos tenían funciones decisivas para
moderarlo con programas y prioridades sociales y ambientales.
Se dio prioridad a la necesidad de aumentar la capacidad de
los débiles y los pobres y se reconoció el papel de la ayuda
y el trato diferenciado para ellos.
En el lado opuesto, el paradigma del libre mercado estuvo
representado por las instituciones de Bretton Woods que
persistieron en la promoción de los programas de ajuste
estructural basados en la liberalización del mercado y por el
GATT/OMC donde dominaron los gobiernos del Norte que propugnan
la apertura de los mercados (especialmente los de los países
en desarrollo) para las exportaciones y las inversiones de las
trasnacionales y las instituciones financieras. La conclusión
de la Ronda Uruguay en diciembre de 1993 anunció una nueva
era en la que los acuerdos y las negociaciones comerciales
multilaterales supeditarían mucho más a los países a los
objetivos de los gobiernos del Norte que propugnan un
"acceso a los mercados" más grande y más amplio
para sus empresas. Los acuerdos de la Ronda Uruguay de 1993 y
el paradigma que representan llegaron a ser más poderosos que
los acuerdos y frutos de la CNUMAD de 1992 y la asociación
que prometían. En efecto, en los últimos cinco años, el
paradigma de la liberalización del mercado, que ganó
importancia y preeminencia, ha socavado el paradigma de la
asociación para el desarrollo sustentable. El paradigma del
mercado dispuso de medios de ejecución severos: en las
instituciones de Bretton Woods, se puede imponer el ajuste
estructural como condición de los préstamos que tanto se
necesitan; en el sistema de la OMC, los acuerdos y las normas
son ejecutables mediante un sistema poderoso de solución de
controversias en el que figuran las multas y las represalias
comerciales. En cambio, al paradigma de la asociación se lo
privó de sus medios de ejecución principales, que son los
recursos financieros y la transferencia de tecnología.
El factor que intervino más en el triunfo del paradigma
del mercado fue que los países poderosos lo apoyaron y
defendieron con fuerza y agresividad y marginaron
deliberadamente el otro. En esos países, los ministerios de
Comercio y Finanzas tienen una influencia mucho más grande
que los ministerios de Medio Ambiente o de Ayuda Externa. Esto
ha contribuido a que, en esos países, se haya dado tanto más
importancia a los intereses comerciales nacionales y privados
que a las cuestiones que afectan al medio ambiente y el
desarrollo.
b) Reducción del papel de la ONU y ampliación de las
facultades de la OMC y de las instituciones de Bretton Woods
En estos últimos años, los países del Norte también
organizaron con éxito la disminución del papel, los recursos
y la influencia de las Naciones Unidas en los asuntos y las
políticas sociales y económicas y al mismo tiempo
incrementaron enormemento las facultades y la influencia de
las instituciones de Bretton Woods y en especial de la OMC por
lo que respecta a determinar las políticas económicas y
sociales internacionales. Este cambio en la ubicación
institucional de la autoridad se debe al hecho de que las
instituciones de Bretton Woods y la OMC representan el
paradigma que propugna el Norte y también a que el Norte
ejerce el control en ellas a diferencia del sistema de
Naciones Unidas en el que el Sur está mejor representado,
porque las distintas organizaciones difieren en lo que
respecta a toma de decisiones.
Como al paradigma del mercado se le dio una posición
superior, a las cuestiones relativas al desarrollo sustentable
se les ha prestado menos atención. Los gobiernos de los
países fuertes se han obsesionado con la competitividad de
sus empresas y de sus países; esto ha menguado el compromiso
de mejorar el medio ambiente y cambiar las modalidades de
producción y consumo. En muchos países, la eliminación de
reglamentaciones ha significado el debilitamiento de las
políticas ambientales (o de su ejecución). Ha disminuido el
interés por llevar a la práctica los componentes de la
CNUMAD (y de otras conferencias como la Cumbre sobre
Desarrollo Social) relativos al desarrollo. No se han
materializado los medios de ejecución de muchas de las
medidas propuestas.
c) No se reglamentó la actividad de las grandes empresas
trasnacionales y se avanza hacia la ampliación de sus
derechos
Una de las razones principales por las cuales no se han
realizado los objetivos de la CNUMAD es el hecho de que el
comportamiento y las maneras de proceder de los principales
actores económicos (los que determinan las modalidades de
producción y consumo) no se han hecho entrar en ningún tipo
de marco de resposibilidad y disciplina eficaz. La propia
CNUMAD fue en parte responsable de esto, ya que no se propuso
ninguna medida para reglamentar a las grandes empresas. En los
últimos años, el poder de éstas se ha incrementado:
controlan más recursos mundiales y su participación en las
actividades de producción, la distribución, las finanzas y
la comercialización es mayor. No se ha notado ningún cambio
en sus pautas de producción. El método de "continúa la
venta en el interior" ha dado como resultado la
continuación o incluso la intensificación de la
contaminación del medio ambiente y el agotamiento de los
recursos. Por la globalización de los medios de
comunicación, la publicidad y las promociones de ventas que
hacen de los productos de consumo y los gustos han influido
mucho más aun en la divulgación de los estilos de vida y
pautas de consumo que no son ecológicamente sustentables. Los
esfuerzos por finalizar un Código de Conducta para las
empresas trasnacionales fueron liquidados formalmente en 1993
y el organismo encargado de esa tarea, el Centro de Empresas
Transnacionales de las Naciones Unidas, fue clausurado. De
modo que la iniciativa y la institución internacionales más
importantes en lo que respecta a fijar directrices (no
obligatorias además) para la conducta de las trasnacionales y
que hubieran establecido un código de obligaciones y derechos
de esas empresas y los Estados, han desaparecido y muchos
años de trabajo y negociaciones quedaron en la nada. Las
iniciativas de otras instituciones, como el Código de
Conducta para la Transferencia de Tecnología y el Conjunto de
Principios y Normas sobre las prácticas comerciales
restrictivas, ambos de la UNCTAD, han quedado al margen debido
a la poca disposición de los países desarrollados para
ponerlos en práctica.
En cambio, se ha registrado una fuerte tendencia opuesta,
que ahora es dominante, a reducir y eliminar cada vez más las
reglamentaciones que los gobiernos imponen a las empresas,
para dar a éstas más derechos y facultades, quitando a la
vez a los Estados autoridad para establecer controles a su
conducta y sus actividades. La Ronda Uruguay ya ha otorgado a
las trasnacionales niveles muchos más grandes de protección
a los derechos de propiedad intelectual, lo que les facilita
aún más monopolizar la tecnología y ganar enormes
dividendos por los precios más altos. Los gobiernos del Norte
están presionando mucho en la OMC para que se conceda a las
empresas extranjeras el derecho de entrada, establecimiento y
trato nacional en todos los Estados miembros de dicha
organización. Hay también propuestas sobre políticas de
competencia y de compras del sector público que les darían
más derechos de acceso a los negocios de los países en
desarrollo. Se está restringiendo seriamente la capacidad de
los gobiernos de reglamentar las actividades y los propósitos
de las trasnacionales y las empresas en general. Puesto que es
muy poco probable que las empresas limiten voluntariamente sus
maneras de proceder para armonizarlas con el desarrollo
sustentable, en especial ahora que la competencia se ha
intensificado, el quitar a los Estados el derecho a
reglamentar las actividades empresariales, en particular las
de las trasnacionales, es el defecto principal y quizá fatal
del intento de la comunidad internacional de detener el
deterioro del medio ambiente y fomentar el desarrollo
sustentable.
d) La falta de liderazgo político
En los últimos años se ha asistido también, en casi
todos los países, al debilitamiento de la intención o la
capacidad de los líderes políticos de abordar las cuestiones
sociales y las relativas al medio ambiente y el desarrollo. En
el Norte, los líderes políticos se han guiado por la
necesidad de mantener la competitividad en un mundo que se
está globalizando, para situar las cuestiones ambientales y
sociales en el lugar más bajo del orden de prioridad. Esos
gobiernos están satisfaciendo, en cambio, las exigencias de
sus empresas de promover la liberalización y defender sus
intereses en el plano nacional y en el internacional. Así, en
las negociaciones internacionales, tanto en la OMC como en la
ONU, los gobiernos del Norte promueven las propuestas que
amplían los derechos de las trasnacionales, mientras que
obstruyen o atenúan los principios y los temas que se
plantean en nombre del desarrollo.
En la esfera internacional, los gobiernos del Sur,
comparados con los del Norte, están en general poco
preparados, individualmente y como grupo, para las
negociaciones. A pesar de que la importancia de las
organizaciones y los procesos internacionales en lo que
respecta a determinar las políticas nacionales ha crecido
notablemente, los líderes políticos y la burocracia de la
mayoría de los países en desarrollo no han destinado
suficientes recursos humanos y financieros a los preparativos
para las negociaciones internacionales. En consecuencia,
suelen encontrarse en un extremo muy débil de éstas. Esto
puede hacer que, a veces, no sean capaces de sacar eficazmente
adelante los temas que son importantes para ellos y tengan que
llegar a acuerdos sobre otros que perjudican sus intereses.
Situaciones de este tipo son particularmente peligrosas cuando
las negociaciones implican acuerdos capaces de obligar
legalmente, como en la OMC.
Muchos líderes políticos y burócratas pueden admitir, en
privado, que el estado actual de los asuntos relativos al
medio ambiente y el desarrollo es negativo y requiere reformas
drásticas. Sin embargo, se dejan llevar por la gran marea de
la liberalización y la satisfacción de las exigencias y los
intereses de la élite empresarial. Muchos han declarado que
no pueden cambiar la situación y que las fuerzas de la
liberalización y la globalización son demasiado poderosas
para oponerse a ellas. La capacidad y la voluntad políticas
para luchar por el medio ambiente, el desarrollo y un modelo
cooperativo de relaciones internacionales parecen estar
faltando en todo el mundo. Por supuesto, esto conduce a la
pregunta de quiénes, si no son los líderes políticos, van a
tomar las medidas eficaces para fomentar el desarrollo
sustentable.
e) Las respuestas de la opinión pública y el potencial
para reafirmar las prioridades del desarrollo sustentable
A pesar de que el cuadro es bastante desolador, han
sucedido también hechos positivos en los últimos años que
mantienen vivos todavía las esperanzas de un desarrollo
sustentable y el espíritu de Río.
Entre estos hechos figuran:
• El papel aún influyente y los considerables recursos
del sistema de las Naciones Unidas, pese a su crisis
presupuestaria y a los intentos de mancillar su imagen. La ONU
cuenta con el apoyo popular, principalmente debido a sus
posturas positivas en los aspectos social y ambiental y a sus
esfuerzos por fomentar la cooperación internacional. Por lo
tanto, el paradigma de la asociación que representa la ONU
está mucho más vivo aún en los casos en los que interviene
la opinión pública.
• La serie de conferencias mundiales que en los últimos
años organizaron la ONU y sus organismos ha tenido efectos
positivos en la opinión pública al poner de manifiesto una
amplia gama de problemas mundiales y dio la ocasión para
hacer hincapié en la existencia de los problemas, sus causas
y las propuestas de soluciones. Esto ha tenido una influencia
considerable en la opinión pública, en los grupos de
ciudadanos y en los medios de comunicación, en el modo de ver
y las políticas de los gobiernos nacionales y en el personal
de las organizaciones internacionales. De ellas se ha obtenido
valiosa información e importantes experiencias de haber
tenido que buscar el consenso desde los diferentes puntos de
vista que sostienen las distintas categorías de países y
personas. Además, dieron la ocasión para defender o
reafirmar métodos y modos de ver que se oponen al dominante
de la liberalización/globalización. De ese modo, han sentado
bases útiles que pueden contribuir mucho a la labor y las
actividades futuras.
• En los últimos años, continuaron y, en algunos casos,
se consolidaron las actividades de grupos de ciudadanos que
representan métodos y paradigmas distintos para llevar
adelante los objetivos sociales y ambientales. Ha sido
particularmente positivo el aumento de la creación de redes y
la colaboración entre los grupos del Norte y el Sur y un
fecundo intercambio de intereses en diferentes cuestiones,
entre ellas el medio ambiente, el desarrollo, los derechos
humanos, los derechos de la mujer, la cultura y los problemas
sociales. El surgimiento de la sociedad civil mundial, que
propugna puntos de vista diferentes en los foros
internacionales y ante las instituciones internacionales, es
un hecho importante que puede vigilar y ayudar a determinar el
proceso de globalización. Esto sigue siendo una esperanza
importante para la promoción del desarrollo sustentable.
• Los defectos, las desigualdades y las limitaciones del
modelo de globalización basado en los intereses del libre
mercado se están haciendo evidentes en forma acelerada. Esto
ha llevado a que miembros influyentes de las camarillas
política, empresarial, periodística y académica critiquen
cada vez más el paradigma. Los propios líderes y
personalidades del sistema están poniendo cada vez más en
tela de juicio y criticando las políticas dominantes y sus
efectos. A medida que se rompe el "consenso" sobre
el enfoque ortodoxo, se hará más clara la necesidad de
reformar el proceso de globalización y liberalización.
De modo que el momento es oportuno para "cambiar de
paradigma" y abandonar un modelo basado en la
competitividad, la codicia y la expansión del mercado (que no
tiene en cuenta el desarrollo social o el medio ambiente) y
adoptar el enfoque del desarrollo sustentable, que parte de la
cooperación y la asociación internacional, hace hincapié en
los derechos de las personas y equilibra las actividades
económicas con los objetivos sociales y ecológicos.
VI. ANALISIS DE LA SESION ESPECIAL DE LA ASAMBLEA GENERAL
DE LA ONU (JUNIO DE 1997) PARA EXAMINAR LA CNUMAD
Entre el 23 y el 27 de junio de 1997 (con una semana de
reuniones preparatorias previas) se celebró una Sesión
Especial de la Asamblea General de la ONU para examinar el
progreso general logrado en la puesta en práctica del
Programa 21 (el programa de medidas que aprobó la Cumbre de
la Tierra celebrada en Río) en los cinco años transcurridos
desde la CNUMAD. A esta sesión se la conoció también como
"Cumbre de la Tierra+5".
A la sesión, convocada en calidad de cumbre, asistieron
los jefes de Estado y de gobierno de muchos países
industrializados y varios del Sur, pero a la que no
concurrieron intencionadamente los jefes de los países en
desarrollo más importantes.
En general, se ha considerado la sesión un fracaso ya que
estaba claro que los países del Norte no habían cumplido los
principales compromisos sobre recursos financieros y tampoco,
aunque en menor grado, sobre transferencia de tecnología. En
la sesión especial de la Asamblea General y su reunión
preparatoria (el 5º Período de sesiones de la Comisión
sobre el Desarrollo Sostenible, celebrado en abril de 1997),
estaba claro que el Norte no tenía intención de hacer nuevos
compromisos significativos. De modo que la sesión especial de
la Asamblea General fue obstaculizada principalmente por las
diferencias entre los países del Norte y del Sur. Además de
este conflicto central, hubo también pocos progresos para
informar sobre la cuestión del medio ambiente mundial. Hubo,
en cambio, varios informes (de la Secretaría de la Comisión
sobre el Desarrollo Sostenible, del Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente [PNUMA] y de las ONG, que daban
cuenta de que el medio ambiente mundial ha seguido
deteriorándose: los bosques se siguen perdiendo a ritmo
acelerado, los recursos pesqueros se están agotando y hay una
nueva amenaza de escasez de agua acechando en el futuro
próximo. La sesión especial de la Asamblea General tampoco
pudo generar compromisos mejores de tomar medidas para reducir
los gases que provocan el efecto invernadero y la amenaza de
cambios climáticos.
La sesión especial de la Asamblea General de las Naciones
Unidas tenía como objetivo principal elaborar dos documentos:
una "Declaración política" y un Programa de
medidas. El último día, la Asamblea aprobó, en efecto, un
"Programa para que avance la ejecución del Programa
21". Sin embargo, el fracaso en dar el tan necesario
impulso al espíritu de Río o a la aplicación de los
acuerdos de la CNUMAD quedó muy ostensiblemente de manifiesto
en el fracaso de los gobiernos en concluir la
"Declaración política" pese al intento desesperado
que duró hasta las 5 de la mañana del último día. Así
terminó la reunión cumbre de una semana de la Asamblea
General: en un impasse político, sin explicación o esfuerzo
alguno por ocultar los fracasos. En la mañana del último
día, el presidente de la Asamblea General, embajador Razali
Ismail de Malasia, y las Mesas decidieron abandonar los nuevos
intentos de negociar el "Proyecto de Declaración
Política".
La sesión especial se empantanó en largas discusiones
sobre muchos puntos relacionados con el desarrollo y el medio
ambiente. Los desacuerdos se plantearon entre el Norte y el
Sur (especialmente con respecto a las cuestiones de la ayuda y
el comercio), entre el Norte y el Norte (en especial con
respecto a los cambios climáticos, pero también a la ayuda),
así como sobre asuntos (particularmente los bosques) en los
que no había una delimitación clara entre el Norte y el Sur.
Pero lo principal fue el fracaso en ponerse de acuerdo
sobre una Declaración Política -un documento que se había
pretendido que fuera una especie de "llamado claro y
potente" de los líderes políticos a la opinión
pública mundial, en el que se prometiera tomar medidas para
suplir las carencias de los últimos cinco años y hacer mejor
las cosas en el futuro. Tenía que haber sido una especie de
continuación de la "Declaración de Río". El
presidente (Mostafa Tolba de Egipto) y la vicepresidenta (Sra.
Linn Locher) de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible
habían redactado tres proyectos de declaración. Las
negociaciones comenzaron el 16 de junio sobre el segundo
proyecto y siguieron el 23 de junio sobre el tercer proyecto
(para entonces el segundo había aumentado ocho páginas y el
tercero veintiséis).
La última noche (el 26 de junio) y como último recurso,
se destinó una sesión del Comité Plenario presidido por
Tolba a intentar unir todos los elementos. Pero a las 5 de la
mañana del 27 de junio, ésta concluyó con solo la mitad del
documento leído y varios desacuerdos incluso en esa primera
mitad. En efecto, en muchos párrafos se iban poniendo cada
vez más corchetes (que significan textos impugnados) y los
ánimos se iban abatiendo a medida que se hacía evidente que
se iba a perder la carrera contra el reloj.
En la mañana del 27 de junio, la Mesa de la sesión
especial de la Asamblea General de la ONU concluyó que no
había razón para continuar con el intento y decidió
abandonar la declaración política. En su lugar se hizo una
"Declaración de Compromiso" de seis párrafos,
sencilla e incontrovertible, que se convirtió en un
preámbulo del único documento de la sesión especial, el
"Programa para que avance la ejecución del Programa
21".
Los delegados achacaron el no llegar a un acuerdo sobre la
declaración política en parte a la falta de tiempo y en
parte a la falta de habilidad y eficacia en la dirección del
proceso por parte del Comité Plenario. Pero el fracaso fue
quizás el reflejo de algo más importante: la diferencia
política real entre el Norte y el Sur que había aumentado
desde la Cumbre de la Tierra de Río. La reunión de la
Comisión sobre el Desarrollo Sostenible celebrada en abril,
que duró dos semanas, y la sesión especial de la Asamblea
General de la ONU, que duró una (más la reunión
preparatoria de una semana que la antecedió) sencillamente no
pudieron zanjar esa diferencia, que se había hecho demasiado
grande en los cinco últimos años.
Otro factor decisivo fue la determinación del presidente
de la Asamblea General, Razali Ismail, de no adquirir el
"síndrome de los organizadores de seminarios" y
calificar de éxito la sesión (o lo que aconteció desde la
Cumbre de Río) cuando no lo fue. "Nuestras palabras no
han sido acompañadas por hechos", dijo en la última
reunión plenaria. Y antes había dicho en una conferencia de
prensa que la sesión había sido un "intento
honesto" de evaluar lo actuado desde Río y que
"había poca intención de barrer la suciedad bajo la
alfombra o de dar lustre a algo que no existía".
Entre los temas más controvertidos en los que la
discusión se atascó figuraron los recursos financieros y el
comercio y el medio ambiente, y las cuestiones sectoriales de
los bosques y los cambios climáticos.
En general, el incumplimiento de los compromisos
financieros y de transferencia de tecnología los países del
Norte proyectó una gran sombra en todo el proceso de la
sesión especial de la Asamblea General de la ONU. Los
participantes, entre los que figuraban muchos jefes de Estado
y de gobierno, en sus discursos dirigidos a la Asamblea
General censuraron la disminución de la ayuda que desmentía
el compromiso hecho en Río por los países del Norte de
aumentar la ayuda al 0,7% del PNB.
Censuraron también la falta de progreso en la
transferencia de tecnología que, como señaló el presidente
de Tanzania, Benjamin Mkapa (en nombre del Grupo de los 77),
en cambio, había sido obstaculizada por los acuerdos
relativos a los TRIPs (aspectos de los derechos de propiedad
intelectual relacionados con el comercio) adoptados en la OMC.
Como las diferencias entre el Norte y el Sur respecto a la
cuestión de los recursos financieros seguían siendo grandes,
se creó un grupo ministerial informal sobre asuntos
financieros (presidido conjuntamente por el ministro holandés
de Ayuda al Desarrollo, Jan Pronck, y el ministro de
Relaciones Exteriores de Tanzania) a fin de reescribir en
ambos documentos los textos sobre ese asunto.
En una reunión oficiosa de alto nivel celebrada el 24 de
junio, se hicieron evidentes las principales diferencias que
existían entre el Norte y el Sur respecto a las cuestiones
financieras. Algunos países en desarrollo expresaron reservas
acerca del procedimiento. Les preocupaba saber si el grupo
ministerial iría a complicar las negociaciones ya fuera
desechando las conclusiones a las que habían llegado los
diplomáticos ya fuera haciendo caso omiso de ellas.
Pronck propuso que la declaración política contuviera un
compromiso de los países del Norte de "detener la
disminución e invertir la tendencia de la AOD", que
diera una señal positiva, modesta pero concreta. Y que
incluso de los países que no pudieran aumentar la ayuda (como
Japón), se pudiera mencionar que la ayuda iba a aumentar
poniendo como objetivo de ésta la erradicación de la pobreza
y la protección del medio ambiente.
El delegado japonés admitió que era un momento difícil
para Japón ya que el gobierno estaba reduciendo gastos y en
eso iba incluida la asistencia al desarrollo. En el futuro, su
AOD iba a seguir disminuyendo. Cuando tuvo que elegir entre
asistir a los ancianos de Japón o aportar a la AOD, la
elección fue clara y Japón no estaba en condiciones de
garantizar nada (respecto a aumentar la AOD).
Varios delegados de países en desarrollo expresaron su
preocupación respecto a la redacción propuesta que, en su
opinión, suavizaba o enmascaraba la realidad de la
suspensión de la ayuda. El delegado de un país asiático
comentó con mordacidad que las palabras que se proponían
significaban retirarse del Programa 21. La realidad de la
disminución de la ayuda era muy decepcionante y ahora Japón
admitía que su ayuda seguiría reduciéndose . "Aunque
traten de levantar los ánimos aquí, estamos realmente muy
decepcionados", dijo. "Habíamos depositado nuestra
confianza en las palabras acordadas en Río, pero muy poco se
ha concretado. Propongo que fijemos objetivos limitados en el
tiempo para la ayuda, para el año 2002 o 2003 y así
sucesivamente. Por lo demás, los países en desarrollo
estamos hartos de esta situación. Quizá solo al final del
próximo milenio habrá un intento de llegar al 0,7% señalado
como objetivo".
El Ministro de Tanzania, al hacer un balance de los éxitos
y los fracasos de Río, dijo que era importante resolver el
problema de los compromisos que no se estaban cumpliendo.
"Si decimos que debería invertirse la tendencia, ¿qué
seguridad tenemos de que eso se realizará? Solo pasaremos a
otra reunión y llegaremos nuevamente a la conclusión de que
hay otra disminución."
El representante de otro país asiático dijo que por un
lado la ayuda había disminuido mientras que, por el otro, los
países en desarrollo también estaban enfrentados a
condiciones más estrictas para recibirla. "Los países
donantes deben calmar los temores de los países en desarrollo
de que ésta no es otra oportunidad para evitar la discusión
acerca de la AOD. La asistencia se está reduciendo y encima
se nos pide que nos ciñamos a más condiciones y además que
la usemos para el apalancamiento de otros fondos."
Varios países también manifestaron su preocupación
porque el Norte estaba intentando retirarse del compromiso de
ayuda asumido en Río haciendo hincapié en la necesidad de
encontrar mecanismos financieros nuevos e innovadores como la
inversión privada, los impuestos ambientales y las
reducciones de las subvenciones. Recibieron con frialdad la
propuesta de Estados Unidos y Noruega (en el proyecto de
Programa) de formar un proceso o grupo de expertos
intergubernamental sobre finanzas que estudiara la puesta en
práctica del informe del grupo de trabajo del Convenio sobre
la Diversidad Biológica sobre finanzas (cuyo plazo de
aplicación había expirado). Esos países en desarrollo
tenían miedo de que los países del Norte terminaran por
ocuparse únicamente de los mecanismos de financiación
innovadores propuestos en el informe pasando por alto o
atenuando a la vez los aspectos del mismo que se referían al
cumplimiento de sus compromisos relativos a la AOD.
El debate llegó a un punto decisivo en las últimas horas
de la noche del 26 de junio cuando los ministros de Holanda y
Tanzania presentaron un texto de cinco párrafos sobre las
cuestiones financieras para la declaración política. En
dicho texto se decía que "la cooperación internacional
y la prestación de la AOD sigue desempeñando un papel
decisivo" en la movilización de recursos y que
"reconfirmamos" los objetivos de Río y "nos
comprometemos de nuevo" a cumplir la meta del 0,7%. En la
declaración también se lamentaba la tendencia general a la
reducción de la ayuda y se expresaba el deseo de que los
países desarrollados se comprometieran a hacer los máximos
esfuerzos para "detener e invertir" dicha tendencia
para fines del siglo.
También se mencionaba la meta de reducir la pobreza en un
50% para el año 2015 como necesidad urgente en materia de
asistencia. Se subrayaba la importancia de las políticas
nacionales adecuadas y la orientación de éstas hacia modelos
de desarrollo sustentable, así como el papel de catalizador
de la AOD en lo que respecta a movilizar la inversión privada
nacional hacia el desarrollo sustentable y a la atracción de
la inversión extranjera.
Después que Pronck presentó el texto, algunos países
(entre ellos la India, Estados Unidos y Venezuela) expresaron
reservas. Pronck advirtió que si iba a haber una
renegociación, Estados Unidos (representado por Holanda) no
podría mantener la postura del texto sino que adoptaría una
línea más dura.
Tolba anunció que todo el texto sobre las cuestiones
financieras iba a tener que reexaminarse tomando como base el
texto original y refiriéndolo también al texto propuesto por
los ministros de Holanda y Tanzania. Quedaba claro que se iban
a necesitar muchas más horas para tener siquiera una
apariencia de consenso sobre un texto político relativo a las
finanzas.
Aunque se hubiera salvado este gran obstáculo, seguramente
se hubiera producido una encarnizada discusión sobre otros
dos largos párrafos relativos al comercio, el medio ambiente
y el desarrollo redactados originariamente por Tolba y Locher.
El Grupo de los 77 estaba muy preocupado por la redacción de
muchas partes de esa sección. Aproximadamente a las 3 de la
mañana, Tolba procedió a encomendar al Comité otra lectura
del proyecto de declaración política, empezando por el
párrafo 1. Cada párrafo provocaba más discusiones aún.
Como la sesión terminaba a las 5 era bien claro que la
declaración política estaba en grandes aprietos.
En cuestión de horas se tomó la decisión de abandonar la
redacción de la declaración política, para que toda la
atención de los delegados pudiera centrarse en el Programa, a
fin de llegar al consenso sobre las distintas cuestiones que
aún estaban en litigio. De éstas, las más difíciles eran
las intersectoriales de las finanzas y el comercio y las
sectoriales de los cambios climáticos y los bosques. Estas
últimas no se aclararon sino hasta la noche y, dando el
tiempo para imprimir las diferentes enmiendas, la última
reunión plenaria de la sesión especial podía terminar
adoptándolas solo pasada la medianoche.
Pese al fracaso de la sesión especial en reavivar el
desfalleciente espíritu de Río, el proceso
intergubernamental tuvo al menos cierta honestidad al
admitirlo. En una conferencia de prensa celebrada el último
día, el presidente de la Asamblea General de la ONU, Razali
Ismail (que había presidido la sesión especial) dijo que el
resultado general era "bastante sobrio" y que ahora
era el momento para que los actores no gubernamentales fueran
a las organizaciones de base y ejercieran presión en los
gobiernos para que cumplan sus compromisos.
Las organizaciones no gubernamentales, los medios de
comunicación y muchas delegaciones opinaron que el resultado
era un símbolo y una manifestación del fracaso de la sesión
especial. Pero el verdadero fracaso fue la incapacidad de los
gobiernos de acordar la adopción de nuevos compromisos en las
cuestiones intersectoriales que son más obligatorias (con
metas que sirven de puntos de referencia, por ejemplo) que los
que firmaron en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro hace
cinco años. Sin esos compromisos, una declaración política
de alto nivel no hubiera tenido ni efecto ni credibilidad,
dadas las ya desalentadoras cifras de incumplimiento del
Programa 21 en las dos cuestiones más importantes por las que
el Norte debía aumentar los recursos financieros y la
transferencia de tecnología al Sur.
En cambio, una declaración política, con lenguaje
amañado para lograr el consenso, podía haber aumentado el
nivel de cinismo y desgastado más la confianza de la opinión
pública en el proceso posterior a la CNUMAD y ahora en el
posterior a la sesión especial. Es mejor no tener ninguna
declaración política, antes que una débil en la que se
finge haber logrado cosas espléndidas pero falsas. Más vale
admitir abiertamente que los gobiernos no llegaron a concertar
un nuevo pacto político que simular que todo está bien.
Esta pareció ser la posición de Razali Ismail, el
representante permanente de Malasia ante la ONU, quien
presidió la sesión especial. Sus declaraciones en la
conferencia de prensa revelaban no solo lo que ocurrió en la
sesión especial de la Asamblea General de la ONU sino
también el estado de cosas en el plano intergubernamental
sobre toda la esfera del medio ambiente y el desarrollo cinco
años después de la Cumbre de la Tierra.
"Creo que el resultado general es bastante
sobrio", dijo en la conferencia de prensa, tras anunciar
que no iba a haber declaración política. "Cuando las
expectativas que tenemos como diplomáticos están puestas en
el contexto de la falta de voluntad política, ahí hay un
problema. Esto es lo que pasó en las discusiones sobre la
declaración política."
Razali dijo que, aunque desalentador, el hecho de que no
hubiera declaración política contenía un mensaje: lo
difícil que era formular una declaración de ese tipo cuando
en realidad en cinco años no había habido suficiente
progreso en algunas de las cuestiones claves. "Al pan,
pan y al vino, vino", dijo. "Cuando es obvio que en
los cinco años (transcurridos desde Río) no se han hecho
suficientes cosas, el impasse que se produjo en la
declaración política es reflejo de esa situación."
Sin embargo, agregó, las cuestiones que se hubieran puesto
en la declaración política iban a aparecer en el documento
de la sesión "Programa para que avance la ejecución del
Programa 21", en caso de que hubiera "algunos
resultados satisfactorios" que debieran tenerse en
cuenta.
"Esta sesión especial debería pasar a la historia
como un intento muy honesto de evaluar cuánto avanzamos
respecto a la Cumbre de Río" dijo Razali. No era la
intención barrer la suciedad bajo la alfombra ni dar lustre a
algo que no existía. Todos los delegados examinaron a fondo
la situación sin encandilamientos; examinaron lo que estaba y
lo que no estaba. Y fue por esto por lo que se han visto
divisiones ... y esta situación se ha reflejado en el impasse
que se produjo respecto a la declaración política. Me alegra
esto, que no hayamos buscado el brillo sino las cosas reales.
Ahora tenemos una evaluación honesta en el documento ... Al
pan, pan y al vino, vino."
Razali dijo que había algunos aspectos muy buenos para el
documento de la sesión. Con respecto a los bosques, se
promueve la concertación de un acuerdo internacional, aunque
sin un calendario concreto.
"Respecto a las finanzas, hay un lenguaje que es un
signo positivo en la situación general de disminución de la
Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD), que acepta
reconocer la disminución y toma medidas para invertir la
tendencia. Los países desarrollados se han vuelto a
comprometer con la meta del 0,7%. Esto es muy importante para
los países menos adelantados (PMA). Es evidentemente
importante subrayar que la idea de sustituir la AOD por la
inversión extranjera o cualquier cosa proveniente del sector
privado no es aceptable. Fuimos muy claros respecto a
esto."
Razali agregó que una característica importante de esta
sesión especial de la Asamblea General fue haber aceptado la
participación del sector no gubernamental en la reunión
plenaria. (El presidente de la Asamblea General había
invitado a varios representantes de ONG a hacer uso de la
palabra en la reunión plenaria de la Asamblea, primera vez
que ello ocurría, especialmente en presencia de jefes de
Estado.) Dijo Razali: "Esto es un hito, que se ha
reconocido en la Declaración de Compromiso ... Veo con
particular agrado a las organizaciones de jóvenes, de
agricultores, de mujeres y de pueblos indígenas que están
aquí en la sesión especial logrando lo que quieren junto con
los gobiernos." Cuando los periodistas insistieron en la
pregunta de por qué no era posible acordar una declaración
política, Razali respondió que cuando se hizo un intento de
poner todo en un documento más corto, no pudo salvarse la
distancia entre lo que se prometió en Río y lo que no se
hizo sobre el terreno.
"De manera que, evidentemente, hubo una sensación de
frustración. En la Asamblea General, se encontraron ministros
que decían que no habían hecho muchas cosas. Los ministros
europeos dijeron sí, ha habido una terrible disminución de
la AOD, se debería invertir la tendencia. Pero cuando se
quiere juntar todo para lograr un consenso, uno o dos países
no permitirían hacerlo."
Cuando se le preguntó qué iba a pasar en los próximos
años, Razali respondió: "Esto es una especie de llamado
para que la ONU despierte. Primero, tenemos que admitir que lo
que perjudica la cooperación internacional es que los
gobiernos no pueden mantener los compromisos, no solo respecto
a los recursos, sino respecto a las cosas que hay que hacer a
largo plazo. De algún modo, el cuadro se completó con otras
limitaciones. Hemos aprendido que lo que hace cinco años
dijimos con tanto entusiasmo que haríamos, que pondríamos en
práctica, que cumpliríamos, en realidad no se ha hecho
suficientemente. Esto es algo que ha estropeado las relaciones
internacionales. La ONU debe aprender de esto".
Razali dijo que es necesario que las Naciones Unidas se
pongan a resolver también las cuestiones difíciles de la
economía. "En este momento, la ONU está tratando los
aspectos fáciles de la economía: el medio ambiente, las
políticas de desarrollo, la deuda, las drogas, los
refugiados. Pero no está dando la ocasión de abordar las
cuestiones difíciles: el comercio, la determinación y la
movilización de recursos. Deberíamos examinarlas puesto que
tenemos reglas que no son parejas".
Cuando se le preguntó si lo que quería decir era que se
debía ampliar el mandato de las Naciones Unidas para que
incluyera el comercio y por qué se debía hacer eso cuando ya
existen instituciones como el Banco Mundial y la OMC que se
ocupan de esos asuntos, Razali respondió: "La triste
realidad de estos tiempos es que tenemos a las Naciones Unidas
funcionando solo dentro de cierto ámbito, mientras que otras
instituciones tienen carteras más grandes, que incluyen
cuestiones que afectan a los países en desarrollo. Si las
decisiones de la ONU pudieran por lo menos enfluir en las
decisiones que toman la OMC y el Banco Mundial sobre las
cuestiones relativas a los desequilibrios comerciales,
entonces la ONU empieza a ganar importancia. Pero si sea lo
que fuere que decidamos aquí solo representa un punto de
referencia marginal, entonces la ONU significa mucho menos.
Para mí, como activista del Sur, esto no es nada
satisfactorio."
A la pregunta de qué había pasado desde Río que impidió
llegar a un acuerdo en la sesión especial, Razali respondió:
"En 1992, llegamos al punto culminante del entusiasmo y
el compromiso con el desarrollo sustentable y el medio
ambiente. Desde entonces, muchas otras cosas han distraído
nuestra atención de eso. Desde entonces, en gran parte del
mundo desarrollado cundió la estrechez de miras y eso afectó
a la disposición de esos países de facilitar fondos,
recursos, AOD, transferencias de tecnología".
Cuando se le preguntó si él "despertaría a los
Estados para hacer algo urgente", Razali contestó que
sabía lo que no podía hacer. Pero, agregó, esta es una
ocasión en que las ONG pueden volver a las organizaciones de
base y "empujar y agitar para que se pongan en práctica
con más sinceridad y honestidad todos los aspectos de los
acuerdos de Río. "Pienso que la idea de las
conferencias, tanto para los gobiernos como para las ONG,
está casi terminada ... No tiene ningún interés que
hablemos entre nosotros ... Es el momento de salir y decir
"No los votaremos si no hacen esto o aquello. Ahí es
cuando las ONG hacen palanca; y este es el momento oportuno
para hacerlo".
VII. CONCLUSION
Las cosas que sucedieron en la sesión especial de la
Asamblea General de la ONU sirvieron, sin duda, para indicar
en qué estado están el medio ambiente y el desarrollo en el
plano intergubernamental, cinco años después de la CNUMAD.
Como dijo el presidente de la Asamblea General de la ONU, la
situación es "sobria".
Es claro que la "asociación" entre el Norte y el
Sur de la que tanto se habló en Río se ha deteriorado mucho.
No solo se ha debilitado mucho el vínculo entre medio
ambiente y desarrollo, que nunca fue fuerte ni siquiera en
Río; los gobiernos (hasta los del Norte en sus propias
sociedades) han restado importancia incluso a las meras
cuestiones ambientales que tanto preocupaban al mundo en 1992.
Como dijimos más arriba, en los cinco años transcurridos
desde Río, las fuerzas y las presiones de la globalización y
la liberalización han ido en cabeza y en gran medida han
dejado atrás las metas del desarrollo sustentable que
parecían claras en 1992. Paradójicamente, así como la
Cumbre de Río elevó en la opinión pública la conciencia
del medio ambiente y el desarrollo, también marcó el punto
máximo de esa tendencia, después del cual la atención
oficial a esos asuntos disminuyó y fue reemplazada por las
prioridades del comercio, la competitividad económica y el
aumento de la participación en el mercado.
Los grupos de ciudadanos y los movimientos sociales siempre
han estado a la vanguardia de la lucha por el medio ambiente y
la justicia social en el desarrollo. Muchos de ellos también
habían dedicado tiempo a los procesos de la CNUMAD y de la
labor posterior a ésta, con la esperanza de que sus
preocupaciones podían ser escuchadas y tenidas en cuenta
mejor por medio de las reuniones y los acuerdos de nivel
mundial.
Sin embargo, ha quedado claro que los gobiernos del Norte
están dando menos importancia a las cuestiones del medio
ambiente y el desarrollo en el plano mundial. Es una paradoja
que, cuando hubo que impulsar la CNUMAD, los gobiernos del
Norte tomaran la delantera y los del Sur hayan sido llevados
al proceso de mala gana. Cinco años más tarde, parecería
que los gobiernos del Sur están bastante más interesados en
la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible y los procesos
posteriores a la CNUMAD, al menos en los aspectos relacionados
con el desarrollo, mientras que por parte del Norte ha habido
una pérdida de interés.
En todo caso, como lo señaló Razali Ismail, los gobiernos
han demostrado que el proceso oficial mundial relativo al
medio ambiente y el desarrollo ha llegado a un impasse
político. Es poco probable que se logre un avance general si
esto se deja librado a los gobiernos. De modo que el papel
dinamizador de los grupos de ciudadanos y de los movimientos
sociales ha adquirido la máxima importancia en lo que
respecta a aumentar la conciencia pública, crear opinión,
promover las peticiones y actuaciones de la gente común, para
que el medio ambiente y el desarrollo se conviertan en
cuestiones candentes y se pongan en los primeros lugares de
los órdenes del día políticos de cada país y del mundo.