En entrevista publicada por el semanario colombiano “Semana” el 10 de Abril, 2018, Roberto Bissio, Director Ejecutivo del Instituto del Tercer Mundo (ITeM), señala serios reparos sobre las alianzas público privadas como modelo de desarrollo en América Latina.

SEMANA: ¿Cuál es una de las señas del subdesarrollo?

ROBERTO BISSIO: Sin duda, la necesidad de infraestructura. El aislamiento en que viven las poblaciones rurales y los espacios inadecuados son características de los países en vías de desarrollo. Se trata de una necesidad postergada o imposible de satisfacer totalmente, al igual que muchas otras (como la educación, la salud o la alimentación), casi siempre por falta de recursos.

SEMANA: Usted ha criticado las asociaciones público privadas (APP), que son el mecanismo que se usa ahora para garantizar la construcción de esas obras. ¿Qué le preocupa?

R.B.: Con esta fórmula, al igual que con las tarjetas de crédito, se terminará pagando mucho más caro. Son como un truco; son como magia, porque resulta que se puede construir infraestructura sin tener los recursos. Hay un tema de creación de deuda escondida como la que llevó a España y a Portugal a la crisis económica de 2007. Esos países tuvieron un furor de asociaciones público privadas, cada ciudad construyó obras por encima de su capacidad financiera. Hay muchos documentos en los que se puede revisar cómo las APP fueron las causantes de una creación de deuda que nunca fue discutida en el Parlamento.

SEMANA: ¿Pero sí son transparentes?

R.B.: Si uno compara las condiciones de información pública que debe brindar un proyecto de infraestructura, con lo que sucede en los contratos de las APP, resulta que bajo el rubro de secreto comercial, esas asociaciones ocultan mucha información. Eso hace casi imposible conocer cuáles son los costos reales. Además, son frecuentes las demoras y las revisiones en los acuerdos. Por ejemplo, el contrato del puente Chirajara (que se cayó en enero), tuvo más de 15 revisiones desde que se firmó en 2004, hasta 2014. Cada una de ellas con nuevos plazos, con demoras y con más costos de los inicialmente pactados.

SEMANA: ¿Cómo prevenir ese impacto?

R.B.: Depende de las leyes que cada país tenga sobre estas asociaciones. Pero supongo que son muy similares porque en la última década 140 países han aprobado leyes sobre las asociaciones público privadas. Casi todas estimuladas por el Banco Mundial, con un conjunto similar de condiciones.

SEMANA: ¿A qué se debe la falta de difusión de esas alternativas?

R.B.: A temas ideológicos y políticos. Hace poco el gobierno de Estados Unidos le dio instrucción al Banco Mundial de recortar sus apoyos a las naciones y dárselos al sector privado. Hay que recordar que ese país es el principal accionista de aquella corporación y el único que tiene poder de veto sobre sus decisiones. Existe un sesgo proempresa, basado en la idea de que el sector privado es inherentemente más eficiente y menos corrupto que el Estado, sin embargo, se ha comprobado que no es así.

SEMANA: Si el sistema es tan dañino, ¿por qué sobrevive?

R.B.: Los críticos de las APP suelen señalar que este es un modelo que elimina la competencia, la cual es la ventaja esencial del capitalismo. Está muy bien que la necesidad de infraestructura la cubra el sector privado, pero bajo un contrato claro. Si los mecanismos institucionales no funcionan, esta alianza impura que se da entre políticos interesados en su futuro inmediato con las empresas ávidas de ganancias, genera una combinación dañina difícil de desmontar una vez se ha consolidado. Basta recordar lo sucedido en Brasil.

SEMANA: ¿Qué puede aprender Colombia de todo esto?

R.B.: La construcción institucional es indispensable para tener un desarrollo sano, incluso en la infraestructura. En Colombia, donde la paz se está implementando, se vive el momento ideal para pensar mucho mejor en la transparencia, el acceso a la información, el control sobre el presupuesto, la mirada ciudadana sobre el Estado y así evitar los grandes riesgos asociados con estos mecanismos. Hay que revisar cuál es la carretera que solo lucra a las grandes empresas y cuál es la que en realidad les sirve a los campesinos y a las poblaciones más aisladas.

SEMANA: Y además, están cerca las elecciones presidenciales…

R.B.: A los gobernantes les gusta más invertir en un puente que en un acueducto, aun cuando este último sea esencial para la salud pública. Un día un político me dijo “es que si yo entierro los tubos no se ven, en cambio el puente se va a ver durante muchos años”. Ambos son infraestructura, pero no todos quieren construir lo que no los hace visibles. Una oportunidad como las elecciones presidenciales debería aprovecharse para propiciar una discusión en conjunto sobre las prioridades nacionales.

Por Fredy Gonzalo Nieto. Periodista de Especiales Regionales de SEMANA.

Fuente: Semana.